Las pelirrojas son diferentes.

pelirrojas_diferentes

Este libro está dedicado, principalmente, al chico de los mil y un encantos.
También besos y agradecimientos a:
Mi hermana. Mi familia. Mi tío Ángel ( in memoriam ).
Ana Blanco. Ana Cacho ( amigas desde la niñez ). Ana R. Madrid. Arantxa. Ascen ( Salamanca y sus anécdotas ). Anita ( muac). Ángeles. Ana Belén. Belén. Carmen. Cristina Oleby. Cristina García Molina. Desi. Doda. Elena y Elenita ( Ronda ). Eva. Flo. Garbiñe. Gema. Gema Jericó. Irene. Jimena ( mi perfecta sobrina ). Katie. Laura. Macarena Ordóñez. Macarena Ordóñez Ruiz ( Fuerteventura nos unió ). María Ramos. Maricarmen. María José ( por las locuras de esas noches… ) Mónica. Muriel. Noelia ( porque eres genial ). Olga. Paz ( por las aventuras ). Raquel. Reme. Rosa. Rosana. Sagrario. Sara. Sandra. Silvia. Silvia Pérez ( porque eres genial ). Sole. Sonia. Teresa ( por las confidencias ). Victoria.

Alejo ( por la valentía ). Alejandro. Álvaro. Álvaro Isla. Ángel. Antonio. Alfredo. Borja. Boro. Cástor ( por tanto y tan buen tiempo ). Canales. Cuétara. Dani. David Martín de Vidales. David Mora. Elicio. Fernando. Grego. Humberto ( q arte ). Ignacio. Javi. Jose Alcorcón. Josemet. José Mª ( porque me gusta estar contigo ). José Manuel. John. Juan ( porque eres genial ). Juan Moreno. Juan Carlos. Juani Bulerías ( por todo ). Juni ( por el nombre, la simpatía, los plátanos…). Luja ( pq me encantas ). Luis Serrano. Leopoldo. Máximo. Manuel. Marcelo. Miguel ( por “tu” toreo). Montoro. Muñiz. Nacho. Pablo ( porque sí ). Pepe Cardona. Pepe. Rodrigo. Rulo. Salva. Sekuestrador ( por Ronda ) Tomás ( porque estás ). Vicente ( por el fútbol ).
Y a todos mis restantes amigos y amigas…

Capítulo 1.

Con sabor a caramelo…


- Qué aburrimiento…>br> - Ya ves, un rollo de tarde…
Eran dos, y entre las dos no sumaban cuarenta años. Almudena acababa de cumplir dieciocho, una niña bajita y rubia, con los ojos muy azules y la sonrisa muy pícara. Lucía tenía diecinueve, se trataba de una joven pelirroja, de divertida mirada verde, con el rostro cubierto de pecas. Una estudiaba Derecho, la otra Ciencias Políticas.
Compartían dormitorio en una residencia de estudiantes…
- Qué podemos hacer para pasar el rato?.
Fuera, llovía. La tarde de noviembre, pesada y fría, caía sobre sus ánimos con la fuerza de una losa. Las hojas llenas de apuntes permanecían mudas, también aburridas, esparcidas sobre sus mesitas de estudio, a ninguna de las dos las seducía la idea de ponerse a empollar.
- Mira…- dijo Almudena.
Se había tumbado en la cama, su postura conseguía que se le levantara la falda abollonada que vestía, le quedaba al descubierto casi la totalidad de la pierna, la pantorrilla, firme; la rodilla, huesuda; el muslo, suave… Se entretenía lamiendo un chupa-chups, de fresa, una perfecta bola rosácea que ella introducía lentamente en la boca; penetraba, el caramelo, la diminuta abertura formada por unos labios frescos y carnosos, era lamido por una lengua juguetona, después salía de la boquita, para muy pronto volver a entrar, ser engullido por esa cueva adolescente ávida de perversiones…
- Qué quieres que mire?.
- Esto.
Almudena hojeaba una revista, una de esas que leen las jovencitas de esas edades, y se deleitaba observando las perfectas abdominales de un famoso futbolista. El astro del fútbol regalaba un gesto agradable desde su posado perfecto, en una playa africana, y lucía un cuerpo de escándalo.
- Mmmmmm, está bastante bueno.
- ¿Bastante?. Dirás que está buenísimo. Dónde has visto tú a uno mejor?.
- Luis, por ejemplo.
- Luis Ramos?. Es gay.
- Ya… pero está increíblemente bueno. Y Rodrigo también.
- Rodrigo me gusta menos.
Se referían a los chicos que, como ellas, se alojaban en la residencia de estudiantes. A Lucía, de repente, le brillaron los ojos, su mente maquiavélica acababa de vislumbrar una idea.
- Sabe bien el chupa?.
- Prueba- ofreció Almudena- Es de fresa.
- Vale. Con una condición.
La otra niña la miró, divertida…Hacía calor en el dormitorio, y su respiración era bastante agitada.
- Una condición para probar el chupa-chups??.
- Sí. Quiero saborearlo en tus labios. Puedo??. Almudena dudó tres segundos… Lucía sonreía…
- Bueno… vale.
Lucía se acercó a su amiga. Su camiseta blanca era extremadamente ceñida, y, al no llevar ella sujetador, permitía que sus pezones se marcaran con arrogancia. Eran oscuros, puntiagudos, y apuntaban hacia arriba con esa soberbia que solo se tiene cuando aún no se han alcanzado los veinte años.
Almudena suspiró, algo asustada…
La lengua de su compañera rozó sus labios, tímidamente al principio… Después, se recreó en su geografía, los recorrió con gula, adueñándose del sabor a fresa amarga que desprendían… después, Lucía quiso ir más lejos, y besó a Almudena… el primero fue un beso suave, corto… Luego, las dos bocas se fundieron, las chicas se abrazaron, el cabello rubio de Almudena se enredó entre los rizos pelirrojos de Lucía, las lenguas se acoplaron a un baile perfecto, bastante salvaje, y los cuerpos adolescentes se abandonaron a la pasión…
Se besaron durante unos cinco minutos, después, Lucía recobró la compostura…
- Entonces, te ha gustado?, el sabor del chupa?.- inquirió Almudena, que estaba algo cortada. Con las mejillas encendidas y la voz temblorosa.
- Mucho.
Las dos llevaban falditas cortas, ambas poseían bonitas piernas, más largas las de Lucía, pero también muy torneadas las de Almudena. La piel de sus rostros reflejaba tersura, sus curvas exhibían líneas sugerentes, sus melenas olían muy bien…
- Sabes?- continuó Lucía, con su acento extremeño- se me ha ocurrido una cosa…
- Dime…- Almudena intuía un juego atrevido. Ella era una chica tranquila, había vivido, hasta la fecha, pocas aventuras…
- Qué te parece si nos desnudamos, para vernos el cuerpo?.
- La parte de arriba, vale?, hoy sólo la parte de arriba.
Lucía se mostró de acuerdo. Había experimentado más que su amiga, y ya se había acostado con varias mujeres, pero sabía respetar la timidez de Almudena.
- Empecemos…
Se deshicieron de las camisetas, una blanca y otra rosa, las dos cayeron sobre la alfombra. Lucía pasaba de usar sujetador, sus tetas chiquititas no precisaban sostenes, eran redondas, parecían duras, estaban morenas de haber estado ella tomando sol en top-less. Almudena se quitó su sujetador, una pieza negra delicada y hermosa que dejó al descubierto sus grandes pechos. Eran sólidos, consistentes, enormes, como dos ubres llenas de leche.
- Joder, qué grandes, con la ropa disimulas… Se examinaron a gusto. Almudena recorrió con los ojos, turbada, la insinuante geografía de su amiga, se fijó en su cuello largo, en la elegancia de sus hombros, en la soberbia de esas tetas pequeñas coronadas por unos pezones muy oscuros… Lucía se comió con la mirada a su compañera, le agradó la femenina curva de su vientre, el suave color de su piel, las tetas, tan grandes que deseó tocarlas y morderlas… Fuera, seguía lloviendo…
- Nos quitamos más ropa?- propuso la pelirroja.- Me apetece ver tu culito.
- Mañana, vale?. Por hoy es bastante.
- Mmmmm, bueno, vale. Con dos condiciones.
Almudena se sonrojó. La situación, además de violentarla un poco, también la excitaba, y eso la hacía sentirse confundida.
- Vale. Qué condiciones?.
- Primera: que respondas a mis preguntas.
- Vale.
Los pechos de Almudena subían y bajaban al compás de su respiración.
- Primera: nunca habías hecho nada así con una chica?.
- Qué va, nunca. Ni siquiera se me había ocurrido.
- Segunda: virgen no eres, no?.
- No.- La joven se rió.- Que no haya vivido tanto como tú no significa que haya estado encerrada en un convento.
- Tercera: con cuántos te has acostado?.
- Con tres. Con mi novio actual y con otros dos chicos, y tú?.
- Yo?, ni idea… desde los trece, ya ves… unos cincuenta o así… y cuarta y última pregunta: qué es lo que más te gusta de mí?.
- Pues… que seas pelirroja… las pelirrojas son diferentes.
- Sí?, a cuántas conoces?.
- Sólo a ti.
- Ah, no es mucho… Vale, ahora, la prueba.
- Qué prueba.
- Una sencillita. Si me dejas que te toque las tetas, no nos desnudamos por completo hasta mañana.
- Uff… bueno, vale. Pero poco. Poquísimo.
- Vale, poco. Pero mañana, nada de ropa, eh?. Y me dejas que te toque el culo.
Almudena sonrió. Lucía acercó sus dedos, delgados, a las enormes tetas de su amiga. Primero simplemente rozó una de ellas, después las tomó entre sus manos, y procedió a amasarlas… las dos respiraban fuerte, luego se concentró en los pezones, los retorció un poco, y los acarició con una uña.
- Ya.
- Vale, ya. Te ha gustado?.
Almudena dijo que sí, avergonzada. Se había excitado más de lo que ella misma quería reconocer. Mientras su amiga se dirigía al cuarto de baño, para una ducha fría, ella decidió comerse otro chupa-chups. De manzana.
Fuera, continuaba lloviendo…

Capítulo 2.

Promesas y tratos…

Era tarde ya cuando Lucía entró en el dormitorio. Casi las cinco de la madrugada… se le había pasado el tiempo muy deprisa. Siempre le ocurría lo mismo cuando salía por la noche, se trataba de una joven muy amiga de la fiesta, y con una vida social algo más que intensa. Procuró no hacer ruido al cerrar la puerta, Almudena dormía, y se quitó los zapatos al momento, para que el sonido de sus tacones no despertara a su compañera.
Lucía era guapa, y lo sabía perfectamente. Su melena pelirroja, larga, se deshacía en unos sinuosos rizos que caían en cascada sobre sus hombros, sus ojos verdes ofrecían miradas pícaras y sabrosas, y su rostro ovalado tenía una forma muy original, la hacía una chica diferente. Era madura para su edad, diecinueve años, y había experimentado ya bastantes cosas, le gustaba vivir y adoraba la aventura. Aquella noche vestía unos vaqueros ajustados, de un tono azul desvanecido, y una camiseta negra con mucho escote que permitía atisbar los encantos de sus sabrosos pechos.
Almudena se movió, en la cama, cambió de postura, y emitió un pequeño suspiro…
Lucía la contempló…
En la penumbra del cuarto, apenas se distinguían sus formas. Se había destapado, y el short corto que se ponía para dormir, dejaba al descubierto la totalidad de su pierna izquierda. Era una bonita pierna, no muy larga, con un muslo firme, bien torneado, una rodilla delicada, y un tobillo muy bien dibujado…
Lucía deseó tocar a su amiga… de repente se había excitado al observarla así, dormida e indefensa… desde lo que había pasado por la tarde no podía dejar de fantasear con la rubita tímida, y sólo recordar sus grandes tetas le provocaba tremendas humedades en el coño…A Lucía le encantaban las tetas, muchas veces, en su casa, cogía las revistas que su hermano guardaba en su dormitorio y se masturbaba contemplando aquellos senos, la fascinaban los enhiestos pezones de las modelos que posaban para aquellas páginas, se imaginaba a ella misma mordiéndoselos, deslizándole la lengua por ellos…
Almudena volvió a moverse, un movimiento apenas perceptible, y a su compañera la puso todavía más cachonda la curva que, con la nueva posición, adoptaba su brazo…
Lucía se humedeció los labios… labios carnosos, ávidos de sexo…
En algún lugar de la residencia estudiantil, un reloj se rompió en cinco lejanas campanadas…
Se atusó, Lucía, sus rizados cabellos, esos cabellos pelirrojos que la hacían tan especial y tan atractiva. Se llevó el dedo índice de la mano derecha a la boca, su apetitosa boquita, y lo chupó con fruición, disfrutaba mucho chupando. Alex, uno de sus últimos rolletes, siempre le decía que le comía la polla como nadie… Se lo sacó de la boca, despacio, con glotonería, y lo posó con suavidad en el cuello de Almudena.
La joven no hizo nada, continuó durmiendo…
El dedo inició un sinuoso recorrido a través de aquella carne prieta y fresca… la niña dormía, su respiración, rítmica, enardecía a la pelirroja, que ya notaba cómo se iban empapando sus partes íntimas… Almudena usaba una especie de camisita de tirante fino para dormir, Lucía dejó que su dedito aún ensalivado se perdiera bajo aquella fina tela, no tardó en alcanzar el pezón…
El pezón se irguió, agradeciendo con ese gesto la inesperada caricia. Lucía apretó, pulsó hacia abajo… y se calentó muchísimo al notar en su propia piel el tejido rugoso de aquel montículo. Almudena suspiró, dijo algo inaudible, cambió la postura…
Lucía siguió tocando el pezón, ya no con tanta timidez. Se estaba poniendo como una perra en celo… y optó por pasar a toqueteos más profundos. Apretó ese pedazo de arrugadita carne con dos de sus dedos, y lo retorció un poco. La respiración de su amiga se volvió más intensa. La pelirroja deseó lamer aquel pezoncito tan jugoso, tenerlo entero entre los labios, descubrirlo con la lengua y morderlo con suavidad… Mamar tetas era algo que siempre le había encantado.
- Qué haces?.- Almudena empezaba a despertarse.
- Nada. Sigue durmiendo.
- Tía, qué es lo que estás haciendo?.
La voz de la rubia sonaba pastosa, todavía sentía sueño.
- Nada. Te miraba… te miraba así como estabas, dormidita, y de repente me entraron ganas de tocarte…
- Qué?.
Lucía sonrió. Su compañera de cuarto era muchísimo más ingenua que ella…
- Tranquila, sólo te he acariciado un poco el cuello. Y ahora te estaba tocando un pezón. Por cierto… no parecía molestarte mucho… estás segura de que no estás mojada?.
- Claro que no estoy mojada!.
Si la habitación no hubiera estado a oscuras, Lucía se hubiera dado cuenta del rubor que cubría el rostro de su amiga, se trataba de una joven vergonzosa, una chica de provincias que aún no había gozado de una vida sexual muy abierta.
- Estás segura?. Por qué no me dejas que lo compruebe?.
- No.
Los cabellos rojizos de la muchacha se alborotaron cuando ella estalló en carcajadas. La negativa de la rubia, lejos de desilusionarla, la animaba todavía más, a la joven la entusiasmaban los retos.
- Por qué no?. Te encantaría… te lo cuento??.. yo pasaría mis dedos por tu coñito…investigando… a ver si estás húmeda, como yo pienso, o si permaneces seca, como tú afirmas, recorrería tus labios, tranquilamente… oye, vas depilada?.
- Qué pregunta es esa?.
- Una pregunta normal y corriente. Si quieres la contesto yo antes. Yo sí, voy completamente depilada.
- Ahí?.- Almudena parecía sorprendida.
- Claro. A mí me gustan más los coños depiladitos. Para chuparlos es mucho mejor, más rico. Pero, tú tranquila, si me encuentro pelos por ahí abajo también sé muy bien qué hacer con ellos…
- Lucía!. No me puedo creer las cosas que dices… En serio te gusta chupar eso?.
- Eso no, el coño, tienes que aprender a llamar a las cosas por su nombre. Almudena, tía, a veces parece que acabas de salir de un convento de clausura. No es que me guste… es que me encanta… chuparlo y que me lo chupen… es delicioso… meter la lengua ahí, recorrer con ella todos esos pliegues, los coñitos desprenden un olor muy especial, nunca te has fijado?…
- Lucía!!!. Cómo voy a fijarme en el olor de los coños?.
- Fácil, nunca te has olido las braguitas?.
- No.
- Ya, suponía que no. Chica, no sabes lo que te estás perdiendo… Menos mal que me tienes a mí a tu lado para instruirte.
Almudena se rió. Le caía bien su compañera, la veía una joven franca, sincera, y, la verdad, le resultaba agradable tratar a una mujer tan abierta sexualmente, tan segura de sí misma… en el fondo sentía envidia sana de ella.
- Tú acostumbras a olisquear tus braguitas?.- preguntó.
- Yo acostumbro a hacer muchas cosas. Por cierto, suelo usar tanga.
- Ah.
Mientras lo decía, la pelirroja se iba despojando del vaquero. Alta, con un cuerpo curvilíneo, el pantalón le sentaba divinamente, se le ajustaba bastante a su redondito trasero.
- Qué haces?- inquirió la otra chica.
- Desvestirme.- repuso Lucía, y, actuando con gran rapidez, cogió una de las manos, cálidas manos, de Almudena. – Toca, mira, toca aquí.
Lucía era consciente de que estaba actuando de mala fe, su amiga no se esperaba aquello y le había cogido la mano a traición. Pero… era excitante, la situación la divertía… Condujo aquella torpe manita hacia su coño… no llevaba ropa interior, pero Almudena aún no se había dado cuenta.
- Toca aquí.- insistió.
Los dedos de la otra joven se encontraron, sin previo aviso, con la viscosa humedad del chochito de la pelirroja, Lucía, desnuda, ofrecía una vagina mojada, palpitante, muy receptiva a cualquier contacto. Almudena palpó aquellos labios vaginales, absolutamente chorreantes, y sintió que aquellas aguas turbulentas le quemaban la mano. La retiró al punto, pero no pudo impedir que los néctares pegajosos de la concha de su amiga se adhirieran a su piel. Qué avergonzada se sentía!… jamás ella había tenido el más mínimo contacto con la zona íntima de una mujer.
- Lucía, te has pasado.- jadeó, enfadada. Y, en el fondo, un poco excitada…
- Por qué?. En esta vida hay que probarlo todo…
Almudena suspiró, le temblaban las piernas…
- Oye, habrás hecho pajas, no?.
- Pues claro, chica. Ya te dije ayer que el hecho de que no tenga tanta experiencia como tú no implica que no viva en el mundo.
- Perdona, perdona… O sea, que has hecho pajitas. Me gustaría verte, haciendo una… Y mamadas?, se la has mamado a algún tío?.
La rubia permaneció en silencio. En el dormitorio, oscuro, flotaba un turbio aroma a pasión desatada, y se adivinaba la tensión reinante…
- Di… le has comido la polla a alguien o todavía no te has estrenado en ese punto?.
- A mi novio. Se la he mamado a mi actual novio. Un poco…
- Un poco?. Y eso cómo se entiende?. Ah… quieres decir que no tragas?.
- Pues eso.
- Pues dilo, coño, qué mojigata eres.
Las dos estallaron en débiles carcajadas. La madrugada avanzaba… fuera lloviznaba… en el cuarto de al lado dormían, dormían?, otras dos chicas. Almudena empezaba a descubrir la oculta realidad de las residencias estudiantiles… no le disgustaba nada lo que estaba aprendiendo… Se notaba rara, excitada… con los pezones tiesos… la vagina algo húmeda… la piel erizada…
- Oye, ayer me prometiste una cosa.
- Ya.
- Y?.
- Todavía es ayer, es de noche.
- Pronto amanecerá.
- Pero aún no ha amanecido.
- Vale.- se rindió Lucía.- En eso tienes razón. Te propongo un trato.
Almudena suspiró… A saber qué se le había ocurrido a la mente calenturienta de su amiguita…
- Dime, qué trato es ese?.
- Uno divertido.
- Dime. Me tienes intrigada…
- Eso es bueno… A ver… en vez de mostrarnos desnudas, la una a la otra, seguimos así, como estamos, tú con toda tu ropita, yo sin los vaqueros, y la habitación sin luz.
- Hasta ahí vale.
- Y nos tocamos el culo.
- Tía…
- Venga, sólo un rato… Tampoco mucho, empezamos poco a poco…
- Vale.
Lucía sonrió, complacida. Le gustaba mucho el culito de Almudena, generoso, con unas nalgas firmes, bien formadas, le agradaba su balanceo cuando caminaba, la ponía cachonda imaginar a su compañera de cuarto a cuatro patas en el suelo mientras ella le comía un orificio anal que intuía muy cerradito.
- Genial.- dijo.- Empecemos.
- Poco, eh?. Un minuto.
- Un poco más.
- No, un minuto. Y por fuera, o sea…
Almudena ignoraba cómo explicar aquello…
- Sí, guapa, te entiendo, que no quieres que te meta el dedo, vamos.
- Pues eso.
- Vale.
Lucía introdujo su experta mano bajo las prendas de la otra joven, muy pronto se topó con el ansiado tesoro. Allí estaba el culito de Almudena, rotundo, pronunciado, goloso. Qué ganas tenía la pelirroja de él, que hambre de aquellas carnes prietas, la joven no perdió el tiempo, manoseó con gula aquellas nalgas, las estrujó, se deleitó con su tacto carnoso… No entendía por qué la niña se quejaba con frecuencia de tener mucho trasero, a ella le parecía muy rico.
- Mmmmm, qué buena estás, qué culito tienes… Almudena gimió. Tardó unos segundos en reaccionar, después se decidió a palpar el culete de Lucía. Lo tenía duro, de formas firmes, de piel aterciopelada, redondo. La chica deslizó ambas manos por aquella geografía que, hasta la fecha, nunca había conocido.
- Mmmmm… sigue, sigue… me gusta mucho cómo me estás tocando.
Permanecieron así por espacio de dos o tres minutos. Manos que apretaban, culitos que se iban enrojeciendo, dedos que agarraban, nalguitas sobeteadas, calor, susurros nerviosos, sofocos en el dormitorio, excitación creciente…
- Qué bueno, Almudena, sigue…
Lucía, traviesa, empezó a introducir, lentamente, con mucha dulzura, su dedo anular en el estrechísimo agujerito anal de su amiga, su coño se deshizo en mareas y marismas al sentir ese redondel tan cerrado… Almudena se quejó… y Lucía continuó tratando de meter el dedito allí, las aguas de su vagina eran abundantes… y el culo de la joven se iba dejando profanar…
Empezaba a hacerse de día…

