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	<title>Cristina Padin &#187; LITERATURA INTENSA. EROTISMO, INTRIGA, ETC.</title>
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		<title>Aventuras y desventuras de una estúpida&#8230;</title>
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		<pubDate>Wed, 20 Jan 2010 19:04:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cristina</dc:creator>
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		<description><![CDATA[&#8230; deseando que se concrete todo y mi novela taurina sea llevada al cine, la estúpida se lo merece, je je&#8230; Os invito a leer esta historia, es muy divertida!
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			<content:encoded><![CDATA[<p>&#8230; deseando que se concrete todo y mi novela taurina sea llevada al cine, la estúpida se lo merece, je je&#8230; Os invito a leer esta historia, es muy divertida!</p>
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		<title>Sexo en la playa</title>
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		<pubDate>Sat, 12 Dec 2009 09:25:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Conducías tú, y pensabas que poner el coche a 250 estaba bien. Yo, normalmente responsable con el tema de la velocidad, no decía nada. Tú llevabas camiseta blanca y vaqueros, me encantas así, y yo un vestidito muy corto, negro. Y sandalias, empezaba el calor, qué grata la sensación de llevar los pies desnudos. Sonaba [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="color: #000000;">Conducías tú, y pensabas que poner el coche a 250 estaba bien. Yo, normalmente responsable con el tema de la velocidad, no decía nada. Tú llevabas camiseta blanca y vaqueros, me encantas así, y yo un vestidito muy corto, negro. Y sandalias, empezaba el calor, qué grata la sensación de llevar los pies desnudos. Sonaba música flamenquita, y tú hablabas, tu mirada de azabache se concentraba en la carretera. Llevé mi mano ya morena hacia el bulto que se intuía bajo tus pantalones. Te toqué, y me fascinó aquella dureza turgente. Mmmmmmmm. Me deshice de tus ropas en cuestión de segundos, pronto mis dedos hallaron unos huecos para avanzar y buscar el delicioso pastel. Alcancé tu polla, y la rocé, suavemente&#8230;<br />
Gemiste, y tu gemido me transformó en una fiera, me encanta escuchar tus jadeos, nunca podrás saber cómo me ponen&#8230; Agarré ese pedazo de ti que tantos placeres me provoca, y te obsequié con caricias, apretones, subí la mano y la bajé, volví a subirla, te pajeaba despacio, sin prisas, el camino se iba acortando, era un día soleado y bonito, y tu pene, enhiesto, crecía, y respondía galante a mis toquecitos. Quise comerte ese juguete tan grande, ya sabes que a mí me fascina meterme tu polla en la boca, y busqué la postura más adecuada para practicarte la tan ansiada felación. Pero tú me apartaste con delicadeza, mascullaste algo sobre perder el control del vehículo, y lo entendí, y continué con las manos. Mi posición era incómoda, rara, y me estaba haciendo daño en el cuello, pero no me importaba nada, lo único que deseaba era tu goce, y tus respiraciónentrecortada me indicaba que, en efecto, estabas gozando&#8230;<br />
Te corriste tras un rato muy largo. Un chorro de tus jugos cálidos salió de ti, te desprendiste de tu leche como si fueras una fuente láctea, y todo aquel caudal grumoso tan rico se estrelló contra el cristal del coche. Jadeaste, como un animal salvaje, y mi tanga, cuando yo ya creía que no podría humedecerse más, se humedeció más.<br />
Sonreíste, con esa sonrisa que deja al descubierto tu dentadura perfecta. Yo cerré los ojos, permanecimos en silencio unos minutos, y no tardamos mucho en llegar a la playa. Un arenal dorado, de belleza sorprendente. Más lejos, el mar, deshaciéndose contra la orilla, olas de aguas tranquilas, rumorosas, el paraíso bajo nuestros pies. Aunque ya las temperaturas eran altas, todavía era abril, y había estado lloviendo días atrás, tal vez por eso en la playa, a aquellas horas, no había nadie. Dijiste que ese lugar te gustaba mucho, y yo lo admiré, extasiada, y pensé que tanta hermosura a la fuerza tenía que agradar.<br />
