Mini relatos
Le besé, y él siguió durmiendo.
Se murió una mañana de otoño. Nadie fue a su entierro. Supimos de su muerte a través de la prensa. Era el chico que nos traía la pizza. Jamás supimos por qué nadie acudió a su entierro.
Era verde, con lunares blancos. Era un cubito de playa, se lo compraron a la niña junto a una pala y un rastrillo. Jugó con sus juguetes todo el mes de vacaciones. Después, el día que se marchaban, se enfadó con el cubo y lo arrojó con fuerza. Se quedó olvidado bajo las escaleras. Aún sigue allí.
Me miraste, te sonreí, y te sonó el móvil.
Tosió un poco. Después se tocó la frente. Dijeron que tenía fiebre. Al día siguiente no se levantó de la cama. Lloró cuando caía la tarde. Era mayor, el abuelito… Al día siguiente vino el médico y movió la cabeza con lástima. A las tres de la tarde ya estaba muerto.
…y bailó, taconeó, cimbreó la cadera, onduló los brazos… rojo pasión y negro azabache… flamenco en estado puro.
Me empezó a hacer gracia la primera vez que hablamos… ahora me hace mucha más gracia.
Es arte… y es silencio. Es blanca… y es torera. Es piedra… y es cielo. Es Romero… y es Ordóñez. Es moderna… y duerme en el tiempo. Es de verdad… y es fantasía. Es Ronda.
COLOURFULL CHINCHETTOS
Mi habitación no es la típica habitación de cualquier niña de diecisiete años. No hay fotos de los guapitos del momento, ni de futbolistas, ni de esos cantantes con cara de bobos con los que todas las de mi clase se quieren acostar. Las paredes permanecen en blanco, tan blancas que a veces su color daña la vista, y apenas hay en ellas detalles personales. Tengo, sin embargo, un cuadro que compré en una exposición de una artista aún no muy conocida.
Se llama COLOURFULL CHINCHETTOS.
Lo compré porque, en principio, me impresionó el título. Tan sugerente, abre tantas puertas… El fondo del cuadro es muy blanco, también. Después, hay una serie de muñecos de esos que se pegan en las espaldas de la gente el día de los Inocentes, y todos están pintados de un color diferente, y todos van unidos entre sí, como si estuvieran cogidos de la mano. Me pareció una perfecta manera de hacer frente a la discriminación racista.
Y por eso lo compré.
Y por eso lo he colgado en las desnudas paredes de mi habitación, porque me gusta verlo, y me gusta pensar que hay esperanza, y me agrada creer que todo puede ser…
Y, como en mi mundo todo es amargo y no hay lugar para ilusiones, los COLOURFULL CHINCHETTOS son mi única vinculación con la vida de risas y color rosa…
El gol
Yo era ” El Negro”. Llevaba cinco años en España, recordaba mucho Tánger, y sus olores, pero empezaba a habituarme a la dinámica de Madrid. Aunque me llamaban así, porque Ahmed les resultaba extraño, yo sabía que lo hacían con afecto. No había nada racista en ese apelativo.
Sin embargo… me disgustaba escuchar ese nombre…
Yo, a Guille, le llamaba Guille, no le decía “El Gordo” porque pensara que sus casi noventa quilos me autorizaran a hacerlo. A Belén la llamaba Belén, no reparaba en sus granitos para denominarla “La Acneica”.
En fin…
Aquella tarde mi equipo se enfrentaba a nuestro máximo enemigo, en términos futbolísticos. Empatábamos a dos, y yo, que soy buen delantero, que llevaba puesta una camiseta de Raúl, deseaba más que nunca nuestra victoria.
Hacía frío, casi era Navidad, y se respiraba un ambiente muy festivo.
De repente, el árbitro señaló penalti…
Penalti clarísimo, los otros ni siquieran protestaron, de tan obvio como era…
Supe que tenía que hacerlo yo, todos supieron que tenía que hacerlo yo…
En un minuto estaba allí, plantado delante de la portería, nervioso, sudando, con la adrenalina corriendo por mis venas…
Cerré los ojos… y no fui consciente de que mi pie golpeaba el balón…
Cuando decidí volver a contemplar el mundo… mis compañeros ya festejaban el gol.
Habíamos ganado… el partido acabó poco después…
¡Bien hecho, Ahmed!, gritaron los de mi equipo.
¡Qué bueno eres, Ahmed!, gritó Soraya, la que tanto me gusta…
Yo había ganado…
Miedo
Cuando Carmen murió, mi padre creyó enloquecer.
Lo de los mensajes vino después. Cuando me lo confesó no supe muy bien qué decirle. Soy su hijo mayor, y siempre he sentido una gran admiración por él. Su comportamiento me asustó.
Resulta que Rocío, la hermana de Carmen, había decidido mantener su teléfono móvil, decía que conservar sus pertenencias la unía a ella, y evitaba que se sintiera tan sola. Rocío, todos lo sabíamos, estaba loca desde hacía bastantes años.