Capítulo 3.

Sabores diferentes…

Almudena, bajo la ducha, se sonrojó al pensar en lo que estaba a punto de hacer. Demasiados cambios para tan corto período de tiempo… ella era una chica sencilla, sin complicaciones, muy poco dada a los experimentos. Y, sin embargo, allí estaba, deseosa de materializar su idea.
Mientras se enjabonaba sus generosos pechos con la ayuda de la esponja, una esponja en forma de fresa, con la otra mano empezó a acariciarse las nalgas… Almudena se había masturbado en algunas ocasiones… siempre escondida debajo de las mantas… y siempre de forma exageradamente tradicional: breves toqueteos en su coñito ingenuo, caricias que no todas las veces le habían reportado un orgasmo. Nunca se había tocado el culo, es más, nunca, hasta la fecha, había pensado demasiado en él. Simplemente se trataba de su trasero, una parte de su cuerpo que ella desearía menos prominente, un trozo de carne al que no prestaba demasiada atención.
A Lucía, en cambio, parecían volverla loca los culitos…
Su mano, con dedos gordezuelos con uñas pintadas de color morado, amasó aquellos montículos, no estaba nada mal su culo… Almudena se quejaba con frecuencia de su tamaño, pero era un culito redondo, respingón, con unas formas muy apetecibles. Se movía con personalidad propia cuando su dueña caminaba, y a nadie dejaba indiferente. Era un trasero que sugería un mordisco, una palmada, que parecía pedir a gritos un buen pellizco, o un sabroso lametón.
Almudena suspiró, sus cabellos rubios se adhirieron todavía más a su rostro empapado, su piel se erizó, y, allá dentro, en esas intimidades que ella tan poco exploraba, algo empezó a vibrar…
Los pezones, siempre grandes y oscuros, se endurecieron un poquito más…
Entonces, sin dejar de tocarse aquellas nalgas tan rotundas, Almudena decidió ir un poco más lejos… tenía dieciocho años, empezaba a ser hora de romper con las normas y comenzar a vivir sin ataduras. Y lo hizo.
Se llevó el dedo índice a aquel agujero que había sido virgen hasta que, escasas horas antes, Lucía le había arrebatado tan inmaculada condición, y, sirviéndose del jabón que se deslizaba a través de su cuerpo desnudo, trató de introducirlo. Empujó… con suavidad… un poquito… No era difícil, Lucía se lo había metido la noche anterior… A ella esa entrada, aunque al principio le había causado una especie de dolor acompañado de vergüenza, después le había agradado. Justo era que lo reconociera, aquel dedito moviéndose dentro de su estrechísima gruta, aquel escalofrío excitante, aquel calor interno que le subía por los muslos… aquellas sensaciones le habían resultado placenteras…
Si no hubiera estado tan inquieta por el tema de la limpieza íntima… la joven habría disfrutado del dedo de su amiga muchísimo más… pero la situación la había cogido por sorpresa, completamente desprevenida, y, aunque pensaba que lo más seguro era que estuviera absolutamente limpia, tratándose de esa zona no podía tener la certeza absoluta.
El dedo entró, y la chica hizo un poquito de fuerza para continuar encajándolo…
El agua resbalaba por su piel, muy blanca, y el vapor y sus propias caricias anales la transportaban a un estado de semi-inconsciencia…
Permaneció así unos tres minutos, gozando de su transgresión, sintiendo el avance de su dedo travieso en su tímido sendero rosa, sabedora de que su agujero del culito se iba agrandando poco a poco… ya no era aquel redondel casi impenetrable con el que Lucía había tenido que lidiar al principio de su tentativa…
La niña, después, contempló su imagen en el espejo del cuarto de baño, que le devolvió una sonrisa pícara y un rostro juvenil ávido de emociones.

Caminó descalza, y desnuda, hasta el armario, y se dispuso a elegir ropa. Fuera, seguía lloviendo. El crujido de la puerta la sobresaltó, Lucía acababa de entrar…
- Mmmmm, qué apetecible tu cuerpo desnudo… lo mejor que me ha pasado en esta asquerosa mañana…
- No has ido a clase?.
- No. O sea, intenté ir, pero llueve demasiado. Así que me he tomado un café con Borja y he regresado al dormitorio. De donde nunca debí haber salido… así habría podido disfrutarte mientras te duchabas…
Almudena enrojeció. Su compañera de cuarto poseía la virtud de ponerla siempre nerviosa, Lucía la hacía sentirse en tensión… aunque es cierto que era una tensión bastante grata.
Se despojó, la pelirroja, del abrigo blanco que traía. Le sentaba muy bien, y lo sabía perfectamente. Iba vestida con una falda negra, cortita y tableada, como las falditas de las colegialas, y con una camiseta blanca de escote en pico. Tal como solía hacer, no llevaba sujetador, sus tetas se mantenían erguidas sin necesidad de ninguna ayuda, apuntaban al cielo con la misma chulería de la que hacía gala la joven. Lucía adoraba ser pelirroja, la convertía en diferente, original, y a ella le encantaba destacar.
- No te vistas.- dijo, al advertir que Almudena comenzaba a ponerse un tanga.
La chica se sobresaltó.
- Por favor, no te vistas.- insistió Lucía, consciente de que su orden había sido demasiado brusca.
Almudena arrojó el tanguita, negro y con encajes, sobre la cama deshecha. A pesar de haberse duchado hacía menos de un cuarto de hora, se notaba ya sudorosa. Aquella vibración que había empezado a intuir en su coñito, no depilado, crecía y se hacía más fuerte.
- No es muy justo.- se quejó, mientras evitaba que su mirada tímida se cruzara con el gesto arrogante de su compañera.- Tú estás completamente vestida, incluso llevas botas… no estamos, pues, en igualdad de condiciones.
- Ya. Tienes razón. Pero eso es justamente lo que me apetece. Verás cómo te gusta, el jueguecito de hoy… Almudena suspiró. Le temblaron las rodillas, y su vagina hizo algo similar a comenzar a humedecerse. Sin embargo, también sentía un cierto temor… Lucía era muy arrogante, muy atrevida, muy experimentada. Para sus diecinueve años, exhibía la vida de una mujer de más de treinta.
- Al fin puedo disfrutar de la agradable visión de tu cuerpo…- continuó la pelirroja.- Lo cierto es que, por una vez, me gusta la lluvia. Gracias a ella vamos a pasar un rato muy interesante.
Se sentó en el suelo mientras hablaba, sobre la alfombra, con las piernas flexionadas. Su melena rojiza caía en cascada sobre sus hombros, y su rostro vicioso denotaba toda la excitación que la estaba embargando. Lucía se sentía caliente, todo su interior ardía, y fijó en su amiga su perversa mirada.
- No me mires así, nena, me estás poniendo nerviosa.
- Qué va, relájate. Quiero ver bien todo tu cuerpo… A ver, apártate el pelo de ahí, que me tapa los pezones…
Almudena se apresuró a cumplir el mandato. Sus rizos rubios fueron inmediatamente retirados hacia atrás… y sus pezones quedaron visibles. Oscuros, erectos, deliciosos.
- Mmmmmm, te los comería ahora mismo… Retuércetelos.
- Qué…
- Que te los retuerzas, que te los pellizques, que los aprietes con los dedos… alguna vez te lo habrá hecho ese tipo que tienes por novio, no?.
Almudena no supo qué responder. La verdad era que su novio distaba mucho de ser el amante perfecto, pero aquella no era una ocasión propicia para los cotilleos… La joven, pues, decidió complacer a Lucía. Con el pulgar y el índice agarró uno de sus dos preciados tesoros, y comenzó a retorcerlo entre los dedos, sintiendo cómo la carne se tornaba más dura, y el montículo se hacía más grande y arrugadito…
- Mmmmm, qué gozada. Enséñame bien el coño. La niña dio un paso al frente, sin saber muy bien qué hacer… – No, así no. Me refiero a que abras las piernas… así… y ahora ayúdate de la otra mano, no dejes de tocarte el pezón, para facilitarme la visión…
Almudena así lo hizo. Notar su mano en su chochito palpitante logró que se excitara. La humedad la invadía ya, de modo que estaba gustándole el juego… pero se sentía también muy nerviosa. Rozó los labios vaginales con sus dedos, la turbó la presencia del vello, y posibilitó que Lucía obtuviera una buena panorámica de su coño inocente y tierno.
- Qué coño tan apetecible… Me pregunto a qué sabes tú…
- Joder… Lucía… dame un respiro…
- Vale, vale… hoy no te comeré el coño. Tranquila… pero mañana… quién sabe…
Almudena jadeó. Su amiga era insaciable.
- Oye, por qué no te depilas?
- El coño?.
- Claro.
- No sé… nunca lo había pensado…
- Pues ya va siendo hora de que lo pienses. Mañana te ayudo a depilártelo.
Almudena estaba mojada. Cómo las cosas habían llegado a aquel punto era algo que todavía no acababa de comprender… su cuerpo estaba sudoroso, enardecido, anhelante de nuevas propuestas. Ella, tan temerosa, que incluso había sentido cierto reparo al ponerse un piercing en el ombligo… ella, tan recatada que todavía no conseguía no enrojecer cuando le hacía una mamada a su novio… ella, allí, desnuda… delante de una chica… ofreciéndole una perfecta visión de un coño que pronto luciría libre de vello… Almudena no se lo podía creer. Qué tenía Lucía… que siempre lograba convencerla.
- Ponte de rodillas.
- Qué.
- Almudena, estás segura de que oyes bien?, que te arrodilles.- repuso la pelirroja, que se levantó mientras lo decía.
- Vale.- contestó la otra niña, cortada mientras adoptaba la postura requerida.
Muy pronto lució perfecta, arrodillada, con una actitud muy sumisa. Los pezones de Lucía amenazaban con romperle la camiseta.
Sin previo aviso, la pelirroja le propinó a su compañera una pequeña patadita en el culo, con la punta de su bota granate. Almudena emitió un breve quejido, pero no dijo nada. Lucía sonrió.
- Muy bien.- dijo.- Te has portado muy bien.
- Si no he hecho nada…
- Y eso quería yo… que no hicieras nada, ni dijeras nada…
Almudena notaba tanto calor que pensaba que iba a desmayarse…
- Te voy a comer el culo.
- Qué…
- Lo dicho, tú no oyes bien. Que te voy a comer tu culito divino.
- No, Lucía, eso no. No te pases…
- Por qué no?, te encantará, ya lo verás, lo hago muy bien…
- Porque no.
- Dime por qué.
- Me da vergüenza.
Lucía soltó una carcajada.
- A estas alturas?. Que no pasa nada. Es por lo que decías ayer???.
- Qué cosa…
- Esa tontería de que si estarías limpia… Ahora estás perfectamente limpia.
- No sé…
- Que sí. Tú no te agobies. Relájate y disfruta. Mira, ponte así.
Con gran determinación la joven colocó a su amiga en la posición deseada. Lucía hacía siempre todo lo que deseaba. Sus ojos verdes hervían de excitación… y la humedad de su tanga la estaba matando de gusto. Con Almudena a cuatro patas sobre la alfombra, Lucía tuvo que contenerse para no vaciarse en un orgasmo brutal. Se arrodilló ella, con toda la ropa puesta, y, muy despacio, acercó su lengua traviesa al rosado orificio anal de Almudena.
- Disfruta.- le dijo.- Te voy a comer el culo tan bien que te vas a correr como nunca.
Almudena gimió.
La lengua de su amiga rozó su agujero. El gemido se hizo más largo. La boca de la pelirroja se posó allí, en el tímido redondel, y le aplicó un sonoro beso. Después, procedió a deslizar la lengua por aquella geografía de su amiga que tanto le gustaba. No pensaba saciarse, quería comer el culo de la niña hasta reventar de placer, siguió lamiendo… mientras fuera llovía, y Almudena se empezaba a deshacer en aguas turbulentas…

Capítulo 4.

