El gol

Yo era ” El Negro”. Llevaba cinco años en España, recordaba mucho Tánger, y sus olores, pero empezaba a habituarme a la dinámica de Madrid. Aunque me llamaban así, porque Ahmed les resultaba extraño, yo sabía que lo hacían con afecto. No había nada racista en ese apelativo.
Sin embargo… me disgustaba escuchar ese nombre…
Yo, a Guille, le llamaba Guille, no le decía “El Gordo” porque pensara que sus casi noventa quilos me autorizaran a hacerlo. A Belén la llamaba Belén, no reparaba en sus granitos para denominarla “La Acneica”.
En fin…
Aquella tarde mi equipo se enfrentaba a nuestro máximo enemigo, en términos futbolísticos. Empatábamos a dos, y yo, que soy buen delantero, que llevaba puesta una camiseta de Raúl, deseaba más que nunca nuestra victoria.
Hacía frío, casi era Navidad, y se respiraba un ambiente muy festivo.
De repente, el árbitro señaló penalti…
Penalti clarísimo, los otros ni siquieran protestaron, de tan obvio como era…
Supe que tenía que hacerlo yo, todos supieron que tenía que hacerlo yo…
En un minuto estaba allí, plantado delante de la portería, nervioso, sudando, con la adrenalina corriendo por mis venas…
Cerré los ojos… y no fui consciente de que mi pie golpeaba el balón…

Cuando decidí volver a contemplar el mundo… mis compañeros ya festejaban el gol.
Habíamos ganado… el partido acabó poco después…
¡Bien hecho, Ahmed!, gritaron los de mi equipo.
¡Qué bueno eres, Ahmed!, gritó Soraya, la que tanto me gusta…
Yo había ganado…

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