TÚ Y TUS VAQUEROS.
Ese vaquero que llevas, malvado y perverso, hace de mí una mujer avariciosa, guarra, eternamente húmeda. Te miro, caminas arrogante por la sala, tan guapo, y tan alto… Y tu vaquero, tan azul y tan hermoso, viste tu cuerpo con elegancia, se ciñe a tu culo potente, recubre tus carnes con su textura moderna.
Ese vaquero que marca un paquete inmenso, afortunado él por estar tan cerca de tus partes nobles, es ciertamente culpable. Culpable y responsable de mis olvidos, de mi excitación, del lago de charcos pegajosos en los que se ha convertido mi tanga morado, del calor intenso que me abrasa, de mis despistes. Es, tu vaquero, culpable del hambre que tengo de ti.
Ese vaquero que tan bien te sienta es ahora mi objeto de deseo. Ambiciono tu vaquero, quiero arrancártelo con los dientes, sentir en la boca el sabor de ese tejido áspero, también el sabor de tu piel lustrosa, deseo verte sin el vaquero, deleitarme en la contemplación caprichosa de tu pene, tus muslos, tu trasero, tus rodillas…
Me gusta tu vaquero.
Y me encanta cómo tu vaquero recoge y protege todos esos pedazos de ti que tantas ganas tengo de lamer…
BOMBONES
Estamos tumbados en la cama, fuera hace calor, es junio, se oyen niños bañándose en la piscina. Las sábanas, de color marfil, están frescas, me gusta sentirlas bajo mi piel desnuda. Son las seis de la tarde, ni siquiera hemos comido, nos hemos pasado el día entero entregados a la pasión. Hemos follado tres veces, ni sé cuántos orgasmos me han hecho jadear enloquecida, y él se ha corrido dentro de mí, en mi pelo, en mi boca y en mi cara.
Conozco a este hombre desde hace tres semanas, y pienso que son más de mil las veces que le he comido la polla… Se levanta y sale del dormitorio, observo sus movimientos al caminar, es engreído porque se sabe deseable, sus espaldas anchas incitan pensamientos perversos, su culo inexplorado me lleva a imaginar juegos hasta ahora prohibidos. Regresa, y me sonríe con su rostro pícaro, yo le envío un beso muy sonoro. Trae una cajita de bombones en la mano.
Chocolate… me encanta!
Abro la caja, hay cuadraditos oscuros, de chocolate amargo, mi preferido. Triángulos rellenos de nuez. Bolas grandes de chocolate blanco rellenas de licor. Diminutos rectángulos de capuchino, perlitas de almendra bañadas en chocolate con leche, trufas, bombones con champán…
-Ve cogiendo.- propone- Eliges uno, te lo comes, y cumples una de mis órdenes.
-Genial. Sexo y chocolate, me encanta.
Y elijo. Empiezo por un cuadrado muy oscuro que promete delicias amargas de cacao y avellana. Entonces me desvela su capricho, quiere que le deje ordeñar mis tetas. Y eso me excita un montón, es un premio para mí, paladeo la crema exquisita mientras me coloco a cuatro patas sobre él, y deslizo mis pechos sobre su boca. Sus labios carnosos besan mis pezones, saca la lengua, traza con ella círculos a lo largo de mis tetas, las come durante un segundo, succiona como si mamara, y después aprieta, sus manos fuertes aprietan, como si fueran dos tenazas… tira, y tira, estruja mis senos y tira de ellos como si estuviera extrayendo leche de una vaca. Y yo, porque sé que le gusta, dejo de jadear, y empiezo a mugir. Y, en poco tiempo, pierdo por completo el control, y sólo puedo mugir, me olvido de cualquier cosa, y me comporto como un animal, lo que él quiere ver.
Noto cómo se empalma, y una corriente de escalofríos sube y baja por todo mi cuerpo. Tiemblo, de ganas, y él me besa y me invita a comer otro bombón.
-Vale. Este.- señalo, y me decido por una pieza redonda, que huele a café. Y sabe a café, la introduzco despacio en la boca y se deshace dentro de mí, me obsequia con toda esa cafeína que tanto me gusta.