Planeando shopping…

Almudena estaba en clase, la primera de la tarde, cuando sintió vibrar su móvil. Algo, no supo qué, le hizo suponer que iba a encontrarse con un mensaje de Lucía. Así era, en efecto, la pelirroja la “invitaba” ( con una orden bastante exigente ) a abandonar el aula para encontrarse con ella en una cafetería.
La rubia optó por obedecer, desde que, horas antes, su amiga le había comido el culito, se encontraba casi mareada, su piel parecía haberse electrizado, notaba un calor inmenso… y no conseguía dejar de pensar en aquella extraña situación… Ella, a cuatro patas sobre la alfombra, desparramada su dorada melena sobre su rostro asustado, su compañera a su lado, con su boquita allí metida… evocó la sensación que le había producido el aliento de Lucía en su orificio anal, recordó su lengua, juguetona, una lengua que había pugnado para lograr adueñarse de tan estrecho sendero, se acordó de los dientes, unos dientecillos que, a veces, la habían rozado…
Almudena se había corrido mientras su compañera de habitación le comía el trasero, se había deshecho en un estallido de contracciones que amenazaron con hacerla perder el conocimiento, jamás hubiera pensado que su coño pudiera humedecerse tanto, había gozado de un orgasmo intenso y salvaje… que se había repetido poco después, cuando Lucía también alcanzó el suyo. Almudena ignoraba que las mujeres podían experimentar varios orgasmos en muy corto período de tiempo… le encantó enterarse de semejante manera…
Salió de clase, roja, era una chica vergonzosa, y abandonar el aula le producía apuro, se imaginaba que suponía despreciar los conocimientos del profesor, ella jamás se había marchado de una clase sin que la explicación hubiera concluido.
Había muchas cosas que Almudena nunca había hecho… y, de repente, parecía empezar a hacerlas todas, sin pausa, con demasiada rapidez, sin tiempo para pensar. Mientras caminaba, apresurada, hacia los aseos, la joven supo que más tarde tendría que quedar con su novio, últimamente pensaba poco en él, ni siquiera le había respondido a sus tradicionales, y aburridos, mensajes matutinos.
Entró en el baño. Lucía lo había expresado con gran claridad. Deseaba que, para la cita que iban a tener en una media hora, la rubita no llevara ropa íntima. Almudena se hallaba, ya, excitada. Ignoraba cómo iba a desarrollarse el nuevo juego, pero le apetecía mucho probarlo, sentía un miedo suave, ante la travesura que habría maquinado su viciosa amiga, pero también la embargaba una fuerte excitación.
Es decir, estaba cachonda.
Se había sentido Almudena así en alguna ocasión????…
Si quería ser sincera consigo misma, y quería serlo, debía reconocer que no. Hasta la fecha, el sexo tampoco la entusiasmaba demasiado. Con su novio todo se convertía en un mete-saca bastante absurdo que casi nunca la satisfacía. Él, bastante egoísta, no se preocupaba de complacerla, y ella era demasiado tímida para pedir alguna cosa o insinuar algún cambio en las entregas. Así que se limitaba a marcar, con la cadera, un ritmo con el que se encontraba cómoda, a devolverle a su chico unos besos que se le hacían aburridos, y a emitir pequeños jadeos que a él le animaran, a menudo para que acabara pronto y la dejara tranquila.
Con Lucía era diferente… las situaciones le agradaban, se mojaba, sentía escalofríos de placer corriendo por su cuerpo…
Se bajó los vaqueros y se quitó el tanga, negro, bastante breve, con encajes y lacitos. Lo guardó en el bolso. Cuando ya iba a ponerse de nuevo el pantalón, recordó una conversación mantenida con su amiga, y cogió de nuevo el tanguita. A qué olería?, Lucía la había animado a olisquear sus prendas interiores… Sin pensárselo dos veces, Almudena enterró la nariz en aquel diminuto pedazo de tela… olía… no sabría describirlo… era grato, el aroma… era fuerte… con carácter, no podría decir si se trataba de un olor dulce o amargo… pero sí le gustaba. Guardó, esta vez así, el tanga en el bolso, y se puso los vaqueros. Eran muy ajustados, y le hacían un bonito culo.
Se quitó, después, la camiseta. Lucía tampoco quería que llevara sujetador… Ese capricho se le antojaba a Almudena más duro de cumplir que el otro, porque sus tetas eran realmente grandes, y temía que se le balancearan demasiado al llevarlas sin sostén… Pero la pelirroja mandaba… Se fijó en los pezones, duros como piedras, se metió el sujetador en el bolsillo del abrigo, y se vistió de nuevo su rojo top. Una camiseta ceñida, que le marcaba mucho los pechos.
Como no podía ponerse el abrigo, órdenes estrictas, la niña recorrió, con él bajo el brazo, la corta distancia que separaba su facultad de la cafetería donde la aguardaba Lucía.
- Hola.- la saludó la pelirroja, pasando la lengua por sus carnosos labios mientras observaba el movimiento de las tetas de su amiga.- Estás muy guapa. Parecen ubres, me encantan…
Almudena enrojeció.
- Bueno… veo que me has obedecido.
- Sí.- murmuró Almudena.
El local estaba bastante concurrido. Muchos estudiantes, y algunos profesores, tomaban café a aquellas horas. La rubia tomó asiento, y pidió una CocaCola.
- Bébetela pronto. Dame el tanga, y el sujetador.
- Ahora?.
- Claro.
Almudena, con disimulo, extrajo el tanga de su bolso y se lo entregó a su amiga. Lucía lo olió, con total descaro, y después lo lamió.
- Hueles bien. Y sabes bien.
La joven rubia permanecía sentada, escandalizada, había gente mirando…
- Y el sujetador?.
- Toma. – le entregó una pieza delicada, negra, muy hermosa.
- Mmmm, es bonito. Y grande. Claro, con esas tetas…
- Tenemos prisa?.
- Sí. Bébete pronto la CocaCola. Nos vamos de compras. Por cierto… qué tal te encuentras sin tanga?.
- Bien. Es… excitante. Y qué vamos a comprar?.
- Un vibrador.
- Qué?.
La pelirroja sonrió.
- Almudena, en serio, tú tienes un problema de oído, eh?. Vamos a comprar un vibrador. Mejor dicho, dos.
- Dos vibradores?.
- Eso es.
- Y para qué?.
Lucía suspiró… Qué ingenua era su amiga…
- Para qué va a ser?. Para jugar con ellos. Para metérnoslos. Tú me lo meterás a mí y yo a ti. Por delante y por detrás. Verás qué bien, te encantará. Ah, y después tenemos que depilar tu coñito. Venga, ya pago yo, acábate la CocaCola…Vamos, me apetece ver vibradores contigo…

Capítulo 5.

Con la lengua…

Caminaban por la calle, a buen paso. Lucía vestía una faldita corta, que dejaba al descubierto sus esbeltas piernas. Iba ensimismada, perdida en sus pensamientos, fantaseando con perder su lengua traviesa en el coño complaciente de su amiga. Creía que Almudena tenía un chochete muy generoso, muy receptivo, muy dispuesto a recibir cualquier clase de ofrenda. Además, era muy estrecho, y a la pelirroja la perdían los coños estrechitos…
Almudena también permanecía en silencio. Pensaba en su novio, había previsto quedar esa tarde con él, pasar unas horas juntos, tal vez hacer el amor… Pero Lucía, ese huracán imprevisible que de repente dominaba todos los acontecimientos de su vida, había dispuesto otra cosa. A la pelirroja se le había antojado ir a comprarse un par de vibradores. Uff, la rubia jamás había pisado un sex-shop… Le picaba la curiosidad… aunque también se sentía algo violenta…
- Qué tal con tu novio?.- preguntó la otra chica, como si le hubiera leído la mente.
- Bien. Pensaba quedar hoy con él…
Durante unos minutos Lucía no dijo nada, siguió andando tranquilamente, gozando de las miradas lascivas que le dedicaban algunos transeúntes. Resultaba muy llamativa, su cuerpo poseía unas líneas muy delicadas, el rostro arrojaba mucho desparpajo, y el pelo la convertía en seductora y diferente al mismo tiempo. Lucía se sabía un bombón.
- Vale.- dijo al cabo de un rato.- Queda con él hoy, esta tarde.
- Por qué?.- quiso saber Almudena, que ya barruntaba un posible juego nuevo…
- Porque me apetece que lo hagas.
La rubia se atusó la melena. Al no llevar tanga sus labios vaginales percibían muchos roces del contacto con los vaqueros, y esa sensación le provocaba un placer muy grato, y una mínima humedad que le estaba gustando mucho. Miró a su amiga, atónita, a Lucía le apetecía que ella quedara con su novio?, qué estaría tramando?…
- A ver, guapa… te conozco ya muy bien. Por qué te apetece que quede con él?, en qué estás pensando?.
- Tengo algunas ideas…- sonrió la otra joven, y en su cara se dibujó un gesto vicioso.
- Lucía… escucha… Nacho es muy serio. O sea, de estas cosas…
Almudena se había sonrojado. Estaba temblando, y no sabía cómo explicar a su compañera que su chico no entendería aquella clase de travesuras. Se trataba del típico joven tradicional, con mentalidad antigua, un tipo con escasa experiencia en las lides de índole sexual.
- Tranquila, tía. Tu Nacho no se enterará de nada, lo que yo quiero es esconderme en algún sitio y ver cómo te lo haces con él…
- Tú estás loca, Lucía.
El cuerpo de la pelirroja temblaba de excitación. De repente había olvidado los vibradores, en aquellos momentos lo que la ponía, y se estaba mojando ya mucho, era la idea de presenciar a su tierna amiga cabalgando sobre su novio.
- Por qué?, me encantará, tengo una curiosidad enfermiza por ver cómo os lo montáis… Venga, dejemos el sex-shop para mañana. Proponle que vaya a la residencia…
Ambas residían en una residencia de normas muy poco estrictas. A la pelirroja aquello le parecía una auténtica suerte, no soportaría la vida en otros centros donde se alojaban amistades suyas, que tenían que dar explicaciones continuamente y no podían subir invitados a sus dormitorios.
- Estás loca, Lucía. Cómo voy a hacer eso?.
- Él qué hace, estudia, no?.
- Claro.
- Y a qué hora va a clase?.
- Por la mañana.- respondió Almudena, nerviosa. Empezaba a preferir la idea del vibrador, incluso le apetecía ya sentir uno dentro de su resbaladiza gruta.
- Por la mañana!. Genial. Ahora estará libre. Mándale un mensaje, invítale a la resi…

La rubia ignoraba cómo se las arreglaba Lucía para convencerla siempre. De pronto las cosas habían cambiado, ya no iban a hacer compras eróticas. Se hallaban sentadas en la cama de su dormitorio universitario, planeando algo que a la pelirroja la estaba haciendo deshacerse en aguas caudalosas. Sus pezones se habían endurecido, y todo su cuerpo palpitaba de excitación, ella era muy sexual, necesitaba mucho sexo, y le fascinaba inventarse jueguecitos nuevos. La rutina, obviamente, la disgustaba un montón.
Nacho había accedido a encontrarse con su novia en su habitación, se aguardaba su llegada para las seis y media, eran apenas las seis. Hacía calor, un calor pegajoso, que envolvía, que se adhería a la piel y se adueñaba de ella. Almudena también se notaba cachonda…
- Yo me meteré ahí,- dijo Lucía, señalando el gran armario en el que las dos guardaban sus ropas.- y tú ya sabes lo que tienes que hacer.
Habían discutido sobre el tema, al final resolvieron que lo que más le agradaría presenciar a la pelirroja sería una felación. Quiero que se la mames, había pedido a su amiga, que se la comas como nunca lo has hecho… y que después te lo tragues todo…
- Lucía, te dije ayer que no me lo trago…
- Pues ya va siendo hora de que empieces…No sabe mal, ya verás, es como yogur…
- Qué cosas dices…
Al final, como de costumbre, Almudena había claudicado.
Decidió que, aunque Nacho propusiera echar un polvo, algo que ellos nunca hacían, ellos hacían el amor, ella le convencería para que se tumbara y disfrutara de una buena mamadita…
La rubia se sentía nerviosa, y Lucía cada vez más caliente. Era morbosa, y la atraían todas las situaciones diferentes. Empezó a desnudarse, ante la mirada interrogadora de su amiga.
- Por qué te desnudas?.
- Para disfrutar más, para qué va a ser. Me meteré desnuda en el armario, y así podré masturbarme sin trabas. No te preocupes, no haré ruido.
- Más te vale, creo que Nacho me mataría si te descubriera. Oye, en serio te vas a tocar mientras nos miras?.
- Pues claro, Almudena, qué pensabas que iba a hacer?, rezar?. Y no te agobies, tu novio no me descubrirá. Aunque es posible que le gustara un trío…
El rostro de Almudena se tornó encarnado, su amiga siempre lograba cortarla…
- Faltan unos minutos,- dijo la pelirroja, ya sin ropa.- te propongo una cosita…
- Miedo me das…
Lucía se echó a reír, la fascinaba la ingenuidad de la otra chica. Exhibió, orgullosa, su cuerpo por el dormitorio. Su potente culito, su coño depilado, sus bien torneadas piernas, su abdomen perfecto, sus pequeñas tetas… Lucía se sabía deseable, y explotaba al máximo todos sus encantos.
- Cómeme el culo, mientras no llega tu novio.
Almudena optó por aceptar. Llegada la cosa hasta aquellos extremos le parecía incluso ridículo negarse, ya estaba segura de ser la esclava sumisa de la atractiva pelirroja. En fin… la situación la divertía… y también le provocaba escalofríos intensos…
- Venga, vale, sólo un rato, eh?.
Lucía se acomodó en el suelo. A cuatro patas, su esbelta silueta sugería mil y una perversidades. Sus senos, breves, colgaban como racimos de frescas uvas, sus nalgas firmes ofrecían una redondez absolutamente perfecta, y sus rizos rojizos se deslizaban sinuosos sobre su rostro.
Almudena suspiró…
Se arrodilló, y olió con disimulo el orificio anal de su compañera. Muy limpia, su olor era muy bueno. La besó, justo en el agujero, y, mientras Lucía comenzaba a gemir, enterró allí su cara, y procedió a aplicarle dulces toques con la lengua. Al principio le desagradó aquel sabor tan… amargo?, pero, pensando que pronto tendría que tragarse toda la lefa de Nacho, se animó y empezó a chupar. Los jadeos de la pelirroja la enardecieron, y tardó poco en espabilarse y en comerle el culito de buenas maneras.
- Tócame también el coño!.- gritó la otra chica. Y, suplicando que su novio no se presentara antes de la hora convenida, Almudena, con su vagina absolutamente empapada, acercó sus tímidos dedos a la húmeda cueva de su amiga, y se dispuso a acariciarle tan jugosos labios.
Qué resbaladizo terreno… Almudena sudaba… Lucía gemía, los coños chorreaban.

Capítulo 6.

De yogur y fresas…

La lengua de la niña rubia aún conservaba el sabor del culito de Lucía…

… y, sin embargo, eso no podía ser cierto. Almudena acababa de comerse la polla de su novio, se la había mamado con muchísima pasión, nunca ella había succionado un pene de semejante manera, y se había tragado toda la leche con la que él la había obsequiado.
Todavía se sonrojaba al recordar el momento, Lucía oculta en el gran armario, ella al lado de Nacho controlando toda la acción, él extrañado, con una expresión cubierta de sorpresa, ella indicándole cómo había de colocarse, su rabo todavía flácido, sus manos femeninas muy trabajadoras, se evocaba a sí misma pajeándole, saber que su amiga la observaba la hacía sentir ardores internos, la polla creciendo… Almudena dispuesta a comérsela, tragándola entera, alimentándose de ella, chupando con ansia, chupando como una puta, chupando hasta conseguir el preciado oro líquido…
Pero, ignoraba por qué, su boca no guardaba el sabor de aquel néctar amargo y grumoso, no, no… su boquita tímida almacenaba todavía la textura rara, dulzona?, que desprendía el orificio anal de su amiga.

