ENTREVISTA ( FICTICIA ) A UN TORERO AUTÉNTICO.
Nos encontramos en una heladería. A los dos nos gustan los helados. Él se pide un cucurucho de yema tostada y yo una tarrina de chocolate con menta. Nos sentamos en una mesita junto a la ventana. Yo quiero unas palabras suyas, para el apartado de novedades de mi página web, él quiere demostrar al mundo quién es y qué puede aportar.
Nuestros ojos se encuentran unos instantes. El negro azabache de los suyos se pierde en el marrón profundo de los míos, qué mirada, este joven parece muy sereno, muy maduro, muy adulto…
Saborea su helado, comenta que le agradan mucho las yemas. Es tímido, apenas sonríe, pero cuando lo hace su rostro se ilumina, y yo, que soy buena observadora, puedo ver en sus gestos toda la fuerza que él lleva dentro, toda su determinación, toda su sed de triunfos.
Fuera, hace frío, el otoño avanza… y Madrid se cubre de hojas secas, las calles se llenan de escolares portando mochilas y comiendo bocadillos, los escaparates ya se han vestido de ocres y anaranjados.
Empezamos la entrevista…
- Por qué quieres ser torero?- pregunto, mientras me percato de que mi acompañante es un hombre de gran altura. Trato de visualizarlo vestido de luces…
- Toda la vida me ha gustado, desde siempre, desde pequeño… Lo que ocurre es que mis circunstancias personales me han impedido estar todo lo cerca del toro que a mí me hubiera interesado…
- Y ahora te has decidido…
- Sí, aunque sé que es muy difícil. Soy consciente de las dificultades que voy a encontrarme. Sé perfectamente que me enfrento a un mundo cerrado, que me tendré que acostumbrar a toda clase de obstáculos… pero no pienso rendirme… es mi sueño y voy a luchar por alcanzarlo.
Me gusta su manera de hablar. Sus formas son agradables, y es un joven culto y educado.
- Es cierto que es difícil… pero advierto cierto pesimismo en tu voz…
- No, pesimismo no. Es realismo. Duele comprobar cómo está el panorama. El otro día un compañero, un novillero, me comentaba que tiene que pagar para que le pongan… Te imaginas?, pagar para torear… Luego me molesta mucho también que en este país sólo se hable de los que ya han llegado, te das cuenta?, libros de Belmonte, películas de Manolete… alguien debería hacerse eco de las personas que desean empezar.
- Yo lo hago…
Me mira, con sus ojos asombrosamente negros, y me guiña uno de ellos.
- Claro, por eso tú y yo nos llevamos tan bien…
Es cierto. Desde que, por casualidad, conocí a este chico, nuestras conversaciones han sido siempre muy curiosas e interesantes. Se trata de una persona con mucho qué decir.
- Y qué toreros te gustan?
- José Tomás. Es un maestro.
- Ya. A mí también me apasiona. Alguno más?.
- Castella y Talavante.
- Buena elección. Y alguno que no te guste?, o no te atreves a decirlo…
Me regala una sonrisa traviesa.
- Claro que me atrevo. No me gustan los que están ahí por razones dudosas, los que ocupan puestos que podrían ser para otros, los que dando lo mínimo consiguen lo máximo…
- Eres muy claro, tú…
- Como hay que ser.
- Exactamente. Tienes algún modelo… alguien a quién te gustaría parecerte?.
- Antonio Ordóñez.
Soy yo ahora la que sonrío. Este joven, que apenas acaba de alcanzar la mayoría de edad, tiene la cabeza muy bien amueblada.
Mientras hablamos sobre toros y toreros, él me propone ir al cine. Acepto, por qué no?. Y observo su escultural cuerpo, imagino que, cuando triunfe en las plazas, las mujeres perderán la cabeza por él. De momento, camina tranquilo por la calle, sin pausa pero sin prisa, con el andar típico de quienes se saben ganadores. Él va a ganar, yo lo sé. Antes de comprar las entradas se interesa por mi producción literaria, y yo, que había supuesto este momento, le regalo una de mis novelas.
Nos miramos… es una mirada larga…