-¿Te gusta?.- dice- Espero que te guste tanto como a mí me va a gustar penetrarte con una zanahoria. Me río. Me hace gracia, lo cierto es que a este tipo le apasiona la comida. Ni hace un mes que nos tratamos y ya me ha metido un pepino, un par de calabacines, un plátano, un aguacate de esos sin hueso que era enano y se perdió dentro de mí, un polo de limón…
Y abro las piernas, mis muslos están pringosos de tanto sexo, y disfruto de sus dedos mientras acaricia mis labios vaginales, los roza apenas, se entretiene con los pliegues de mi concha sedienta de placer, toca aquí y allí, y, sin previo aviso, introduce una zanahoria bastante gruesa en el interior de mi gruta húmeda y ávida. Mmmm, me excita, me excita más la sensación de que me esté haciendo eso que la zanahoria en sí, la verdad es que la zanahoria me resulta bastante sosa. Pero a él le encanta, y la mete y la saca, una vez y otra, muy rápido, ahora dentro y ahora fuera, perfora con ella mis pasadizos del deseo, y se le pone la verga muy dura al ver como mi coño es profanado por una vulgar zanahoria, gime, y le crece el pene, y yo lo disfruto todo encantada.
- Otro bombón.
- A ver…- me lo pienso, todos parecen buenísimos, y escojo una trufa blanca repleta de licor.
- Uy, ese. Ese dice que lo que tienes que hacer es comerme los pies.
Sé que le entusiasma que me arrodille delante de él, le fascina la dominación, y lo hago, estoy desnuda, y mis rodillas puntiagudas reciben el tacto suave de la alfombra, y cojo su pie izquierdo y comienzo a acariciarlo entre mis tetas. El pie está frío, y lo muevo con fuerza entre ellas, y también lo estrujo con los dedos. No sé por qué razón extraña, pero a él le vuelve completamente loco que me coma sus pies, casi tanto como que me coma su polla. Y no le hago aguardar más, meto el pie en la boca, contrasta su frialdad con el calor de mi saliva, lo chupo, separo sus deditos con mi lengua, lamo, y le ofrezco un regalo de lametones y besitos. Mientras, el licor baja ya por mi garganta, y su polla erecta me regala una visión asombrosa. Está a punto de correrse.
Entonces me ruega que me detenga, no quiere que se acabe tan pronto el juego, y yo me paro, y nos reímos, fuera el sol abrasa, tengo mucha hambre, pero no importa, no quiero dejar de experimentar más y más sensaciones placenteras, soy como una planta carnívora, voraz, necesito más y más sexo. Él me acaricia la melena, y se dispone a comerse un bombón.
No digo nada, voy a la cocina, sé que me mira, que se devora mis piernas con los ojos, que le agrada el vaivén de mis caderas, que le gusta verme caminar desnuda. Regreso, contenta, ya tengo lo que quería. Has comido un bombón, le digo, entonces soy yo la que ordena. Y quiero que te tumbes en la cama y que goces con este hielo que voy a meter poco a poco en tu culito.
No quiere. Se niega. Se levanta y dice que va a ducharse, que después salimos a comer algo. Tendría que enfadarme, pero estoy demasiado caliente, me río. Me quedo en la cama, tumbada, y exhausta, el cubito de hielo va a parar a mi coño, heladito… entra, y refresca mis ardores, y después me meto otro. Y, mientras me preparo para meter el tercero, otro pedacito de frescura en mis intimidades húmedas, imagino a ese hombre penetrado por mis dedos, y pienso nuevos juegos para conseguir conquistar sus terrenos vírgenes.
Y sigo comiendo bombones, él se ducha, fuera los niños chapotean en la piscina…
Ropa íntima
Lunes. Siete de la mañana. Llego a tu piso. Duermes. Preparo café mientras te despiertas. Como me pediste, llevo un conjunto de lencería negro. Culotte con encajes y sujetador de tirante ancho. Apareces en la cocina y me arrancas el vestido, un vestidito vaquero muy corto. Me sientas sobre la mesa, cuadrada, y te pajeas delante de mí, tu semen mancha mi preciosa ropa íntima.
Me voy, llego tarde a la oficina.
Martes. Siete y cuarto, tráfico infernal. Gabardina roja fresquita, llueve pero no hace frío. Quizá te enfades, querías tanga rosa sin sujetador, pero he optado por ponérmelo. Mis tetas se encuentran más protegidas dentro de él. Abres la puerta bostezando. Me besas, me empujas contra la pared, me pides que te coma la polla, y me acaricias con tus dedos pícaros ese tanga que tanto te gusta.
Me voy, he quedado con Marta en el gimnasio.