Caía la noche en el dormitorio, Nacho se había marchado hacía un rato, el calor intenso se adueñaba de todo, las dos chicas permanecían tumbadas sobre la cama de Lucía. Desnudas, las dos. Pezones erizados, enhiestos, oscuros y llenos de arrogancia. Coñitos libres de prendas de ropa, depilado uno y con abundante y cuidado vello el otro, los dos excitados, bastante más el de la pelirroja. Rodillas hermosas, tobillos juveniles, vientres desafiantes y repletos de juventud. Hombros bonitos, tatuado uno con una rosa y absolutamente virgen el de Almudena. Rostros pícaros y miradas traviesas.
- Te ha gustado?.- rompió el silencio la rubia.
- Me ha encantado. Me corrí como nunca… Tenías que haberme visto, me resbalaban mis jugos por las piernas… fue una gozada…
Almudena sonrió, le hacía gracia la forma en la que se expresaba su compañera de cuarto, siempre con gran desparpajo, sin tapujos, llamando a las cosas por su nombre.
- Por qué te gustó tanto?.
- Tía, fue increíble. Tú allí, con tu carita avergonzada, nerviosa, tu novio flipando… no sabía qué estaba pasando, su polla erecta, tu boca atrapándola…
La otra niña suspiró… Tal como lo relataba Lucía resultaba muy excitante.
- Me encantó ver cómo empezabas a comérsela, despacio, como sin ganas…y después te empezaste a animar… te fuiste poniendo cachonda, yo te escuchaba jadear y me moría de gusto… me encantó ver cómo se te desfiguraba el rostro de tanta polla como querías tragar… fue perfecto, me puse a mil cuando él empezó a irse… y, cuando se corrió y te lo tragaste, me sentí como si me quemara fuego, ardiendo por dentro… fue una pasada!.
- Vaya…
La mano de la pelirroja se dedicaba a acariciar con lentitud los muslos de Almudena. Eran fuertes, también firmes, y a la chica le agradaba el contorno de las curvas de su amiga. Era una mujer rotunda, llena de redondeces apetecibles, una joven tremendamente deseable, a Lucía no le hubiera importado comérsela a bocados.
- Dime, – inquirió la perversa pelirroja.- te gustó tragarte la leche?.
- Nada. Eso puede gustarle a alguien?.
- A mí me gusta. Te acostumbrarás. Es como yogur.
- No, guapa. Es… diferente. No sé… me agradó la situación, llevar las riendas, tener el poder, me sentí poderosa cuando él se vaciaba en mí, pero el semen me resultó bastante asqueroso.
Lucía estalló en carcajadas, tan alegres como ella. Se reía complacida, con la boca bien abierta, permitiendo la visión de unos dientes muy blancos, una dentadura perfecta de la que ella siempre sacaba mucho partido. Disfrutaba mordiendo, degustando carne de sus compañeros de juego en su boquita retozona, escuchando los gemidos fuertes de las personas a las que mordisqueaba.
A Lucía el sexo la hacía enloquecer, le fascinaba experimentar, probarlo todo.
- Ha sido genial. Otro día me dejas ver cómo te folla Nacho, vale?.
Almudena no dijo nada, consideraba que su amiga era insaciable.
La pelirroja le tocaba, en ese momento, el cuello. Dibujaba círculos chiquititos en su pálida tez, y, a veces, soplaba a Almudena en las orejas. A la rubia, sin saber por qué, la ponía aquella corriente de aire cálido. La niña estaba descubriendo muchísimas cosas que, hasta hacía muy poco, ignoraba absolutamente.
Lucía se había dedicado a vivir la vida, a bebérsela con tremenda intensidad, y, por esa razón, acumulaba un montón de experiencia sexual, no se detenía ante nada, lo que desconocía siempre estaba dispuesta a conocerlo.
- Venga,- dijo, le disgustaba perder el tiempo, siempre se mantenía activa.- vamos a hacer algo. Ponte a cuatro patas.
La rubia obedeció, empezaba a acostumbrarse a las repentinas órdenes de su compañera de dormitorio. La postura la favorecía, estaba bonita así, con las enormes tetas colgando hacia el suelo, su melena cayéndose sobre los hombros, el culo en pompa, el gesto en actitud de sumisión total.
- Repite esto.- propuso Lucía, siempre ocurrente.- Soy tu esclava y acepto todo lo que desees hacerme.
- Soy tu esclava…- comenzó a murmurar la rubia, sudorosa ya.
- No te oigo, habla más alto.- dijo la pelirroja, que ya le retorcía un pezón.
- Soy tu esclava y…
En ese momento Lucía lamió, con su pérfida lengua, una de las tetas de su amiga. La ensalivó, con lascivia…
- … acepto todo lo que desees hacerme.
… antes de proceder a comérsela. Almudena comenzó a jadear, quedamente, mientras su amiga succionaba su pecho, y tiraba de él hacia abajo, con sus calientes manos. El coño de Lucía se deshacía en zumos gelatinosos, y el de la rubia también se estaba humedeciendo. Olía a sexo, un aroma dulzón y salvaje.
La pelirroja dejó la teta, con gran pesar, y se levantó, después de indicar a la otra chica que no debía moverse. Recorrió toda la habitación, muy cachonda, sintiéndose una putita, y muy pronto halló lo que buscaba. Regresó a la cama.
- Te has movido, te castigaré.
- No me he movido, Lucía.
- Sí, yo misma pude ver cómo se te resbalaba parte del pelo. Te castigaré, y dos veces, una por haberte movido y otra por replicarme.
- Y en qué consisten esos castigos?.- preguntó Almudena.
Estaba muy divertida, ya le iba perdiendo el miedo a los juegos que proponía la otra joven.
- Ah, has preguntado!. Eso implica otro castigo. El primero será este.
Lucía, guapa, arrogante, con un cuerpo esbelto que emanaba belleza y derrochaba sensualidad, procedió a nutrirse del culito de su amiga. Lo besó, lo lamió, deslizó la lengua por aquel sendero estrechísimo, lo abrió con un dedo y se empapó con la boca de su sabor.
Almudena gemía…
La pelirroja llevaba en la mano lo que había ido a buscar: una fresa. La introdujo, despacio, en el coñito ya muy mojado de la niña rubia, y la penetró unos instantes con ella. Después, sacó la fruta de aquella gruta resbaladiza, y se la ofreció a su amiga, que tomó un bocado generoso. La mitad de la fresa la frotó contra el agujerito anal de Almudena, después se la comió. Las tetas de Almudena pendían hacia el suelo con voluptuosidad, Lucía se excitaba muchísimo al verlas así… deseaba de nuevo saborearlas. Propinó tres cachetes en las nalgas de la rubia, y la besó con furia en la espalda.
- Qué, qué te ha parecido el primero de los castigos?.- preguntó.
- Mmmmm… soportable. Creo que podré soportar también los demás.
Lucía sonrió. Las dos estaban húmedas, calientes como perras, ávidas de más travesuras.
La pelirroja se decidió por la vagina de Almudena, quería arrancarle jadeos de placer estimulándole el clítoris.
- Mañana, – dijo mientras la acariciaba.- iremos a comprar los vibradores.

Capítulo 7.

Lametones y preguntas…

Lucía se frotó la piel. Terminaba una ducha que, aunque había sido larga, no había sido demasiado reparadora. Tanta energía derrochada y tantas batallas sexuales pasaban cierta factura. La pelirroja notaba un poco de cansancio. Contempló su imagen en el espejo, siempre gozaba admirando la perfección de su cadera, o la bonita estampa de sus hombros. Se retorció un poco los pezones, y ya mismo los tuvo duros como piedras, bien erguidos, desafiantes. Después… aplicó crema sobre los muslos de los que tan orgullosa se sentía, muslos hermosos propios de una mujer de su edad, tersos y frescos, bien cultivados gracias al deporte y sin un ápice de grasa. Se fijó entonces en su culito, tan redondeado y rotundo… y fue en ese momento cuando recibió el mensaje.
En vestirse empleó un tiempo escasísimo. Se puso un top negro, justito, uno que le sentaba muy bien a esas tetas pequeñitas que a ella tanto le agradaban, un tanga del mismo tono, tan diminuto que apenas tapaba lo esencial, y una corta falda vaquera. No necesitaba más, con aquella ropa su aspecto era soberbio. Tenía que buscar unas medias entre el desorden que reinaba en su cajón, y, mientras lo hacía, reparó en su compañera de dormitorio.

- Almudena, qué haces hoy?.
Tras la impresionante sesión de sexo de la tarde, las dos chicas se encontraban cansadas. La pelirroja parecía pálida, y Almudena ofrecía un aspecto cansino, la mirada apagada de sus ojos delataba su total agotamiento.
- Nada. Pensaba ver un rato la tele y acostarme temprano… y tú?.
Lucía sonrió, y en su cara se dibujó un hoyuelo muy sensual.
- Pensaba lo mismo que tú… hasta que decidí que aceptamos el plan que acaban de proponerme.
- Decidiste?.- dijo la rubia, rompiendo a reír.- Desde cuándo también decides por mí?.
- Desde que, como tú muy bien sabes, te has convertido en mi esclava.
Almudena no pudo evitar soltar una carcajada. Su amiga tenía respuesta para todo, y era evidente que jamás se hartaba de jugar. Siempre estaba dispuesta a divertirse de un modo u otro, y adoraba cualquier tipo de travesura erótica. Almudena, a veces, se preguntaba cómo habría sido la pelirroja de niña, a qué edad habría dado su primer beso, cuándo habría comenzado a masturbarse, en qué momento habría perdido la virginidad…
Decidió interrogarla un poquito…
- Lucía… recuerdas cuándo te… te tocaste por primera vez?.
- Espera, espera… primero he pensado en castigarte… por haber puesto en duda mi capacidad de tomar decisiones por ti… y después, si te hace gracia, nos dedicamos a las confesiones.
- Vale.- repuso la rubia, intrigada.
A cada rato sentía mayor seguridad en sí misma, y ya no la intimidaban tanto las propuestas de su compañera de cuarto. La miró con coquetería, aguardando su correctivo. La niña, al saberse más atractiva y deseable de lo que antes pensaba, se hallaba a cada hora más bonita. Iba adoptando movimientos y posturas que la hacían seductora, se preocupaba por elaborar complejos peinados que embellecían su rostro adolescente, y se ponía prendas que realzaban las mejores zonas de su armónico cuerpo.
- Bien.- contestó Lucía.- Celebro que estés de acuerdo conmigo. Mereces ser castigada. Es una osadía, lo que has hecho.
- Sí, Lucía, lo sé.- respondió la joven, en actitud sumisa, y bajó la mirada.
- Quítate la ropa de cintura hacia abajo.
Almudena procedió a hacerlo. Se despojó de sus vaqueros Victoria Beckham, unos de color azul piedra que le sentaban divinamente a su culito. Los arrojó contra la cama de su amiga, consciente de que a ella ese movimiento le agradaría, y se deshizo, en menos de medio segundo, de su tanga. Una pieza breve, delicada, de tono blanco roto, llena de transparencias que, más que cubrir, mostraba. Lo cierto y verdad es que Almudena poseía muy poca ropa íntima de ese estilo, casi nunca llevaba esa clase de prendas, pero, desde que empezaran los jueguecitos con Lucía, la rubia se había vuelto mucho más exigente con su propia lencería.
Parcialmente desnuda, miró a su amiga…
Estaba guapa. Sí, sí… Con su dorada melena recogida en dos trenzas, algo que le confería un aspecto muy infantil, una camiseta rosa muy ceñida, que dibujaba a la perfección la bella silueta de sus pechos, y con su trasero al aire, su coñito estrecho y adornado por una mata de vello muy clarito, sus muslos firmes, y todas las curvas de sus piernas.
- Bien…- susurró la pelirroja, ya excitada.- Veo que le vas perdiendo el miedo al más que normal hecho de estar desnuda.
- Más o menos…- musitó la niña. Sus ojos azules denotaban sorpresa.
- Eso me agrada. Te felicito, aprendes rápido. Este es tu castigo, tienes que lamerme los pies. Me da igual como lo hagas, pero hazlo, y procura hacerlo bien.
Almudena se sonrojó. Consideraba que se trataba de una situación… violenta.
- Vale. Lo haré, claro, tú mandas.
- Así me gusta. Eres una putita muy obediente.
La chica decidió sentarse sobre la alfombra. Adoptó una posición que a Lucía le permitía tener una magnífica visión de su rajita vaginal. Ver aquellos pliegues, aquellas capciosas formas, que a la pelirroja le recordaban los capullos de las rosas, aquellos labios tan encarnados, tan gorditos… acceder visualmente al coño de Almudena a Lucía le gustó muchísimo. Pronto notó cómo su propio coñito se humedecía, y sintió unos irresistibles deseos de ser penetrada…
La rubia, por su parte, había optado por descalzar a su compañera. Lucía llevaba puestas, en aquel momento, las típicas zapatillas de estar por casa, las que se había puesto para salir del baño, y Almudena exhibió todo su repertorio de artes sexuales, un repertorio que ella misma juraría no poseer una semana antes, para, con la boca, sacárselas de los pies.
Mientras su bonita esclava entretenía su lengua peleándose con su calzado, Lucía, que siempre hacía lo que le venía en gana, alargó el brazo y tomó, de la mesita de estudio, un artilugio largo y delgado, en tonos lila. El preferido de sus vibradores, al menos de los que poseía hasta la fecha, al día siguiente pensaba ir de compras con Almudena. Tardó menos de un segundo en bajarse el tanga, y, todavía menos de medio, en introducir aquel juguete en su ya más que húmeda concha.
Cuando el tanga se deslizó a través de sus torneadas piernas, y rozó la mejilla de la rubia, Almudena alzó la vista. Era un cuadro sorprendente… y excitante…
Una de las niñas sentada en el suelo, abierta de piernas, con el torso inclinado hacia los ya descalzos pies de la otra, la pelirroja, altiva, desde su metro setenta y pico de estatura, con su ropa interior arrugada sobre sus tobillos y una mano moviendo con auténtico delirio un vibrador muy mono que perforaba una y otra vez su viscosa gruta.
La lengua de Almudena no escatimó en caricias, recorrió con placer todos los dedos de su compañera, besuqueó las uñas, succionó los pliegues de carne que se formaban, lamió toda la planta, se acercó al talón, deleitó el empeine con los labios y… satisfecha de haber cumplido con parte de su labor, besó con reverencia el pie izquierdo de Lucía, y lo posó, bien bañado en saliva, en su propio tanga, que antes había preparado para tal menester. Tomó, pues, entre las manos, el derecho de los pies, y se apresuró a repetir la operación anterior.
La pelirroja jadeaba…
Ella, por su parte, se follaba con el consolador, se lo metía a un ritmo salvaje, hasta el fondo, clavaba una vez y otra, a cada rato más mojada, mientras su respiración se agitaba y sus siempre erectos pezones se endurecían todavía mucho más. Se ayudó también con un dedo, y llegó a correrse justo cuando la rubia acababa de lamerle los recovecos más íntimos que había entre los deditos de su pie.
Se rieron, las dos, y la tensión del dormitorio se relajó, y las chicas se tumbaron, de nuevo exhaustas, sobre sus camas.
- Dime,- dijo Lucía, que se había adueñado del tanguita de su amiga y procedía a olerlo.- qué me querías preguntar antes, dijiste algo de la edad de mis inicios, no?…
- Sí… recuerdas a qué años diste tu primer beso de verdad?.
- No. Ni idea… no sé, tendría once o así… y tú?.
- No recuerdas tu primer beso?. Yo sí, tenía quince años.
- Seguro que te acuerdas de todos los detalles…
- Pues sí. Se llamaba Germán, y me gustaba mucho. La verdad… es que no besaba muy bien… pero fue bonito.
Lucía sonrió, le hacía gracia la rubia, era una chica muy divertida.
- Y eso era todo lo que querías saber?.- preguntó.
- No, hay más preguntas, si no te importa, claro, tú mandas…
Aquella insinuación hacia su condición de esclava logró dos cosas: que Almudena enrojeciera y que Lucía notara una cierta palpitación en el coño.
- No me importa. Pero una vez preguntas tú y otra yo, vale?.
- Vale. Me toca a mí…Cuándo empezaste a tocarte?.
- Ni idea… inconscientemente… sin saber qué hacía… de niña. Y tú?.
- Yo?. Hasta ahora apenas lo había hecho… a qué edad dejaste de ser virgen?
- Trece. Y tú?.
- Diecisiete. Te dolió?.
- Perder la virginidad?. No, nada. Antes de meterme la polla aquel chico me había metido otras cosas, muchas otras cosas…
- Qué tipo de cosas?.
- Me tocaba preguntar a mí, pero bueno… De todo, primero un dedo, luego dos, después tres…una zanahoria, un cepillo del pelo… yo qué sé…y, antes de perder la virginidad anal, me metieron un bolígrafo, luego un polo helado, no sé… hay que echarle imaginación…
La rubia permanecía acostada, con el rostro encendido y las piernas flexionadas. La ponía cachonda hablar así, aunque ni siquiera supiera reconocerlo, sentía que se estaba empezando a humedecer, y le gustaba que Lucía le confesara todas sus aventuras sexuales.
- Y en el coño te han metido hielo?- quiso saber.
- Bien, Almudena, bien… al fin empiezas a llamar a las cosas por su nombre. Claro, lo del hielo es una gozada, me lo han metido y me lo he metido yo…
La rubia suspiró… su amiga tenía tanta experiencia, a su lado ella no llegaba ni a la condición de novata…
- Venga, dúchate y vístete.- ordenó Lucía.- Nos vamos a cenar con dos amigas mías. Son lesbianas. Ah, ponte falda y no te pongas tanga.
Mientras Almudena procesaba la información recibida, la pelirroja se levantó y se acercó a su compañera. La besó en la boca, un beso tierno. Después, deslizó un dedo por la entrepierna de la joven, y se inclinó para chuparle un poco el coño. Posó sus labios en la concha mojadita de su amiga, y le aplicó unas pocas caricias linguales. Así, con el sabor íntimo de Almudena entre los dientes, Lucía se dispuso a buscar las medias que necesitaba, mientras la otra niña se preparaba para ducharse, agitada ante la perspectiva de una cena que intuía… diferente.
Fuera de la habitación, otras chicas también hacían planes para la noche.
Fuera de la residencia, había oscurecido, y las temperaturas estaban ya bajas…
Lucía encontró, al fin, unas medias muy bonitas…

Con ellas en la mano, y su chochito humedecido, entró en el cuarto de baño. De repente se le había antojado contemplar cómo se enjabonaba Almudena…

Capítulo 8.

