Buscar
Archivos

Te encuentras en los archivos de la categoría Y un relato para empezar.

‘Y un relato para empezar’

Y un relato para empezar

Blanca, pelirroja y tímida, ocupaba el piso que estaba frente al mío. La observaba cada noche, llegó un momento en el que me había aprendido sus rutinas. Por aquel entonces a mí me pagaban una terapia muy cara, porque el psiquiatra le había dicho a mi madre que era un tipo raro y que jamás exteriorizaba mis sentimientos. A mí no me pareció un tema en absoluto grave, pero mi madre decidió pagarme una terapia, y me obligó a dejar de trabajar. Eso me vino muy bien, detestaba repartir pizzas.
De modo que me pasaba el día entero encerrado en mi cuarto, no me gustaba mucho hablar, y todavía me agradaba menos escuchar las tonterías de mi familia. Lo cierto es que estaba deseando independizarme, pero todavia no me era posible. En mi habitación yo me había construído mi pequeño mundo. Y era muy feliz en él. Por las mañanas leía, me encanta leer por las mañanas, por las tardes no, me provoca dolor de cabeza. Leía cómics. Me fascinan los cómics, mi colección se componía de más de mil ejemplares. Por las tardes me echaba unas siestas de dos o tres horas, después veía la tele o me entretenía con algún videojuego.
Por las noches contemplaba a Blanca.
Cómo me agradó saber que se llamaba Blanca… Me parecía un nombre tan puro, tan primario, el nombre que se merecía una diosa como ella. Acostumbraba a llegar a casa sobre las diez. Se descalzaba. Siempre se descalzaba al llegar, y se sentaba a revisar las llamadas y se masajeaba los pies desnudos. A mí, aquella práctica suya me ponía a mil. Después se preparaba algo de cena, y se lo comía en su diminuta cocina, normalmente hojeando una revista o hablando por el móvil. Y, más tarde, llegaba el mejor de los momentos… se desnudaba… Era perfecta, de tez clara, curvas suaves, un culo muy redondo, los senos muy turgentes… me parecía la más bella creación de la Naturaleza. Se paseaba de un lado a otro, desnuda, sin duda disfrutando de mis miradas hambrientas, y luego se metía en la ducha.
Cuando comenzaba a enjabonarse, yo dejaba de mirarla, y me concentraba en otro tipo de actividades…
Así, día tras día, semana tras semana, un mes entero desde que había aparecido una mañana, con un abrigo rojo, dispuesta a alquilar la casa.
Blanca era mi amiga, mi confidente, mi novia… Una noche, sin embargo, me traicionó… Permitió que entrara aquel hombre, y dejó que coqueteara con ella mientras cenaban ( en esta ocasión no en la cocina ), y no le impidió que la besara, ¡ella le besó también!, y después se metieron en la cama, e hicieron todas aquellas cosas, y la ventana estaba abierta, escuché unos ruidos que no me agradaban nada, y…y entonces necesité dormir en el dormitorio de mis padres.
Dijeron que la había matado yo. Y por eso me encerraron aquí. Pero yo sé que yo no fui. Yo vi al hombre, muy parecido a mí, vi cómo sus manos grandes, tanto como las mías, se aferraban al cuello de Blanca, sentí cómo ella perdía la respiración… Pero no la maté yo…
Mi madre, la pobre, está muy triste, y le cuenta a todo el que quiera escucharla que su hijo tiene un trastorno de la personalidad…
Yo qué voy a tener… Eso son tonterías que se inventan los psiquiatras…

Categorías