Miércoles, seis de la madrugada. Ni siquiera ha amanecido. Tu mensaje me despierta y, tal como me indicas, vuelo a tu casa. Me he vestido como tú me has ordenado: braguitas blancas, repletas de puntillas, con un diseño muy infantil, y sujetador a juego. Encima, un vestido rojo, ajustadito. Me ofreces café o zumo, pido un té, y me sugieres, ¿es una sugerencia?, que te excite con un baile sensual. Sin quitarme las prendas íntimas, como siempre. Te corres relativamente pronto.
Me voy, tengo una reunión importante.
Jueves, cinco y media de la mañana, qué sueño… Aeropuerto. Viajo a Londres por negocios. Quieres que te envíe unas fotos, así que me dedico a hacer virguerías con el móvil en el cuarto de baño. Tanga azul marino, diminuto, y sostén de media copa, transparente. Ensayo posturitas y tomo fotografías. Cuando me mandas tu mensaje de aprobación, la azafata está recomendando que se apaguen los teléfonos.
Me voy, en Londres está nublado y hay una temperatura de 5ºC.
Viernes. Siete menos cuarto de la mañana. Me estoy duchando para ir a despertarte cuando entra mi novio en el baño. Llevamos una semana enfadados, discutimos por una tontería, y ni uno ni otro nos hemos disculpado. Él sonríe, yo le lanzo un beso. Tú aún estarás dormido… ¿cómo te llamas?, ¿por qué nunca quieres que me quite la ropa interior?, ¿a qué te dedicas?. Mi novio decide ducharse conmigo. En breves segundos estamos comiéndonos la boca. Follamos, ansiosos, en una lenta y apasionada entrega, saciando el hambre que cada uno tenía del otro.
Me voy, hoy desayuno con Isabel.
Ya en el trabajo, decido que lo mío contigo se ha acabado. Borro tu número del móvil, y rechazo tus llamadas. Y esa tarde, soleada y perfecta, regreso a casa dando un paseo, y decido esperar a mi chico tumbada en la cama. Ah, que lo sepas, completamente desnuda.
Sushi
Llegaron los postres. Todos habíamos disfrutado el sushi, los yakitoba y los yakitori, las ensaladas… Pedimos cinco platos diferentes, para compartir tantas delicias entre todos. Alba muy pronto se decidió a empezar por el helado de mango. Jorge cogió un pastel chiquitito, y tú- siempre aventurero- te decantaste por la especialidad típicamente japonesa. Y yo, fiel a mis principios ( e infiel a mi marido, aunque esto no venga a cuento ), opté por la tarta de chocolate.
Metí un bocadito en la boca, y aquel manjar se deshizo dentro de mí, me regaló un baño intenso de sabor a cacao y a menta. Qué placer tan sencillo…Marga comentaba algo del trabajo, el restaurante- que descubríamos de casualidad- era muy mono y coqueto. Fuera llovía, tú te acercabas a tus labios comestibles la cucharita llena de helado de té verde, Paco, mi aburrido y predecible esposo, se quejaba del mal tiempo del mes de abril.
Te miré, me sonreíste, y deseé follarte larga y vorazmente…
Comías pastel de chocolate, ¿ajeno a mis deseos?, y hablabas con unos y con otros. Saqué el pie de mi precioso zapato rosa de Guess, de punta estrecha y tacón alto. Y, protegida por los manteles y por mi posición en la mesa, decidí iniciar un juego perverso. Subí muy lentamente mi pierna, gozando del leve movimiento, excitada sola y con el coño ardiendo. Avancé con sumo cuidado hasta llegar a las cercanías de tu cuerpo divino, y rocé, casi imperceptiblemente, con mi pie desnudo el bulto que exhibías bajo tus vaqueros.
Te agradó la caricia… me miraste… y tu gesto me animó a continuar…
Con los dedos, avaramente, como una viciosa incorregible, apliqué sensuales toqueteos a esas partes de tu persona que tanto ansiaba lamer. Disfruté tus turgencias, gocé cuando te veía tratando de acompasar tu respiración agitada, me mojé con garbo al contemplar tu rostro acalorado. El camarero preguntaba si tomaríamos té o café o infusiones, yo sólo quería tomarte a ti, beberme tu leche a punto de escaparse de tus entrañas, te seguí con la mirada cuando te fuiste al cuarto de baño, quise seguirte, y besarte en algún recoveco escondido, pero Paco me preguntó algo, y después me sonó el móvil, y cuando iba a levantarme tú ya regresabas, satisfecho, con la cara sofocada y el pelo revuelto.