Plátanos y lluvias…

Jadeaba, su respiración se había tornado muy salvaje, sus furiosos movimientos la hacían sudar, se encontraba absolutamente despeinada, su melena rubia había perdido su habitual compostura, y le cubría el excitado rostro y los hermosos hombros. Permanecía, desnuda, tumbada en la cama, con los pezones muy erguidos y las piernas muy abiertas. Muy bonita. Allí, a su lado, alguien cuya cara no lograba identificar le introducía un plátano en el coño, ya muy húmedo. Se trataba de una pieza de fruta todavía verde, por ese motivo podía penetrarla a la perfección, entraba en su gruta empalagosa con presteza y arrogancia… salía con garbo, y le arrancaba suspiros de placer, y volvía a meterse allí sin ninguna dilación, se trataba de una penetración rápida, profunda, que la estaba haciendo gozar mucho…
Entonces, justo cuando aquella persona se disponía a acompañar los movimientos de la banana con su lengua retozona, Almudena se despertó…

Uff, qué sueño tan erótico y tan grato… Sin duda la había alterado la visita a un sex-shop que había realizado aquella mañana con Lucía, que dormía plácidamente en su cama… Almudena, que nunca antes había estado en ese tipo de tiendas, recordó la luz envolvente que las había acompañado a lo largo de todo el recorrido, rememoró la gran cantidad de artilugios ( muchos de ellos desconocidos para ella ) que allí se exponían, visualizó aquellas vaginas sorprendentes que tanto habían fascinado a su amiga, y se acordó de la inmensa colección de condones que había visto. Todo había logrado captar su atención…
Almudena se levantó, y caminó descalza por la habitación, a oscuras… Echó un vistazo a la silueta de la pelirroja, en la penumbra se dibujaban muy hermosas las caprichosas formas de su silueta, y se apreciaba el delicado movimiento rítmico de sus rizos. La rubia pensó que su compañera de dormitorio era, sin duda, una mujer muy guapa.
Se acercó en silencio al cuarto de baño, y se sorprendió al comprobar lo empapada que estaba su braguita. Almudena no solía disfrutar de sueños de ese calibre… Se reconoció excitada… muy excitada, muy caliente… incluso muy guarra. Realmente guarra. Muy guarrita.
Tenía sed, y tomó un poco de agua del grifo, bebiendo directamente de las manos, dispuestas como cuencos para tal fin…
Después, con un arrojo y un valor que no creía poseer, la niña se deshizo del pijama que la estaba matando de calor. Se contempló en el espejo, que, a falta de luz, le devolvió una imagen que ella consideró bastante linda. Formas femeninas rotundas, senos contundentes, vientre redondeado… Almudena se halló bien con su propio cuerpo. Regresó a la cama vestida únicamente con la braga y, una vez protegida bajo las sábanas, se despojó también de ella. Recordó el tema que tanto atraía a su viciosa amiga, y se llevó la empapada prenda a la nariz. La olió, emitía un aroma penetrante, entre dulzón y amargo… Almudena no sabía describirlo, un olor fuerte, en absoluto desagradable. El perfume de su conchita cachonda…
La rubia se sintió perversa en aquel instante, quizá por primera vez en su vida… se humedeció los labios con una lengua ávida de sensaciones nuevas, y se confesó a sí misma que le agradaría mucho que, por ejemplo, la puerta del cuarto se abriera y un apuesto hombre se colara rápidamente en su lecho. Almudena disfrutó recreando en la mente esa idea, el desconocido no pronunciaría palabra, se limitaría a taparle la boca con una mano muy fuerte, y muy pronto comenzaría a follársela. Sin ningún preliminar, aquel tipo se colocaría sobre ella y le clavaría su polla hasta el fondo, como si se tratara de un puñal, su magnífica verga entraría en su cueva provocando algún roce deliciosamente doloroso, y la chica gemiría satisfecha ante tal furiosa embestida…
La sorprendió su propio jadeo…
Almudena estaba ya muy mojada, su coñito se había convertido en una laguna muy apetecible, y su cuerpo entero se hallaba en un estado de tensión muy sabroso. La piel erizada, sudorosa; el pelo desordenado, salvaje; el pulso encabritado, caliente; las tetas anhelantes, deseosas…
Con timidez, pero con mucha energía, la niña introdujo uno de sus dedos en su abertura vaginal, que la recibió muy gustosa y muy viscosa. Nadar entre aquellos líquidos del placer le estaba gustando a Almudena, que empezó a tocarse los labios, abultados, con el pulgar… Una postura algo incómoda, que, sin embargo, la estaba volviendo loca… Sus pezones habían crecido, se habían vuelto inmensos, y parecían a punto de reventar. La boquita de la rubia se moría de ganas de besar, lamer, chupar, morder, saborear… Almudena estaba como una perra.
Pronto se le nubló la vista…
Nada existía ya… sólo su coñito, que pedía más, necesitaba más, rogaba más, tenía hambre, estaba famélico de caricias, se lo comía todo, se tragaba su dedo con ansiedad, ansiaba más deditos sobre sus pliegues cubiertos de unas aguas muy pegajosas y muy aromáticas… todo palpitante, cachondo, guarro, una mano que se agitaba de modo muy rápido y una gruta mojadita que suplicaba a gritos más caña…
Almudena respiraba, gemía quedamente, y se sentía muy puta…

La presencia de Lucía la sobresaltó. La pelirroja parecía exhibir una gran sonrisa, aunque la oscuridad del dormitorio impedía asegurarlo a ciencia cierta. Habló en susurros, y su voz sonó increíblemente sensual…
- Te estás tocando?.- dijo, rasgando así, con su tono musical, el silencio de la noche que ya avanzaba hacia el día.- Me encanta, deja que yo también te dé placer…
- Vale. Pero sin luz.
Lucía sonrió. También a ella le apetecía más permanecer entre tinieblas, mucho más mágico, el deseo todavía se hacía mayor, las sombras lo convertían todo en asombrosamente deseable…
- Hazme sitio en la camita.
La pelirroja se metió en ella vestida, y unas sábanas impregnadas de sexo, de flujos vaginales y de esencias penetrantes, la acogieron en su seno. Lucía llevaba puesto un tanga minúsculo, y una camisola fina, de tirantes, que se adhería con lascivia a las delicias de su cuerpo. Almudena, con su timidez acostumbrada, no supo qué hacer y se quedó un rato quieta, y Lucía muy pronto tomó las riendas del asunto.
Se dispuso de manera que una de sus manos pudiera colocarse bajo las nalgas de la rubia, que jadeó enardecida. Y, con su índice y su anular, procedió a pellizcar las carnes de esos montículos redonditos. Su otra mano se perdió en las profundidades del coñito de Almudena, un dedo penetró en la hendidura acuosa, otro buscó con presteza el clítoris, uno más se dedicó a juguetear con los pliegues que formaban los labios vaginales, un cuarto se entretuvo pulsando un punto curioso que hacía gritar a la rubia…
Gritos de un goce desmesurado…
- Me encanta escuchar tus sonidos…- confesó Lucía.
Almudena jadeaba ya como una perrita, un jadeo muy animal… mientras, su chochito seguía siendo receptor absoluto de unos toqueteos bestiales que lo obligaban a deshacerse en mareas y marismas.
- Así,- la jaleó la pelirroja, caliente también.- respira así, esos gemidos me enloquecen, pareces una putita. La otra niña no respondió, continuó perdida en su mundo de gimoteos y contracciones vaginales que culminaron en un violento orgasmo. Almudena se corrió como nunca, explosiva y trémula, y Lucía tuvo a bien regalarle a modo de postre unas lamidas de lo más picantes. El coño de Almudena descargó toda su excitación en la boquita generosa de la pelirroja, que se bebió con gusto tan abundante dádiva de fluidos.

Minutos más tarde las dos jóvenes se enjabonaban en la bañera. Una pastilla de jabón de color rosa chicle se deslizaba suavemente sobre el hueso de la cadera de Lucía, y una esponja en forma de banana se frotaba contra la firme espalda de Almudena. Fue un baño largo, lleno de espuma, unos instantes de relax que las dos chicas, muy cómodas con su desnudez, aprovecharon para hacerse confidencias.
- Te ha gustado cómo te he comido el coñito?.- quiso saber la pelirroja.
- Uff, me ha encantado, metías la lengua muy dentro y eso me hacía enloquecer.
Lucía se rió. Claro que la hacía enloquecer, la niña no era tonta…
- Qué te gustaría hacer… no sé… dime lo más fuerte que se te ocurra…
- Lo más fuerte?, no sé…últimamente he estado pensando en depilarme ahí…
La pelirroja soltó una carcajada. Muy alta, muy sonora. Se mojó la cara con agua, y cerró los ojos para que el jabón no la hiciera llorar. Se la veía muy bella…
- Almudena, qué tierna eres. Y eso te parece algo atrevido?.
- Pues… sí… nunca lo he hecho…
- Tranquila, guapa. Ya lo haremos. Yo misma te depilaré, mañana.
- Vale. Pues… fuerte… no sé… hacerlo en un ascensor…
Lucía volvió a reírse.
- Almudena… estabas aprendiendo mucho… no lo jodas ahora… hacerlo!, hacer qué?, ya te he dicho que debes llamar a las cosas por su nombre.
- Vale. Pues eso. Follar. Follar en un ascensor.
- Follar en un ascensor… vaya tela… nunca lo has hecho, verdad?.
La pelirroja atrajo hacia ella el rostro de su amiga, y, sin previo aviso, buscó su boca para besarla. Le comió los morritos con pasión, y obsequió a la rubia con el intenso sabor de sus labios. Almudena se dejaba hacer, permitía que la otra lengua se adueñara de la suya, era succionada por las artes de su compañera de cuarto. Le gustó, la sensación, se excitó dentro de la bañera llena de néctares olorosos.
- Claro que nunca lo he hecho en un ascensor. Y tú, Lucía?. Para ti qué es fuerte?.
- No sé… lluvia dorada, eso me fascina…, eh, a ver…, sexo en grupo… me llama la atención alguna travesura con animales, me encantan los juguetes, de todo tipo…
- Espera, espera…- pidió Almudena, que ya procedía a secarse, envuelta en una toalla de tonos beige.- Vas muy rápido… vamos por partes. Lluvia dorada!…
- Sabes en qué consiste, no?.
Almudena dudó, tenía una ligera idea, pero… Se miraba, en aquel momento, sus grandes y oscuros pezones, unos botoncitos que hechizaban a la pelirroja.
- Ya veo que no…
- Sí, a ver, tampoco soy tonta. Es… mear sobre alguien… o que alguien mee sobre ti…
- Y qué te parecería a ti eso?.
- Lucía!.- susurró Almudena, un tanto escandalizada.- No vamos a hacer eso hoy, no?.
- Por qué no?. Es un buen momento para que te inicies en el tema…
- Tú crees?. Por qué no me sigues contando que más cosas te atraen?.
- Me atraen tus nalguitas.- dijo la pelirroja, propinándole un cachete en una de ellas. – Me atrae el bondage, el bukkake, el voyeurismo… ya te iré instruyendo… Es que ahora tengo ganas de hacer pis…
- Y?.
La voz de Almudena sonó ligeramente asustada.
- No te asustes. Ven aquí.
En aquel instante la rubia vestía únicamente una camiseta de tirantes, de color blanco. Aún no se había cubierto las partes bajas. Lucía se sentó, completamente desnuda, en la taza del váter, y contempló el coñito de su amiga. La fascinaba su vello, rizado y clarito, el abultamiento de sus labios vaginales, había catado el aroma que aquel tesoro desprendía, y sabía que le gustaba mucho, la maravillaba su asombroso sabor… A Lucía la excitaba muchísimo el coño de Almudena, aquel chochito estrecho que todavía no había experimentado muchas vivencias.
- Estás guapa, así.
Era cierto. Tras la ducha las dos lucían resplandecientes. La pelirroja desnuda, con sus perfectos muslos al descubierto, sus huesudas rodillas, las erguidas tetas, coronadas por unos pezones muy puntiagudos, la curvatura hermosísima de su espalda. La rubia con los pechos ocultos bajo la fina camisetita, la deliciosa elevación de su vientre redondeado, las bonitas piernas, el culito respingón… Las dos con los cabellos mojados, goteando todavía sobre sus cuerpos jóvenes…
- Mira, yo hago pis y te cojo la mano, vale?. No te asustes, no pasa nada…
Almudena aceptó, no del todo convencida…
Lucía cogió con fuerza la mano de su amiga. La otra la dirigió a ese coñito que tanto le agradaba, y empezó a mover, muy despacio, uno de sus dedos, recorriendo con él toda la geografía vaginal de la rubia. Almudena gimió…
Fue entonces cuando Lucía comenzó a mear…
En el cuarto de baño sólo se escuchaba el sonido de las respiraciones de las chicas, ya bastante agitadas, y el que producía el chorrito de pis de la pelirroja. Sin dejar de acariciarle el ya húmedo chochito, Lucía condujo la mano de Almudena hacia esa catarata de orina que de ella se escapaba… Y así fue como Almudena tuvo el primer contacto con las lluvias doradas. La niña, algo asustada, mantuvo la mano allí, mientras aquel torrente de líquido amarillo la empapaba y, ya cuando su amiga iba a terminar la micción, se decidió a rozarle su rajita con un dedo.
Resultó un contacto bastante explosivo.
Las dos se excitaron bastante tras esa aventura, y jadearon juntas en la noche que ya empezaba a clarear…
- Ven, – propuso Lucía mientras la rubia se lavaba las manos- no te vistas. Vamos a jugar con un juego de dados que tengo. Es de órdenes, es muy divertido, te encantará…
Almudena se dirigió al encuentro de su compañera, que estaba ya tumbada en la cama, con el rostro encendido, disponiéndolo todo para una nueva travesura…
La rubia sonrió, le quedaban muchas cosas por aprender…
- Almudena, ven, siéntate aquí. Mira, es sencillo, un juego de órdenes, ves?.
Amanecía. Había varios dados de colores. En ellos se leían indicaciones. Mandatos del tipo “besa a alguien en el culo”, “desnúdate”, “camina a cuatro patas durante cinco minutos”…
Lucía y Almudena se prepararon para disfrutar de otro rato excitante…

Capítulo 9.

