PENETRACIONES.

Besó mis labios con su boca perversa. Sabía a menta. Y acarició todo mi cuerpo desnudo, que se excitó y se contrajo. Cogió un cubito de hielo y lo introdujo muy despacio en mi orificio vaginal, ya tan húmedo que parecía un lago. Mordisqueó mis pezones, mientras yo, atada, me dejaba hacer complacida. Su lengua golosa me obsequió con lamidas fascinantes. Peló un plátano, duro y verde, y me penetró con él, mientras el agua helada bajaba en regueros por mi ingle. Antes, antes del hielo, me había metido una fresa… Yo me moví, embestida por aquella tersa banana, y deseé más que nunca su pene…

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