Te deseé entonces más que nunca…
Ya en casa, ya en la cama, Paco introdujo uno de sus torpes dedos en mi vagina, y empezó a moverlo de una forma que no me gustaba nada. Pensé en decírselo, o en cambiar yo el movimiento, pero lo dejé correr. Dentro de dos minutos, lo sabía, pasaría directamente a la penetración, metería su absurda verga en mí, hambrienta de ti, y se colocaría sobre mí gimiendo. Cinco o seis embestidas absurdas, sus jadeos en mi cuello, y yo, mientras, completamente pasiva, me limitaría a esperar su orgasmo recordando tus ojos verdes.
Y, por supuesto, ese pene con el que, supongo, haces virguerías…
MICRO-RELATOS ERÓTICOS PARA SEGUNDOS DE PLACER.
Llevamos cuatro horas follando y yo no puedo más… estoy agotada, dolorida y al borde de un mareo. Tú sigues, y sigues… tu energías parecen no acabarse nunca, cambias la posición, te colocas sobre mí y me penetras, cabalgas con brío, siento allá abajo tus embestidas pero… apenas puedo moverme… sólo gozar de tus empujes… tu cuerpo aplasta mis costillas y eso me encanta… el tiempo se diluye y mi visión se torna borrosa, huele a sexo desatado… yo jadeo… y tú sigues y sigues… enhiesto y viril…
Te beso. Despacio. Mi boca se adueña de la tuya, me como tu lengua, succiono tus labios. Te dejo sin respiración, me abrazas y noto tu excitación, y sólo puedo pensar en besarte, en besarte más… en perderme en esa boca que me enloquece… en bailar al mismo son que bailas tú, en chuparte y absorberte, cómo me gustan tus besos…
Un segundo más. Dentro de mí, hasta el fondo… mmmmmm…ahora sácala… qué perfecta… espera, ni te muevas, ya lo hago yo… la tomo con las manos, qué dura… mejor en la boca, me la llevo a la boca y mamo, esa turgencia me fascina, mis interiores vibran, tú gimes…lamo… y tú me dices que ya… vale, dejo de chupar y le permito que salga al exterior… qué grande… aprieto un poco… te convulsionas… y te vacías en un chorro cálido que se estrella en mi cara. Intento pestañear, y tu leche resbalando por mis párpados me lo impide, un reguero de semen desciende por mis mejillas… tú te relajas… y yo abro la boca para recoger parte de tu entrega láctea.
Contra la pared. Sobre la mesa. En el mar. Entre la gente. Con mucho hielo. Sin nada de tiempo. Tú sumiso. Yo dominadora. Tú mandas. Yo acepto. Por la mañana. Al anochecer. Por delante. Por detrás. Salvaje. Muy tierno. En tres minutos. Durante cuatro horas. En cuclillas. A cuatro patas. Bajo las mantas. Con lluvia dorada. Siempre. Siempre y de cualquier forma… siempre sexo.
Te la toco. Te la meneo. Te la chupo. Te la mamo. Y me lo trago.
Órdenes caprichosas para días de niebla y deseo.
Dame.
Dame tus besos,
tu sabor,
tu olor.
Dámelo
todo.
Lo quiero ya.
Lo quiero
ahora.
Ven,
coge
mi esencia
y sacia
mi sed,
calma
mi hambre.
Toma.
Te doy
mis jugos
y mis néctares
del deseo.
Dame,
dame más.
Alimenta
mi apetito
y
lléname
de ti.
PENETRACIONES.
Besó mis labios con su boca perversa. Sabía a menta. Y acarició todo mi cuerpo desnudo, que se excitó y se contrajo. Cogió un cubito de hielo y lo introdujo muy despacio en mi orificio vaginal, ya tan húmedo que parecía un lago. Mordisqueó mis pezones, mientras yo, atada, me dejaba hacer complacida. Su lengua golosa me obsequió con lamidas fascinantes. Peló un plátano, duro y verde, y me penetró con él, mientras el agua helada bajaba en regueros por mi ingle. Antes, antes del hielo, me había metido una fresa… Yo me moví, embestida por aquella tersa banana, y deseé más que nunca su pene…
CONTRA LA PARED.