Muchos juegos…

… y la verga, gruesa y bastante larga, horadó una vez más aquella hendidura viscosa. Una nueva embestida. Almudena, tumbada sobre la cama, sintió allá muy dentro algo, y se esforzó por emitir un débil gemido. El chico se enardeció, su pulso se aceleró, y volvió a clavarle la polla, esta vez con más ímpetu. Jadeaba, él, y su piel sudorosa evidenciaba su desgaste físico. La rubia, perdida en sus propios mundos, pensaba en el momento en el que la lengua de Lucía se había adueñado de su coño… evocar aquel reguero de saliva acariciando su vulva le provocó una intensa sacudida interna, y Nacho supuso que su novia estaba disfrutando. Se la metió de nuevo, ahora entraba y salía con rapidez, el estrecho chochito de la chica se agrandaba para permitir el paso a aquel instrumento que se aventuraba en sus profundidades. El joven lo intentaba, dentro y fuera sin pérdida de tiempo, pero Almudena se hallaba completamente ausente, lo que allí estaba ocurriendo a ella no la estaba afectando… su mente se había puesto a divagar… mientras notaba un cierto calorcillo en su orificio vaginal, producido más por el brusco roce que por la excitación que aquel inexperto pene le estaba originando, la rubia recordó la cena con las amigas lesbianas de Lucía… ahora la polla parecía embestir con menos fuerza, tal vez Nacho se estaba cansando… había sido una lástima que Sara, una de las chicas, se hubiera tenido que marchar tan de repente, el juego había adquirido ya unos matices muy divertidos… uff… Nacho!, gritó Almudena, me haces daño… lo siento, lo siento, musitó el joven, todo aturullado, y, con un nuevo movimiento inútil, le hizo daño otra vez… la joven sólo podía pensar en el escote tan mono que exhibía la novia de Sara, le hubiera encantado comérselo… uff, le dolía… espera, ordenó a su chico, yo me pongo arriba…
Cambiaron la posición… Almudena, antes torpe y vergonzosa, se movía ya con gran soltura. Su culito redondo, de nalgas contundentes, inició una danza sensual, cabalgaba ella, imprimía a su combate un ritmo delicado en absoluto exento de rapidez, sus tetas, grandes y apetitosas como la fruta fresca, se balanceaban sin descanso, y el hombre, aturdido ante aquel imprevisto cambio de roles, le pellizcó, excitado, uno de los sabrosos pezones. Así, no, Nacho, se quejó ella, con más dulzura, y al instante le vino a la cabeza el inmenso dolor que le había causado Lucía en la cena con aquellas amigas suyas, le había retorcido uno de sus botones de manera muy salvaje… pero se trataba de un castigo, la había castigado porque ella había olvidado su orden y se había puesto ropa interior… y eso era distinto, el pellizco había sido merecido… y, tras el dolor inicial, vinieron unos segundos de calor, de excitación, la humillaba también ese momento… y todo junto había hecho que se humedeciera y disfrutara. Lo de su novio, en cambio, simplemente le había dañado el pezón, no le había provocado ningún latigazo de placer. Se movía, ella, dominando, y se echaba hacia atrás para notar la polla muy dentro, quería tragársela entera, tenerla allí, bien metida, sentirla grande y gorda en la estrechez de su coñito, mmmmm… ahora sí le gustaba, así!, suspiró jadeando, contrajo los músculos vaginales todo lo que pudo, Lucía le había dicho que eso enloquecía a los hombres, sí, parecía que sí… el rostro de Nacho aparecía desencajado, su respiración se había agitado muchísimo… Almudena gozaba, por fin!, de un polvo con su novio… sí, sí!, musitó, más… y la verga seguía muy dentro y… Nacho, no te corras!!, ni se te ocurra…
Se le había ocurrido…
El joven se corrió con ganas, se deshizo en leche grumosa, toda su generosa aportación de esperma se hubiera estrellado contra las paredes internas de la rubia de no haber sido por el condón, me corro, me corro… dijo, como si ella no se estuviera dando cuenta… y se corrió. Almudena se tumbó a su lado, en la cama, y aguardó tranquila, muy caliente, unos segundos, mientras él se recuperaba de su batalla. Nacho sudaba. Un par de minutos después, todavía sudando, el chico se dispuso a encenderse un cigarrillo. Y yo qué… quiso preguntar su novia, enojada, con su gruta mágica hambrienta, ávida de alimento, pero se lo pensó mejor y no dijo nada, si se quejara Nacho la miraría con cara de no entender nada… ella no había llegado?, tampoco le preocuparía mucho… se limitaría a frotarle el coño con sus toscos dedos, con tan poco arte que ella acabaría dolorida y enfadada.
En lugar de hablar se dirigió al cuarto de baño, se encontraba en casa de su novio, y se preparó para rematar ella misma la faena. Bajo la ducha, temblando, el agua allí siempre salía helada, Almudena se sintió guarra y perversa, y quiso experimentar… Se acercó el chorro hacia su todavía insatisfecho coño. Mmmm…, parecía placentero aquello, pero era una sensación demasiado dulce, precisaba más caña. Cerró el grifo y se enjabonó bien, se untó con gel los muslos, el abdomen, su monte de Venus, los pechos, ni una sola parte de su bonito cuerpo dejó de percibir aquella olorosa ofrenda… después, muy cachonda, echó un vistazo a la estantería, y encontró algo que creyó podría aliviar su hambre sexual, estaba como una loba. Con su melena rubia mojada, la carita tímida pero dotada de una expresión pícara, Almudena procedió a introducir uno de sus dedos en su orificio anal, cada vez la excitaban más las caricias en el culo… el dedito, enjabonado, entró sin ninguna dificultad, y la niña lo movió con gusto… era extraño, aquella cavidad tan cerrada… y, sin embargo, le fascinaba sentir aquel cosquilleo caliente… avanzó un poco más… se sentía muy puta haciendo aquello, se adentró otro poquito, mmmm…, en un momento le pareció notar que deseaba ir al baño… pero no… sin duda esa percepción la causaba el hecho de andar hurgando por allí… conquistó otro pedazo de terreno… siguió… gozando de las dificultades que entrañaba ya la ascensión… jadeó… se le irguieron los pezones… y, cálida y húmeda, y zorrita, empezó a tocarse también el coño. Se aplicó tres o cuatro toqueteos manuales… y… sabiéndose muy perra, se introdujo el cepillo del pelo que antes había cogido del estante. Aquel cilindro duro, frío, la penetró con agresividad, y Almudena enloqueció con aquel baile tan raro, una mano entregada a su culo, la otra metiendo y sacando el cepillo, su gruta pegajosa y mojadísima… mucho placer… la rubia se regaló una buena dosis de goce, gimiendo quedamente, hasta que alcanzó el orgasmo.
Después, temblorosa y palpitante, extrajo el mango del cepillo del interior de su concha, y lamió todos aquellos néctares que se habían adherido a él… se comió el cepillito como se hubiera comido una polla… la situación le gustó y lo mamó como si fuera una puta, se lo tragó enterito, y succionó y succionó hasta que todos aquellos pegajosos jugos dejaron de existir. Qué haces, Almudena, preguntó Nacho desde el dormitorio, duchándome, repuso ella, y abrió de nuevo el grifo, y se dio cuenta de que tenía ganas de hacer pis, y descubrió complacida que los zumos de su pasión sabían realmente bien…

- Qué haces?.
- Hola.
La voz de Lucía la sobresaltó. Regresaba de la calle, guapísima, con unos vaqueros que le sentaban genial, le hacían un trasero divino. Almudena estaba en el cuarto, curioseando en la mesita de su compañera.
- Estaba aquí, mirando tus cosas. Me hace gracia toda esta cantidad de juguetes.
- Ya… es que soy muy juguetona.
Almudena no lo dudaba. La pelirroja era la chica más atrevida que conocía…
- Mira, échemos unos daditos, tienes tiempo?. Lucía se refería a un juego de órdenes que la niña ya conocía…
- No mucho. He quedado con Inés. Una tirada cada una, vale?.
- Vale. Qué tal, cómo te fue con Nacho?.
- Bah…
- Qué… cuéntame, tía… me gusta saber…
- Ya, ya lo sé yo…
- Es que eres muy tímida, Almudena. Hablas muy poco de sexo…
- Pues… lo hicimos… echamos un polvo y, cuando empezaba a gustarme, porque hasta entonces había sido un mete-saca absurdo, él…
- Él se corrió, no?.
- Pues eso. Total, que me lo acabé yo solita.
La pelirroja aplaudió, encantada. Sus ojos traviesos brillaron de emoción.
- Almudena!, genial!, ves?, ahora eres distinta, sabes procurarte tu propio placer, te masturbas, reconoces que tu novio no es bueno en la cama…
- Ya, sí, es verdad… con una maestra como tú… Lo de Nacho es horrible, lo hace fatal.
- A ver…- musitó Lucía, que empezaba a darle vueltas a una idea.- a ver… tú me dijiste que sólo te has acostado con tres tíos, verdad?.
- Sí. Pero tengo dieciocho años, Lucía, tampoco está tan mal…
- Qué dices… Tengo yo diecinueve y llevo más de cincuentas cipotes…
Las dos soltaron una carcajada.
- Es que tú eres muy guarrilla.- bromeó Almudena.
- Y tú estás empezando a serlo. El caso es… con alguno de tus tres amantes has disfrutado de una buena penetración?, te han matado de gusto?, te has corrido como una perra mientras un tío te clavaba la polla bien clavada?.
Almudena suspiró. La pelirroja era incorregible. Vaya lenguaje…
- Lo cierto es que creo que no… Mira, Lucía, para serte sincera… muchas veces, cuando me la meten, me duele un poco… pero no un dolorcillo placentero, no, una sensación desagradable y, después… bueno, es que… yo nunca me ponía arriba… por lo tanto, la verdad es que me aburría bastante… Te confieso que en varias ocasiones he fingido para que el tío dejara de darme empujones sin ningún sentido.
- Ya… es que has tenido mala suerte… te has tropezado con hombres que no tenían ni idea… o que eran unos inexpertos… como tú hasta no hace mucho…
Estaban sentadas sobre la alfombra, descalzas. Con el dedo gordo de su pie derecho, Lucía se dedicaba a acariciar la rodilla de su amiga, que llevaba falda. A la rubia le agradaba aquel contacto, delicioso, nunca hubiera sospechado que la excitaría que le tocaran la rodilla…
- Venga, Almudena, tira los dados, si no no nos dará tiempo.
La chica agitó el cubilete, como si se dispusiera a iniciar una partida de parchís, y dejó que el dado danzara por el suelo. Al final se posó, quieto, y ambas leyeron, intrigadas, lo que ponía en aquella cara, de color amarillo, del objeto que dictaría las órdenes. Beso, se podía leer.
- Bah,- dijo Lucía.- siempre te tocan las pruebas más sencillas. Beso!!!, ya ves…
- Es lo que me ha tocado.
- No habrás hecho trampas?.
- Tira tú.
Jugó la pelirroja, y, tres segundos después, las dos leyeron la palabra masturbación.
- Así es muy aburrido.- habló Lucía, que gustaba siempre de añadirle dosis de emoción a todo. – Vamos a introducir unos cambios, vale?.
- A ver… dispara.
Almudena se preparó para escuchar a su amiga, Lucía siempre lograba sorprenderla. Continuaba rozando con su dedo su rodilla, y, la verdad, la estaba poniendo a cien. Incluso sentía ya cierta humedad allá abajo…
- Pues… a ver… tú tienes beso. Pues lo que tienes que hacer es besar a una de las chicas de la residencia, la que tú quieras.
- En la boca?.
- Dónde quieres que sea?, en la mano?, en la frente?.
- Joder, Lucía… Cómo voy a besar en la boca a una tía, sin más ni más… qué le digo?.
- Ah… eso ya es cosa tuya. Dile lo que se te ocurra. Yo qué sé… que quieres probar, que es una apuesta, que estás loca por ella… Por cierto, espero que elijas bien…
- Cómo te pasas…
- Y yo, como me ha tocado masturbación, me masturbaré en un ascensor lleno de gente, te parece?, y tú vendrás conmigo.
Almudena asintió. Ignoraba cómo se las apañaría su compañera de cuarto para llevar a cabo tal hazaña, pero estaba segura de que lo conseguiría sin grandes problemas.
Lucía era atrevida, echada para adelante, valerosa. Todo lo que no era Almudena…
- Ah, y sobre lo de los chicos… tú no te preocupes. Has tenido mala suerte. Tengo yo un amigo que folla… mmmm… increíble, te encantará. Se llama Mario. Luego le pongo un mensaje y quedamos con él. Hacemos un trío, te apetece?.
La rubia contestó que sí. Llegada la situación a ese punto… ya quería vivirlo todo, experimentar.
- Genial!.- se entusiasmó Lucía,- Verás lo mucho que te gusta Mario. Además, está muy bueno. Y, ahora, vamos a seguir con el juego.
- Ahora?. Estás loca?, yo tengo prisa…he quedado con Inés…
- Dar un beso a alguien no te puede llevar mucho tiempo…
- Con lengua?.
- Qué pregunta tan tonta…
Abandonaron, las dos, el cuarto. Lucía cimbreando la cintura, un contoneo que le sentaba muy bien a su hermoso culo, que se movía sugerente debajo de sus perfectos vaqueros. Almudena exhibiendo unas piernas que, cada día que pasaba, le gustaban más.
Risueñas, ambas, con las mejillas encendidas, el gesto pícaro, las melenas sueltas. Muy zorritas.
Entraron en una de las salas más concurridas de la residencia. A aquellas horas, algunas chicas veían la tele, otras leían, dos estaban usando el móvil… Se detuvieron en la entrada, las chicas, y Almudena se dedicó a observar… Su mirada se paseó de un lado a otro de la estancia… ella no lo sabía aún, pero la mano de la pelirroja empezaba a entrar, con dificultad, en el estrecho hueco que había entre sus pantalones y la piel de su cuerpo… los ojos de la rubia se detuvieron un instante en Noemí, no, sin duda le daría una bofetada… ya los dedos de Lucía alcanzaban su húmedo coñito, la niña se preguntó si Carmen sería una buena elección… decidió que no, demasiado bella, seguro que tenía mucha experiencia… el índice de la pelirroja acariciaba aquel paraíso mojado que empezaba a agitarse… y la rubia se decidió, al fin.
Marta sería la elegida.
Lucía continuaba tocándose, nadie parecía haberlo advertido…
Marta era de las más jóvenes, morena, de cabellos cortos y sonrisa seductora. Estaba enviando un mensaje. Almudena se acercó a ella, con una decisión que a ella misma la asombró, y, directa al grano, le habló a su compañera de residencia de un supuesto juego que perdería si no lograba besarla en la boca. Lejos de escandalizarse, la adolescente se rió.
- Vamos allá.- propuso, con su acento andaluz.
Y se comieron los morritos. Lucía, satisfecha, contemplaba la escena con su mano perdida en sus confines internos, toqueteaba aquí y allí gimiendo de modo imperceptible, gozando de la humedad de su gruta, mientras las bocas de las jóvenes se chocaban, se rozaban, se mordían… Fue un beso largo. Almudena dominó la situación, se apoderó de la lengua de Marta, la dominó a su antojo, y la besó hasta que las dos comenzaban a marearse.
Lucía había logrado introducirse un dedo en el orificio, mmmm, le hacía falta allí dentro…
- Lo he hecho. – se congratuló la rubia mientras las dos abandonaban la sala, una sala en la que se habían convertido en principal tema de conversación.
- Ya lo he visto. Ha sido estupendo. Yo… me he estado tocando…
- Allí?, no me he dado cuenta…
- Mira.
Y, al decirlo, le condujo la mano hacia la entrepierna. Almudena palpó la tela del vaquero, y se dio cuenta de que estaba mojado…
- Ya veo, ya… Pero dijiste que lo harías en un ascensor, lleno de gente.
- Ya lo sé.
- Has incumplido.
- Sí, merezco ser castigada, no?.
- Pues sí.
- Vale. Arrodíllate delante de mí.
- Yo?. Por qué?. La que te mereces el castigo eres tú.
- Ya, ya lo sé. Cuando te hayas arrodillado te diré qué castigo me impongo.
- Joder…
Se encontraban en mitad de un oscuro pasillo. Almudena se puso de rodillas, y no protestó cuando su amiga se inclinó para tocarle el culo. Le amasó las nalgas, las pellizcó… y… en un movimiento que Almudena ni siquiera tuvo tiempo de percibir, se bajó los vaqueros y situó su coñito, protegido por un tanga diminuto, a la altura de su boca…
- Huele…- dijo.- mira qué bien huele mi chocho después de haberme estado tocando…
Almudena lo hizó, apartó el tanguita, enterró allí su nariz, y aspiró aquel aroma tan penetrante.
- Huele bien, sí…- reconoció, excitada.
Y, en un arrebato de valor, con las rodillas clavadas al suelo, empezó a jugar con su lengua en la geografía genital de Lucía.
- Mmmmm… sí, sí… cómeme el coño, cómemelo así… mi castigo será el siguiente: vamos a quedar con mi amigo, de acuerdo?… haremos un trío… yo sólo podré tocaros, a mí no me tocaréis, vale?…, yo podré dar pero no podré recibir…qué te parece?.
Almudena no dijo nada, concentrada en beberse los jugos de Lucía. Decidió que su culito también merecía atenciones, y se las ingenió para meterle un dedo en su siempre receptivo agujerito anal.
La pelirroja jadeó, extasiada…

Capítulo 10.

Putitas.