A mi padre le pareció una excelente idea. Así podía enviarle mensajes a Carmen, cuando ella vivía los dos se pasaban horas comunicándose de ese modo. Mi padre, como bailarín, viaja mucho, y no podían verse todo lo que hubieran deseado.
Comenzó a enviarle mensajes.
Primero uno al día… después dos… luego más de diez…
Yo suponía que debía hablar con mi madre de este asunto, ella es muy comprensiva, siempre consintió que en la vida de mi padre hubiera dos mujeres, pero no me atreví a hacerlo. No sé por qué, imagino que trataba de protegerla, o de evitarle una preocupación.
Una noche, en la playa, mi padre fumando como siempre, estábamos los dos disfrutando del silencio, de la brisa, y de la compañía… A mí me fascinaba pasarme las horas con él, escuchar sus historias, aprender de sus palabras… En aquella ocasión estaba nostálgico…
Sacó el móvil, su perfecto Nokia N90, del bolsillo, y empezó a escribir…
Le he dicho lo mucho que la quiero, me dijo al terminar.
Un pitido nos sobresaltó. Mi padre leyó el mensaje y sonrió, emocionado. Me lo mostró para que yo también lo leyera. Carmen también le enviaba todo su amor, y se despedía con miles de besos intensos. Yo sentí un escalofrío. Mi padre se fue a nadar…
ENTREVISTA ( FICTICIA ) A UN TORERO AUTÉNTICO.
Nos encontramos en una heladería. A los dos nos gustan los helados. Él se pide un cucurucho de yema tostada y yo una tarrina de chocolate con menta. Nos sentamos en una mesita junto a la ventana. Yo quiero unas palabras suyas, para el apartado de novedades de mi página web, él quiere demostrar al mundo quién es y qué puede aportar.
Nuestros ojos se encuentran unos instantes. El negro azabache de los suyos se pierde en el marrón profundo de los míos, qué mirada, este joven parece muy sereno, muy maduro, muy adulto…
Saborea su helado, comenta que le agradan mucho las yemas. Es tímido, apenas sonríe, pero cuando lo hace su rostro se ilumina, y yo, que soy buena observadora, puedo ver en sus gestos toda la fuerza que él lleva dentro, toda su determinación, toda su sed de triunfos.
Fuera, hace frío, el otoño avanza… y Madrid se cubre de hojas secas, las calles se llenan de escolares portando mochilas y comiendo bocadillos, los escaparates ya se han vestido de ocres y anaranjados.
Empezamos la entrevista…
- Por qué quieres ser torero?- pregunto, mientras me percato de que mi acompañante es un hombre de gran altura. Trato de visualizarlo vestido de luces…
- Toda la vida me ha gustado, desde siempre, desde pequeño… Lo que ocurre es que mis circunstancias personales me han impedido estar todo lo cerca del toro que a mí me hubiera interesado…
- Y ahora te has decidido…
- Sí, aunque sé que es muy difícil. Soy consciente de las dificultades que voy a encontrarme. Sé perfectamente que me enfrento a un mundo cerrado, que me tendré que acostumbrar a toda clase de obstáculos… pero no pienso rendirme… es mi sueño y voy a luchar por alcanzarlo.
Me gusta su manera de hablar. Sus formas son agradables, y es un joven culto y educado.
- Es cierto que es difícil… pero advierto cierto pesimismo en tu voz…
- No, pesimismo no. Es realismo. Duele comprobar cómo está el panorama. El otro día un compañero, un novillero, me comentaba que tiene que pagar para que le pongan… Te imaginas?, pagar para torear… Luego me molesta mucho también que en este país sólo se hable de los que ya han llegado, te das cuenta?, libros de Belmonte, películas de Manolete… alguien debería hacerse eco de las personas que desean empezar.
- Yo lo hago…
Me mira, con sus ojos asombrosamente negros, y me guiña uno de ellos.
- Claro, por eso tú y yo nos llevamos tan bien…
Es cierto. Desde que, por casualidad, conocí a este chico, nuestras conversaciones han sido siempre muy curiosas e interesantes. Se trata de una persona con mucho qué decir.
- Y qué toreros te gustan?
- José Tomás. Es un maestro.
- Ya. A mí también me apasiona. Alguno más?.
- Castella y Talavante.
- Buena elección. Y alguno que no te guste?, o no te atreves a decirlo…
Me regala una sonrisa traviesa.
- Claro que me atrevo. No me gustan los que están ahí por razones dudosas, los que ocupan puestos que podrían ser para otros, los que dando lo mínimo consiguen lo máximo…
- Eres muy claro, tú…
- Como hay que ser.
- Exactamente. Tienes algún modelo… alguien a quién te gustaría parecerte?.
- Antonio Ordóñez.
Soy yo ahora la que sonrío. Este joven, que apenas acaba de alcanzar la mayoría de edad, tiene la cabeza muy bien amueblada.