Fue un polvo salvaje, violento, apasionado. La arrojé contra la pared y gemí de placer cuando ella clavó sus uñas en mi cuello. Su cuerpo delgadito y con silueta de adolescente la hacía parecer más joven de lo que creo que era. Buscó mi polla con rapidez. Yo le susurraba al oído que era una puta, una zorrita, la mujer más guarra que jamás había conocido. Y ella me besaba en la boca con garra, me comía la lengua entera, parecía querer beberse toda mi saliva.
Nos vimos en un ascensor, ella entraba y yo salía, y la mirada que cruzamos fue de fuego. Entonces decidí empujarla hacia la pared, ella aceptó la propuesta.
La penetré, furioso, sin previo aviso, apenas tuve tiempo de hacer que su tanga se deslizara a través de sus muslos. Estaba mojada, y mi pene erecto entraba complacido en la hendidura hospitalaria, ella realizaba movimientos circulares con las caderas, y a mí me enloquecía sentir aquellos roces contra sus paredes íntimas. Embestía, como un potro desbocado, y con cada embestida mía su cabeza de melena pelirroja se golpeaba contra la pared, y yo me excitaba al contemplar eso.
Nos mantuvimos así unos minutos, dentro y fuera, jadeantes y sudorosos, yo recordándole lo guarrita que era, ella acariciando mi espalda con fuerza, como si deseara grabar en mi piel la huella de su esencia. Olía muy bien, ella, y me encantaba clavarle mi polla hasta el fondo, sabedor de que se la tragaba toda, extasiada. No recuerdo si nos corrimos al mismo tiempo, no lo creo, pero me gusta pensar que sí, sé que ella elevó la pierna izquierda unos segundos antes de llegar, y que presionó el tacón de su zapato contra mi culo. Aquello me puso a mil. Vacié todos mis jugos dentro de ella, que no hizo nada por detenerme, y nos despedimos con un beso en las mejillas. Ella bajó por las escaleras, yo me perdí en mi despacho.
Jamás volví a verla. Pero, no hace mucho, me tropecé con una pelirroja en el Corte Inglés, y tuve que buscar un cuarto de baño con urgencia. La paja que me hice prometía dejarme seco, pero, cuando regresé a casa, en la tranquilidad de mi dormitorio, me obsequié con otra. Más intensa, más larga, y más cómoda.
VERSOS SUGERENTES.
Te lamo
esos lugares
recónditos
que existen
entre
los dedos
de
tus pies.
Te deseo.
Te muerdo
esas promesas
sensuales
que las
líneas
de
tus labios
dibujan
en tu boca
perversa.
Te deseo.
Te beso
en
los pliegues
de
esa piel
bronceada
que
se acercan,
peligrosamente,
a tu
pene
jugoso.
Te deseo.
MORFOLOGÍA SEXUAL.
Observo (tus ojos negros). Deseo (tu cuerpo terso). Beso (tu boca pícara). Lamo (tu cuello firme). Mordisqueo (tu culo perfecto). Ensalivo (tu piel bronceada). Toqueteo (tus partes nobles). Estrujo (tus nalgas redondas). Acaricio (tus tetillas tiernas). Amaso (tu carne joven). Chupo (tu orificio anal). Como (tu pene erecto). Bebo (tu generosa dádiva láctea). Prometo ( darte mucho más placer).
Bella (tu mirada de azabache). Jadeante (tu respiración agitada). Juvenil (tu sonrisa satisfecha). Gozosas ( las palabras que pronuncias). Enhiesta (tu verga divina). Delicioso (el sabor de tu tez). Morenas (tus piernas fuertes). Grandes (tus manos juguetonas). Sugerentes ( los movimientos de tu cuerpo). Sensual ( tu sudor varonil). Lamible (tu hombro). Apetitosos (tus labios). Cálida (tu leche derramada). Prometedoras ( tus ansias, tan viciosas como las mías…).
Hoy (te follo). Ayer (te lamí). Mañana (te besaré). Siempre (te deseo). Nunca (me cansas). Sí (quiero tu semen en mi abdomen). No (te corras todavía!). Arriba (mis caderas eligen el ritmo). Abajo (tus embestidas me hacen gozar). Dentro (vacíate en mi interior). Fuera (vierte tus jugos en mi pelo). Jamás (dejes de lamerme). Aquí (anhelo tu lengua). Ahí (te intuyo, te busco y te deseo…).