… llevaba las uñas, largas, pintadas con esmalte morado. Se encontraba tumbada en la cama, desnuda, con las piernas abiertas, rodeada de cojines de varios colores. Había regresado de clase hacía muy poco tiempo, y se había sentido excitada, puta, guarra. Su coñito, ya prácticamente depilado gracias a las artes y los consejos de Lucía, le pedía una ración urgente de toqueteos. Almudena, que muy pocas veces en su vida había sentido ansiosos deseos de masturbarse, se desnudó sin mayor dilación, y, rauda y muy cachonda, condujo su mano hacia esa rosa que tenía entre las piernas, esa que agradecía mucho las caricias y tardaba muy poco en convertirse en un turbulento manantial.
La niña rubia inició muy pronto un frenético baile de deditos juguetones. Su chochito más que humedecido palpitaba, gozoso, gozando…, y Almudena recorría con su lengua los labios superiores, tan carnosos, mientras para los íntimos se decantaba por alternar toquecitos suaves con pellizcos fuertes. Su coño quería más, deseaba más, necesitaba más, Almudena introdujo un dedo en su hendidura mojada y abierta, y lo movió con gran garbo, después se penetró con dos, dos deditos de largas uñas profanando su gruta empapada… pero no era suficiente, la joven anhelaba algo más, de repente tenía unas ganas horribles de que la follaran, de ser salvajemente follada por una polla grande y gorda, visualizó una, un verga anónima, un pene sin rostro entrando en su vagina una y otra vez, una penetración profunda… y a punto estuvo de llegar a correrse. Se contuvo… quería disfrutar de aquella sensación, y buscó en la mesilla que tenía a su izquierda un vibrador, un bonito aparato de color marfil, un artilugio que prometía mucho placer y muchos suspiros. Primero pensó en metérselo por delante, pero algo la hizo cambiar de opinión. Con la mano derecha continuó navegando a través de las corrientes marinas que escapaban de su cueva enaltecida, mientras que con la izquierda, ayudándose con todos aquellos flujos calientes que expulsaban sus entrañas, trataba de acoplar el instrumento a la estrechez de su orificio anal.
Hacía días había participado de un trío… y había probado con un consolador ahí detrás…
Poco a poco la cabeza del vibrador fue consiguiendo su objetivo, entró la puntita en el sabroso culo de la chica, que gimió… buscó una postura más adecuada y logró conquistar más terreno, sin apenas dolor la polla artificial se fue haciendo dueña de aquel sendero rosadito que tantas dificultades de ascensión penetraba… Almudena siguió deleitando su coño con las caricias que él precisaba, mientras el pene falso la follaba por detrás, al principio muy despacio, más tarde con un ritmo mayor…
Cuando alcanzó el orgasmo… la cama, deshecha y húmeda, evidenciaba el rastro de una intensa actividad sexual. Almudena sudaba, saciado ya su apetito descomunal, y sus pezones erguidos hablaban por sí mismos de lo mucho que había saboreado aquella masturbación. Todo su cuerpo lucía pleno, orgulloso, ebrio de pasión y de sexo desatado. La chica, en poco tiempo, había aprendido muchísimo. Deseaba experimentar, probar, palpar, beber y comer…Almudena, en las noches en las que el sueño tardaba en conquistarla, visualizaba momentos que la convertían en una perrita. En una zorra. Fantaseaba con lluvias doradas sobre su rostro, no veía caras, sólo chorros de orina caliente estrellándose en sus mejillas; con polvos salvajes en los que unos desconocidos se la metían por delante y por detrás, dos inmensas vergas perforando su chochito y su culo; con camas redondas donde todas las participantes eran chicas, chicas que ella no conocía, chicas de las que sólo veía los coños, unos estrechos y otros no, algunos rasurados y unos pocos con vello, las tetas, grandes y pequeñas, duras, las lenguas, voluptuosas y malvadas; con sexo, Almudena fantaseaba con un sexo muy diferente al que ella había disfrutado hasta el momento, con fluidos, olores, texturas, sensaciones, gemidos y sudor.

… habían pasado tres días desde el último encuentro sexual entre Almudena y Lucía. Justo cuando la rubia empezaba a acostumbrarse, incluso a sentir verdadera adicción a todas las travesuras propuestas por la pelirroja, ésta había decidido enfriar su comportamiento con su compañera de dormitorio. Se trataba de pequeños detalles, que desconcertaban enormemente a Almudena. Tras su visita a la tienda erótica, después de haber regresado a la residencia cargadas de juguetes, revistas, condones de diversas formas y colores, tangas sugerentes y delicados…después del trío y de los juegos de dados… Lucía se había mostrado mucho menos dispuesta a los escarceos carnales. Cuando su amiga le formulaba alguna pregunta, o se atrevía a lanzar una tímida sugerencia, ella decía estar ocupada, simulaba un enganche total al messenger, quedaba con otra persona o, simplemente, no contestaba.
Almudena ignoraba cómo interpretar aquel comportamiento. Sus escasas experiencias vitales la convertían en un torpe juguete en manos de la pelirroja, que sabía perfectamente cómo moverse, cómo actuar, cómo hablar.
Aquella tarde, anochecía ya, Lucía entró en el dormitorio con el gesto preocupado y una expresión de furia contenida. Estaba muy bonita, así. Sus cabellos rojizos parecían brillar con más fuerza, y su mirada ofrecía unos destellos agresivos que la hacían muy deseable. Almudena la contempló mientras se quitaba los zapatos. Eran unas bailarinas de color castaño, de punta redonda, y la pelirroja extrajo de ellas sus pies con una lentitud casi exasperante. La rubia incluso se excitó observándola… la puso a cien ver cómo empezaron a vislumbrarse sus bonitos empeines, la calentaron sus finos tobillos, se imaginó comiéndole con su boquita ávida aquellos dedos tan hermosos… Lucía, siempre seductora y siempre deseosa de miradas de aprobación, se quitó después los vaqueros. Eran azules, de un color bastante oscuro, y se ceñían muy bien a la deliciosa curva de su culo. A Almudena le encantaba el culito de la pelirroja… tan redondo… el clásico culo del que una podía presumir, tan bien hecho… con esas nalgas tan rotundas y tan firmes… un trasero poderoso… la rubia recordó los días en los que su lengua vergonzosa le había saboreado la rajita y notó cómo se humedecía. El orificio anal de Lucía desprendía un aroma intenso, para nada desagradable, aquella carne tan tierna y sonrosada sabía a algo extraño que Almudena había gozado chupando… la niña se sintió muy perra al evocar las veces en las que le había comido el trasero a su amiga.
El tanga de Lucía, de un elegante color hueso, era breve y bonito. Aquel hilo tan fino se colaba entre las delicias de su raja anal, y, a cada lado, quedaban las dos nalgas, perfectas, jugosas como un jardín recién regado, comestibles. La pelirroja se acarició el culo con su mano traviesa, y tardó muy poco en deshacerse de la prenda íntima. Se la quitó con desparpajo y la acercó a la nariz, le fascinaba olisquear su propio olor vaginal. Lucía disfrutaba del sexo ampliamente, le agradaban los aromas, los sabores, las formas, los sonidos… no despreciaba nada, lo quería todo, para ella el sexo era un conjunto de muchas mezclas explosivas.
Así, sin ropa en las partes bajas, la pelirroja lucía magnífica. Fiel a su costumbre, no llevaba sujetador, y sus pechos apuntaban con descaro hacia arriba, bajo aquella fina camiseta lila. Se desprendió de ella, al fin, y Almudena se mojó mucho más al contemplar aquellos pezones oscuros y puntiagudos. Tan altivos, tan rizados, tan monos… la rubia olvidó la escasa comunicación que últimamente había entre ella y su compañera de cuarto, y procedió a rozar con un dedo ensalivado los preciosos pliegues que daban forma al coñito de Lucía. La pelirroja se dejó hacer, muy sabia condujo el dedito hacia su hendidura ya húmeda, y se lo tragó sin compasión. Almudena se lo movió durante un buen rato, movimientos circulares intensos que la chica de los cabellos rojos agradecía con gemidos y suspiros.
Luego sonrió… una sonrisa pícara.

- Juguemos a una cosa.- dijo.
Almudena, sorprendida, aceptó. Tras tres días sin haber cambiado apenas alguna palabra con su perversa amiga, parecía que al fin la pelirroja volvía a las andadas. Se alegró por ello, ya no concebía su vida sin aquellas travesuras que tan caliente la ponían. Había descubierto una nueva manera de vivir el sexo… y en absoluto quería dejar de vivirlo.
- Tú serás mi puta, de acuerdo?.- propuso la pelirroja.
- Tu puta?.
La rubia formuló la pregunta un poco escandalizada.
- Sí. Has oído hablar de las putas alguna vez, supongo…
Almudena soltó una carcajada. Muy sonora.
- Sí, Lucía.- repuso, con gesto sumiso.- Sé que son las putas.
- Más te vale. Ahora eres mi puta.
Desnuda, guapa, arrogante y sensual, Lucía jugueteó con su brillante melena rojiza, esa melena que hacía enloquecer a muchos hombres. Acarició el pelo de su compañera, casi con desprecio, y la obsequió con un suave tirón. Luego, se acercó con coquetería a la mesita que le hacía las veces de escritorio, y hurgó en su pequeñita cartera de Tous. Extrajo un billete de cincuenta euros… y posó sus ojos orgullosos en los tímidos que ya Lucía bajaba hacia el suelo.
El coño de la pelirroja empezaba a humedecerse mucho… y el de la rubia ya rezumaba néctares bien olorosos.
En el dormitorio la tensión se desataba…
- Toma.
Arrojó el billete, arrugado, al suelo. Almudena lo miró, miró a Lucía, y esperó, paciente, a ver cuál era la instrucción. El nuevo juego la ponía cachonda, pero también la humillaba bastante.
- Coge el dinero con la boca.- ordenó la pelirroja a su amiga.
Almudena se arrodilló sobre la alfombra, inclinó su bello cuerpo, y con sus blancos y perfectos dientes, atrapó el billete. Volvió a ponerse en pie, y lo dejó sobre la mesa.
- Desnúdate. Te he pagado para que te desnudes, excitándome al hacerlo, y para que extiendas crema de este tubo sobre mi cuerpo.
- De acuerdo, Lucía.
La rubia se fijó en la crema, se trataba de una bastante cara, de Chanel, con un perfume muy rico, que Lucía siempre se aplicaba al salir de la ducha. Imaginarse a sí misma untando de cremita los muslos de Lucía, su vientre plano, sus rodillas, el hueso de su cadera… la volvió loca, la puso a cien… y procedió a empezar a quitarse la ropa…
Mientras Lucía se sentaba, desnuda, sobre una butaca, Almudena comenzaba a desprenderse de su blusa blanca, despacio, botón a botón, con la piel erizada, los pezones elevados, el coñito anhelante…
Un nuevo juego estaba en marcha… y prometía emociones fuertes…

Capítulo 11.

Con insultos…

…algún reloj lejano anunció las cinco de la madrugada. Lucía y Almudena, exhaustas, sudorosas, cansadas, permanecían acostadas sobre la alfombra, completamente desnudas. La niña rubia retorcía entre sus dedos uno de los pezones de su amiga, que recibía la caricia gustoso, exhibiendo su máximo esplendor. La pelirroja, en cambio, deslizaba su mano izquierda por la suave curva del abdomen de Lucía, arriba y abajo.
- Qué gozada, sentir tu piel…
- Mmmmm… a mí me encanta notar tus pezoncitos…
En los rostros de las dos chicas se apreciaba un evidente agotamiento…
La piel de sus cuerpos brillaba, un brillo provocado por la mezcla de sudor y de crema; sus coñitos, jóvenes y juguetones, descansaban bien satisfechos tras un frenético combate sexual, sus bocas perversas se habían alimentado con los néctares de su pasión.
Las dos lucían guapas, guarras, sugerentes…
Habían vivido una noche intensa… ahora, tras un baño reparador, reposaban…

La pelirroja se había tomado muy en serio su papel. Almudena era su puta, y como tal la había tratado. Lo primero que había hecho había sido gozar de su encantadora manera de quitarse la ropa. Lucía se había sentado en una butaca, sin ninguna prenda encima, con el chochito muy húmedo y el apetito sexual bien desatado. La rubia había empezado por la blusa… Era blanca, entallada, cerrada con botones por la parte delantera… Almudena los fue desabotonando muy despacio… lentamente… mientras con la lengua se rozaba sus carnosos labios… Lucía gemía un poquito… y su compañera procedió a ofrecerle la visión de su torso, tetas y abdomen, antes de deshacerse de la blusa. Su sujetador, en tonos marfil, muy lleno de encajes rizados, aumentó la excitación de la mujer de cabellos rojizos.
Almudena arrojó la blusa contra la almohada, y se acarició los hombros, el canalillo, la tierna piel que bordeaba su ombligo… luego se bajó los tirantes del sostén… sin prisas… y se estrujó ella misma sus grandes pechos, como si de ubres se trataran. Le agradó el contacto, sus tetas apretadas dentro de sus manos, tan voluptuosas, tan plenas… Lucía deseaba comerse aquellas frutas, saborear los duros pezones, morder las oscurísimas areolas… pero no hizo nada… permaneció quieta, observando a su amiga…
Almudena se quitó el sujetador, lo desató por atrás y lo tiró al suelo. Lucía lo cogió y, fiel a su costumbre, lo olió, después viajó con su lengua a través de aquella prenda tan delicada. El coño de la pelirroja expulsó líquidos de aroma penetrante, zumos cálidos que fluían directamente de sus entrañas, jugos que eran la prueba irrefutable de su gran excitación. Almudena también estaba mojada, un reguerito de sus humedades vaginales resbalaba por su muslo con una despaciosidad pasmosa. Almudena jadeó.
- Cómo me pone ver cómo te mojas…- susurró Lucía.
Mientras sus tetas se balanceaban, generosas, maduras, la niña movió su melena rubia, a la que la luz de la lámpara arrancó destellos de oro, y después se quitó los vaqueros. Dejó al descubierto una braguita de idéntico color al del sostén… una braguita transparente que permitía la visión del escasísimo vello que ahora cubría su concha. Temblaba un poco, la chica, y Lucía se deleitó en la observación de sus rodillas, sus ingles, aquel triángulo mojadito que prometía muchas aventuras guarras…
- Ven, acércate. – propuso la pelirroja.
Almudena caminó hacia ella, sumisa. Con la mirada baja y la expresión complaciente. Era la puta de Lucía, su esclava, la mujer que estaba allí con el único fin de obedecerla.
- Así, colócate así.
Con habilidad Lucía ajustó la postura de su compañera de cuarto. Delante de ella, con las piernas abiertas, el coñito expuesto, bajo aquella braguita sugerente que rezumaba viscosidad. Almudena suspiró, y la pelirroja le agarró con fuerza sus potentes nalgas, mientras enterraba la cabeza en la zona íntima de la rubia. Así, con sus dedos aferrados al culo de Almudena, Lucía la besó. Por encima de la braguita. Besó su monte de Venus, sus labios vaginales, jugueteó con la lengua sobre la tela empapada de la prenda… mientras la otra niña se llenaba de calores y se ponía muy cachonda… por qué Lucía no apartaba la braguita… pero no… no lo hacía… continuaba besándola del mismo modo que había empezado… y Almudena empezaba a volverse loca… y en algún momento supo que de esa forma todavía le gustaba más… deseaba tanto sentir a Lucía sobre su cuerpo que la braga añadía aún más fuego a la quemazón…
- Te gustaría que te desnudara, eh, putita?- la provocó la pelirroja.
Las dos se sentían perras, putas, zorras…
Después, la pelirroja se ayudó de sus bellos dientes para ir deslizando aquella bonita prenda sobre las piernas de Lucía. Cuando ya hubo liberado a su amiga de la braguita, la tomó en las manos y la acercó al rostro de Almudena, que la olió con ganas, empezaba ya a acostumbrarse a los aromas, a disfrutar de ellos…Aspiró aquel perfume, agridulce, y luego, en un alarde de atrevimiento que supo que fascinaría a Lucía, la rubia se comió todos aquellos jugos que su vagina había liberado. Los degustó… despacio… y se asombró al comprobar que sus secreciones íntimas tenían un sabor muy grato.
- Así, trágalo todo, verdad que está bueno?.
Lucía, que también estaba hambrienta, introdujo con dulzura un dedo en el culito de la niña, lo movió dibujando círculos en su interior, unos segundos, mientras la piel de Almudena se erizaba, y lo extrajo con rapidez, para llevárselo inmediatamente a la boca. Succionó el dedito, que portaba los amargos sabores anales de su compañera de dormitorio…

Más tarde… el juego cambió…
Lucía deseaba algo más fuerte… Para eso quería que Almudena fuera su puta… Tras aquellos pocos días de castigo, cómo había gozado con su comportamiento!, ignorando a Almudena, despreciándola, sumiéndola en una continua duda… la pelirroja sentía de nuevo ganas de desfogarse, de saciar sus ansias salvajes de sexo, de dar rienda suelta a sus más maliciosas fantasías…
- Mira, vamos a jugar con esto.- propuso. Se trataba de uno de los vibradores que habían adquirido. Era muy elegante, de color lila, con un diseño muy sofisticado. Grande, de un tamaño realmente considerable.
- Vale.- Almudena estaba ya muy caliente, todo le apetecía…
Sin previo aviso Lucía la arrojó sobre la cama. Sus ojos expulsaban pasión, y su mente ardía de deseo. Con el golpe brusco, Almudena se sobresaltó. Se quedó allí, tendida sobre las sábanas, sintiendo cómo la pelirroja le tiraba del pelo, aguardando, palpitante y deseosa, el desenlace de la travesura. Todo su cuerpo temblaba… nervios… desconfianza… excitación…
- Eres una puta.- dijo Lucía.- Una putita muy guarra. Como a mí me gusta…
Sólo se escuchaban sus palabras y su agitada respiración…
- Una zorrita. Estás cachonda, puta… Así es cómo a mí me gusta…
Los pezones de Almudena estaban erectos, grandes, redondos…
- Así es cómo me pone, verte ahí tumbada, dispuesta a darme placer, sin hablar… No dices nada, zorrita?. Nada dijo Almudena. Aquella tensa espera la hacía deshacerse en cascadas de aguas tibias y pegajosas.
- Tan rubia, tan perra… Voy a follarte, me oyes, putita?. Voy a romperte el culito con esto, con este amiguito mío, tan mono… te lo vas a tragar enterito…
Almudena sintió algo semejante al temor. El vibrador era ciertamente grande, y su orificio anal no estaba muy acostumbrado a aquellas invasiones. Su coñito seguía humedeciéndose… ella continuaba cálida y cachonda.
- Verás cómo te gusta, puta… quiero ver cómo entra… cómo te rasga… oírte gritar… como la perrita que eres… quiero que te lo comas todo… que te tragues el vibrador… que te abra… que se abra paso a través de tus estrecheces…puta… quiero eso, sí, sí, lo quiero ya, zorrita…
La niña rubia tembló. Su cuerpo ardía de deseo. Varias sensaciones la embargaban… Tampoco le resultaban habituales los insultos, y los recibía con estupor… Demasiadas novedades… a las que empezaba a hacerse adicta.
- Lo vas a disfrutar, putita… y yo mucho más…