Mientras hablamos sobre toros y toreros, él me propone ir al cine. Acepto, por qué no?. Y observo su escultural cuerpo, imagino que, cuando triunfe en las plazas, las mujeres perderán la cabeza por él. De momento, camina tranquilo por la calle, sin pausa pero sin prisa, con el andar típico de quienes se saben ganadores. Él va a ganar, yo lo sé. Antes de comprar las entradas se interesa por mi producción literaria, y yo, que había supuesto este momento, le regalo una de mis novelas.
Nos miramos… es una mirada larga…
RONDA, EL TOREO Y LAS GOYESCAS.
Quiero comenzar esta ponencia con unos hermosos versos:
“Plaza de piedra de
Ronda,
la de los toreros
machos,
pide tu balconería
una Carmen cada
palco…”
Empezaba así el poema de Fernando Villalón dedicado a la bella plaza de Ronda, y continuaba encadenando elogios y alabanzas a un lugar que se ha convertido ya, por méritos propios, en un referente cultural y social.
Decir Ronda es decir toreo, y decir goyesca es afirmar Antonio Ordóñez.
Ronda es una ciudad malagueña de impresionante belleza. Situada en el centro de la Serranía de su mismo nombre, Ronda, que fue visigoda y céltica y árabe y romana, es un pueblo bonito y blanco, con el que sus moradores se encuentran más que satisfechos. No en vano ellos hablan de una máxima suya que dice “el orgullo de ser rondeño”, y actúan en consecuencia con ese dicho.
Manzanares.
Manzanares.
Poeta de los ruedos
con temple y aroma.
Manzanares artista,
torero de toreros,
esencia de Alicante
y maestro de maestros.
Manzanares rondeño,
hijo de banderillero
y padre de torero,
Manzanares sabio.
De azabache y oro.
Elegante, clásico
y soberbio.
Jose Mari soberbio.
Manzanares, El Grande,
es figura,
es toreo
y es arte.
TORERO, TORERO
Te llevan a hombros.
Mírate.
Trinufando
en Sevilla.
Ayer eras
un niño
jugando al toro.
Hoy,
niño todavía
de diecisiete años,
recibes aplausos
de hombre.
¡Torero!.
¡Torero!, te
dicen.
Y tú, niño al
fin,
sonríes.
MIRALAMARELA
… y, entonces, una mujer decidió ponerse el mundo por montera y permitió que su imaginación y su talento comenzaran a crear. Y creó arte. Un arte que se inspiró en otro arte primario, primitivo, pasional…, en una manifestación artística muy española y muy nuestra, muy culta, muy sensorial. Marisa Adánez sintió lo que en el argot taurino se denomina “la llamada del toro”, y a la Fiesta dirigió su mirada, y de ese conjunto de sonidos y silencios, jerarquías y grados, colores y olores, nacieron unas colecciones de bolsos y demás complementos que sin ninguna duda se merecen dos orejas y rabo. Incluso algunas piezas, algunos artículos, hasta se merecen pata!!, como en los tiempos de antes, cuando toreaba Antonio Ordóñez, cuando el toreo era todavía más profundo…
Yo a Marisa le agradezco la felicidad que me regala cuando pone sus ideas a trabajar y consigue captar tan bien la esencia, el aroma, esa prestancia del toreo, ese ritmo sensual y cadencioso, “esa música callada” de los lances, tanto derroche de sentimientos, tanto temple… se lo agradezco porque ella inventa y diseña, y diseña cosas muy hermosas, como un bolso que me compré que representa a un capote, un bolso torero, un bolso que yo paseo con deleite, que me hace sentirme orgullosa de amar la tauromaquia, y muy orgullosa de que los demás sepan que la amo.
Qué bonitos son todos los artículos, tan españoles, tan empapados de nuestra tradición y nuestra cultura, tan femeninos… cuánta delicia para armonizar una profesión dura, difícil, con la exquisitez de un delicado complemento.
Qué arte, qué esencia, qué empaque…
… y, por todo esto, a mí me encanta que me vistan, porque me visten y me arropan, los complementos de Miralamarela, y, por todo esto, rechazo cualquier tipo de imitación…
LA CAMARGA
La Camarga. Nombre rotundo y sonoro. La Camarga es una zona francesa que ocupa un triángulo comprendido entre Nimes, Arlés y Montpellier. Zona tranquila, de belleza serena e impresionante silencio, donde se encuentran las marismas de Rhone. En estas tierras, desde hace siglos, se crían toros bravos. Son toros que presentan ciertas diferencias con los animales que se crían en España, los camargueses se caracterizan por su extremada bravura y por su condición de astifinos. Se crían, como digo, desde hace muchísimo tiempo, y su relación con el hombre es estrecha, los habitantes de esa zona los utilizan y los han utilizado para celebrar festejos como los “encierros del bandido” o las “corridas camarguesas”. La Camarga es un hermoso paraje, que se merece una visita… Un lugar donde se vive con intensidad el mundo del toro. El Maestro Ordóñez deseó que, una vez muerto, sus cenizas fueran esparcidas en tan bellas tierras. Lamentablemente, es un deseo no cumplido…