Los pezones de Almudena chocaban contra la frialdad de la ropa de cama, erguidos y rizados. Su coñito casi totalmente depilado chorreaba, bajo él se había formado un charquito de néctares. La chica tenía la espalda arqueada, y su agujerito de atrás se preparaba, nervioso, para recibir la penetración de aquel juguete de proporciones gigantescas.
Lucía, desnuda y bella, se chupó uno de sus dedos, y con él aplicó caricias en el orificio oscuro de su amiga. Jadeaban las dos. Después, con sólo un minuto de dilación, la pelirroja se adueñó del asunto, y, como si de repente se hubiera transformado en un macho vigoroso, empujó con todas sus fuerzas para hacer entrar el vibrador en el cerrado culito de Almudena.
No era tarea fácil…
La rubia gemía, cachonda y asustada…
Lucía, bonita y guarra, se empeñaba en follarse a su amiga con su morado juguete…
La habitación entera olía a sexo…
El consolador entró, al fin, ayudado por los hábiles dedos de Lucía, en aquella gruta estrecha que tanto se resistía. Una vez lo hubo introducido, la pelirroja se lo clavó sin compasión, ajena por completo a las quejas y súplicas de su compañera, que lo quería más suave, con menos ímpetu… Lucía ni la escuchaba, se dedicaba a penetrarla, su ágil mano movía el vibrador con un ritmo alocado que a la propia pelirroja le alteraba las pulsaciones, Almudena chillaba, sus nalgas contraídas estaban muy lindas, el aparato la follaba muy fuerte… muy dentro… una y otra vez entraba, una y otra vez salía, un toma y daca bestial, una penetración brutal…
Almudena gemía y profería quejidos de dolor y sentía el culito ardiendo y se mojaba…
Lucía disfrutaba, metía y sacaba el vibrador en aquel ano tan deseable, jadeaba, tenía todo el cuerpo recorrido por el sudor y el coño convertido en una marea bailarina…
Muchos flujos sexuales danzando en el cuarto…
- Así, puta…- gritó.
Y su grito rasgó el calor de la habitación.
- Así, zorrita, te gusta?… seguro que te encanta, putita… que te lo clave hasta el fondo… sentirlo allá dentro… te gusta, putita?, dime que sí, dime que te encanta…
Almudena emitió algún sonido, ininteligible…
La penetración continuaba, brusca…

Todo se detuvo cuando Lucía se corrió. Su entorno dio vueltas a su alrededor. Su coñito estalló en contracciones que la hicieron alcanzar un orgasmo intensísimo. Se vació en aguas revueltas y turbulentas. Sus pezones amenazaban con estallar, de tan tiesos como se le pusieron. Jadeó y jadeó, sintiéndose sucia, pegajosa, guarra y sudada… Le había encantado aquella situación…
Almudena no llegó a correrse, pero su amiga ni se preocupó de eso. Extrajo el consolador de su orificio trasero, y se sonrió al hallarlo manchado de sangre. La penetración había sido brutal…
Mientras Almudena se quedaba, exhausta, sobre la cama, acariciándose con sus gordezuelos dedos su chochito excitado, notando cómo su culito se iba recuperando de las rasgaduras, Lucía, tremendamente satisfecha, lamió la sangre que había en el vibrador, y se dirigió con pasos decididos hacia la ducha…

… ahora un reloj anunciaba las cinco de la madrugada, y las dos jóvenes amigas, que habían estado conversando sobre su última travesura, se preparaban para dormir un rato. Se metieron las dos en la cama de Almudena, cálidas y seductoras, y se fundieron en un abrazo que consiguió despertarles de nuevo los sentidos…
Fuera, todavía quedaban un rato de noche…
Ellas, traviesas, decidieron comerse un chupa-chups. Lucía de fresa y Almudena de melón. Así, chupando, habían comenzado sus jueguecitos…

Capítulo 12.

Las pelirrojas son diferentes.

… llovía, en las últimas semanas casi siempre llovía… y Almudena lamía con fruición su chupa-chups, de limón, tumbada en la cama. Sólo llevaba puesta la ropa interior, unas braguitas de color morado, muy elegantes, que hacían juego con un sujetador lleno de encajes y lacitos. La niña rubia había aprendido a disfrutar de su cuerpo, había comprendido sus formas y sus curvas, y ya adoraba su desnudez. Le agradaba el tacto de su piel, aterciopelada, gozaba contemplando la silueta que sus muslos dibujaban, le agradaban sus grandes senos.
Almudena había cambiado mucho, en muy poco tiempo…
Se sentía caliente, cachonda, zorra. Movía la lengua de modo lascivo, como si quisiera adueñarse de todo el sabor del caramelo que tenía en la boca. Le gustaba lamer, chupar, succionar… cosas en las que nunca había reparado antes. Imaginarse recorriendo con su lengua un cuerpo desnudo, estaba fantaseando, ni siquiera le ponía cara o sexo, la volvía loca. Notaba cómo un hormigueo le recorría las piernas, cómo empezaba a agitarse su respiración, cómo su coñito ya depilado comenzaba a mojarse. Se le ponían ya duros los pezones, y su mente continuaba perdida en todos los placeres carnales que quería conquistar…
Almudena chupaba despacio el caramelito… lo degustaba… lo metía en la boca y lo sacaba de esa misma boquita hambrienta, sus labios juguetones se divertían formando un círculo muy cerradito… su gruta mágica ya estaba llena de humedades viscosas, sudaba un poco, sentía calor, con una mano se amasaba una teta, por encima del sostén, y descubría con agrado la siempre grata rugosidad de su erguido pezón.
Pensó en masturbarse… luego cambió de opinión, y, sin dejar de enredar con el botoncito de su teta, optó por mensajear a Juan…
Se trataba de un amigo de los últimos días, un atractivo joven que le había presentado Lucía, un chico simpático de impresionantes ojos negros que jamás decía no a una divertida sesión de sexo…
Mientras aguardaba la llegada de Juan, que había accedido a visitarla en su cuarto de la residencia, Almudena pensó en Nacho. Muchas infidelidades en muy pocos días… debía poner fin a aquella relación… lo suyo ya no iba a ningún lado… la niña rubia que paladeaba un chupa-chups tumbada sobre la cama ya no era la Almudena que Nacho había conocido.

La dura y larga verga de Juan entró una vez más en el coñito acogedor de la joven rubia. La melena de Almudena brillaba, despedía destellos de oro con cada uno de sus movimientos. Habían cambiado la postura hacía un rato, y era él el que estaba arriba en aquellos momentos, cabalgando, embistiendo con toda la fuerza de su juventud. Poseía una polla grande, y sabía cómo utilizarla. Se la clavaba a Almudena hasta el fondo, gozaba con los jadeos de la chica, lo ponían a mil, y le encantaba sentir cómo su pene se perdía allá en las profundidades de aquellos confines misteriosos, para salir de nuevo a la superficie e iniciar otra vez una intensa penetración.
A Juan le gustaba follar, le encantaba. Se había estrenado a la tierna edad de doce años, siempre había sido un chico desarrollado y maduro, con su profesora de clases particulares, una guapa mujer diecisiete años mayor que él. Desde aquel entonces, Juan no había dejado nunca de aprender. De aprender a follar. Y por eso follaba tan bien. Había follado con mujeres, con hombres, en una ocasión con una perra, en varias con muñecas hinchables, lo había hecho con la luz apagada y con mucha luz y muchas velas, en la cama, en el suelo, sobre la mesa de la cocina, en la bañera, bajo la ducha, en miles de ascensores, en un autobús que cubría la línea Madrid-Algeciras, en los asientos traseros de los coches, en los asientos delanteros de los coches, en un hospital cuando convalecía de un esguince de rodilla, en una iglesia mientras su mejor amigo pronunciaba el “sí, quiero”, con niñas de quince años tan bien hechas que sus cuerpos quitaban el sentido, con cuarentonas de figuras esbeltas y apetitos insaciables, con una elegante señora de algo más de cincuenta, con profesoras, con alumnas, con un negro, con dos rusas, sin condón y con condones de todos los tipos y colores, en mitad de una playa, en el desierto, en un lujoso hotel de Marruecos, en una destartalada pensión de Murcia, con un actor porno, con una modelo que tenía dos pezones en una misma teta, con un travesti, en un desfile de Carnaval, en una cabalgata de Reyes, con juguetes, a pelo… Juan adoraba follar… y se había pasado muchísimas de las horas de sus veintidós años de vida follando.
Gozaba follando…
Aquella tarde su pene erecto, ese que él tan perfectamente conocía, horadaba una y otra vez la húmeda cueva de Almudena. Llevaban bastante tiempo entregados a su pasión desatada. A la niña le había apetecido jugar con su culo, desde que había descubierto sus usos sexuales no perdía ocasión de disfrutar de esa parte de su cuerpo. Como todavía no tenía el orificio anal muy acostumbrado a las profanaciones, Juan se lo tomó con calma. Hizo que Almudena se colocara a cuatro patas, así, él obtenía una perfecta libertad para ensalivarle aquel estrecho senderito rosáceo. Se lo comió, con mucho gusto, el culito, mientras con la mano le estrujaba las tetas como si tratara de ordeñárselas.
La niña rubia gemía al notar allí dentro aquellas lamidas tan expertas…
Después, Juan la había penetrado con una banana. Las chicas compraban cositas para merendar, frutas y galletas, y el joven había pensado que aquel plátano tan durito que había encontrado en la cesta estaba pidiendo a gritos que se le diera uso. Con la saliva y con sus dedos expertos, Juan había logrado introducir el platanito en el agujero de atrás de Almudena, que lo había acogido con calor.
Con aquella penetración había alcanzado ella su primer orgasmo…

… tras varios juegos, los dos jóvenes follaban en aquel instante como auténticos animales. Parecían querer saciarse el uno del otro, destrozarse, comerse y degustarse como si nunca volvieran a tener contacto físico, extenuarse en una entrega brutal que les obligaba a deshacerse en gemidos y jadeos.
Lucía entró en el dormitorio… pero ellos tardaron en darse cuenta…
…la polla de Juan continuaba penetrando el coño de Almudena. Cada vez más rápido, la niña, que había recibido valiosas lecciones de su compañera de cuarto, sabía ya cómo imprimir a sus caderas un ritmo sugerente que a Juan le estaba encantando. Lucía sonrió, no tardó en sentir que la humedad afloraba en sus partes vaginales, le fascinaba aquel combate tan intensamente sexual, se excitó observando aquellas embestidas, casi se mareó, en mitad del calor de la habitación sólo percibía una verga más que erecta, un chochito que se abría para permitirle el paso, olores dulzones, carnes tersas, regueros de sudor sobre pieles brillantes, piernas flexionadas, pezones enhiestos, bocas que se buscaban con avidez…
- Te gusta mirar, zorrita?. – preguntó Juan, al percatarse de la presencia de la pelirroja.
- Me encanta mirar…- suspiró ella, mojada ya, y muy cachonda.
- Desnúdate.
Lucía lo hizo en un abrir y cerrar de ojos. Le faltó tiempo para desprenderse de toda la ropa que llevaba puesta. Estaba deseando formar parte del trío, le quemaba ya su coñito siempre anhelante y deseoso, y se moría por chupar aquella polla tan sabrosa… Juan la miró, con glotonería, mientras cambiaba su posición en la cama. Colocó a Almudena sobre él, así, la rubia marcaba el ritmo que se le antojaba, danzaba encima de él, que enloquecía al observar el balanceo de sus tetas. Además, tumbado tal como estaba, podía ver también a la pelirroja, que estaba ya desnuda, la cintura breve, los pechos altos, el coño rezumante, el rostro encendido y la respiración alterada.
- Así, estupendo. Dos putitas complaciéndome. Una rubia tragándose toda mi polla y una pelirroja ofreciéndome la visión de su cuerpo perfecto… Más no se puede pedir…
Lucía hizo ademán de acercarse al lecho. Juan la detuvo con un gesto.
- No. Tú sólo miras. No puedes jugar.
Pensó en quejarse, en protestar, pero pronto se conformó. Lucía disfrutaba del sexo en cualquiera de sus variantes, si en esa ocasión era ella la que debía cumplir órdenes pues las cumplía, y si lo único que se le permitía era mirar pues únicamente miraría.
Gimió caliente cuando Juan y Almudena se corrieron. Llegaron casi juntos, y él le propinó cachetes en sus rotundas nalgas mientras ella todavía se retorcía con las contracciones propias del orgasmo. Los dos estaban exhaustos, sudorosos… pero se sentían guarros, insaciables. Juan condujo con la mano la cabeza de la niña rubia hacia su verga, que aún quería más. Almudena se la llevó a la boca, y succionó un rato, con mimo, pero había sido demasiado tiempo dedicado al placer, y el joven no estaba en aquellos instantes listo para una mamada. Abandonaron el tema, entre risas.
Tardaron poco en quedarse dormidos, abrazados…

La pelirroja los contempló sonriente. Se alegraba de que Almudena hubiera gozado tanto. Introdujo un dedo en su coñito, muy húmedo, y lo movió de forma circular, así le gustaba mucho. Luego, con el dedo bien mojado por tantas secreciones vaginales, acarició los labios de su compañera de cuarto, que continuó durmiendo plácidamente. Rozó también las mejillas de Juan, que incluso roncaba. Y optó por meter su travieso dedito en su siempre dispuesto orificio anal. Se masturbó así, por el culo, de pie, deleitándose con las respiraciones rítmicas de los dos bellos durmientes. Cuando se corrió acercó su coñito a la boca de Juan, que abrió los ojos, le regaló una sonrisa, y la obsequió con una enorme caricia realizada con la lengua.
La pelirroja jadeó… Juan se despertó del todo y se dispuso a comerle la concha…

- Que habrá para cenar?.- preguntó Sandra a Almudena.
Sandra era dulce, bonita, morena. Una tímida niña de dieciocho años. De labios carnosos y rotundos senos.
- Cualquier guarrada. Ya sabes que en la cocina no se esmeran mucho. Se encontraban, ambas, en una de las salas destinadas a jugar al ping-pong. Las dos vestían prendas deportivas, habían estado jugando un rato. Hablaban de la comida de la residencia, que no parecía entusiasmar a ninguno de los residentes.
Sandra bostezó…
- Tienes sueño?. – quiso saber Almudena. La otra chica asintió con la cabeza. Sus cabellos eran muy lindos.
- Sabes?.- prosiguió la niña rubia.- tienes una boca muy sugerente…
- Sí?. A ti te sugiere algo?.
- A mí sí.- repuso Almudena.- Muchas cosas…
Sandra, vergonzosa, contaba también en su personalidad con un alto grado de curiosidad y coquetería.
- Por ejemplo, qué clase de cosas…
- Pues…- Almudena había enrojecido, todavía se trataba de una joven muy tímida.- por ejemplo… me sugiere que me gustaría mucho probarla. Probar tu boquita.
- Probar mi boca?.
- Sí. Saber a qué sabe, comértela, besártela…
- Eres lesbiana?.
- No. Simplemente me gusta el sexo.
- Ah.
- Qué dices?. Nos besamos.
Sandra no dijo nada.
- Sólo un beso.- insistió Almudena.
- Vale.
Las dos niñas se fundieron en un abrazo torpe, y los labios de Almudena buscaron la sabrosa boca de fresón de Sandra. Fue un beso corto, un roce, un cruce de caricias, un primer contacto carnal. Sandra se separó.
- Te ha gustado?.
- No sé…
- Mañana lo repetimos. En el dormitorio. Sobre la cama sabe mejor. Y nos mostramos las tetas.
- Almudena!!.- se escandalizó Sandra.
- No pasa nada. Verás qué divertido… Yo he jugado mucho a esta clase de juegos, últimamente, y me lo he pasado genial.
- Sí?. Con quién has jugado?.
- Con Lucía.- mientras conversaba Almudena repasaba el cuerpo de la chica. Alta, estilizada, con un bonito culo y unas piernas muy largas, ojos de color miel y cuello de cisne. Un bombón. Cómo le gustaría tocarle una teta, retorcerle un pezón, acariciarle el coñito (que seguramente no llevaría depilado ), oler su tanga, amasar sus nalgas… Qué viciosa se había vuelto…
- Creo que no la conozco.
- Sí, la que duerme en mi cuarto, la pelirroja.
- Ah, ya. Y qué tal es esa chica?. Parece algo chula.
- Sí, pero es maja. Diferente, las pelirrojas son diferentes.

Y…
…y este es un final de la historia. Podría haber terminado de mil y una maneras diferentes, pero ha terminado así… También puede que vuelva a empezar… Si a ti, lector, te apetece aportar un final diferente, hazlo, por favor, ahí te brindo el espacio:

“ Las pelirrojas son diferentes.
( Escrito entre Madrid, Ronda, un tren… ). Enero 2008.

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