Nos miramos, a los dos nos apetecía lo mismo. Conocías una parte muy serena, escondida de miradas indiscretas, y me cogiste de la mano y avanzamos hasta allí, sintiendo en los pies descalzos, la tibieza del arenal de Cádiz. Un segundo bastó. Cuando nos quisimos dar cuenta, estábamos desnudos, yo sobre ti, mi cuerpo delgado cabalgando sobre el tuyo fibroso, mis caderas eligiendo el ritmo, los dos jugando a un mismo juego de idas y venidas. Follamos, salvajes, sucios, una entrega brutal y primitiva, todo movimiento, embestidas y empujes. Sin palabras, tú alguna vez pronunciabas alguna, soez, y yo jadeaba, contraía mi coño para hacértelo más estrecho, y me deleitaba con tus embistes. Mi hendidura empapada se tragaba tu pene poderoso, y todo se hacía rápido, y sensual, y no existía nada. Éramos nosotros, solos, y nuestro polvo de arena y brisa. Yo estaba antes que tú, podría irme ya, pero quería un orgasmo perfecto, y me moví, dejé la mente en blanco y traté de pensar en otra cosa, qué difícil, tracé movimientos circulares con la caderas, me nutrí de tu enorme polla entrando en mí y saliendo de mí, pensé en cosas frías, pero no&#8230; eso me recordó al hielo, y a mí me vuelve loca que me lo hagan con hielo, pensé en una pared blanca, tú entrabas y salías, entrabas y salías&#8230; yo no podía más, no quería correrme, deseaba esperarte, quise decirte que cambiáramos la postura, yo abajo, arriba cada sensación se multiplicaba por cien&#8230; ya no hubo tiempo, empezaste a suspirar, sudabas&#8230; y yo me dejé ir, y los dos nos corrimos, fue un estallido volcánico, apreté la carne de tu espalda con mis dedos, y tú me mordiste en el cuello.<br />
Fuimos a comer a un restaurante que conocías, yo sin tanga, porque se me había llenado mi diminuto tanga rosa de humedad y de arena, tú exhibías tu torso divino, y yo andaba como mareada, las piernas, debilitadas por la tensión sexual, apenas me sostenían. Nos sentaron en una mesa junto a la ventana, el mar azul y otra vez azul se confundía con el cielo, y, mientras llegaba la ensalada, decidí que tú no habías tenido bastante, y me dispuse a masturbarte con el pie. Y, mientras lo hacía, tu rostro se contraía en un gesto de sorpresa y agrado, y yo te iba hablando de lo que me apetecía hacer por la tarde. Así, te hablé de pedir fruta para que la esparcieras por cualquier rincón de mi cuerpo, deseaba tu lengua deslizándose sobre mi tez, buscando los trozitos de comida&#8230; te sugerí que me ordeñaras- como si fuera una vaca-, te propuse un coito en el agua&#8230; y tú me escuchabas, tu bulto se hacía mayor, y el camarero nos miraba.<br />
Sabes?, siempre que recuerdo aquel viaje a tan idílica playa me humedezco, y a veces me masturbo evocando aquel día entero que dedicamos únicamente al sexo. Tú acabaste casi desmayado, y yo escocida y absolutamente mareada, pero fue genial. </span></p>
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		<title>Todo, familia, casi gemelos.</title>
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		<pubDate>Sat, 12 Dec 2009 09:24:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[TODO. 
 Quiero lamerte, recorrer tu cuerpo con mi lengua loca, chupar el sabor agridulce de tu piel morena, regalarte surcos de saliva, descubrir en tu cuerpo sendas ocultas donde perder los labios, comerme tu sudor, deslizar mi boca por tus fornidos brazos, por tus trabajadas rodillas, por tu culo.
Me encanta tu culo…
Quiero comértelo, enterito, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="color: #000000;">TODO. </span></p>
<p><span style="color: #000000;"> Quiero lamerte, recorrer tu cuerpo con mi lengua loca, chupar el sabor agridulce de tu piel morena, regalarte surcos de saliva, descubrir en tu cuerpo sendas ocultas donde perder los labios, comerme tu sudor, deslizar mi boca por tus fornidos brazos, por tus trabajadas rodillas, por tu culo.<br />
Me encanta tu culo…<br />
Quiero comértelo, enterito, introducir un dedo en ese agujero que tú conservas virgen, hacer círculos con él en esa cavidad tuya tan inexplorada, sacarlo de ti y olerlo, alimentarme de tu esencia, jugar con mis dientes por esas partes de tu anatomía tan ávidas de caricias… </span></p>
<p><span style="color: #000000;"><br />
<span id="more-94"></span> Quiero penetrar tu culo con mi lengua…<br />
Necesito follarte. Quiero tu sexo. Tu sexo y el mío, un combate furioso y salvaje. Quiero que me folles. Hazme lo que quieras, no diré que no a nada. Quiero llegar muy lejos contigo, una entrega sin límites, animal y apasionada.<br />
Tírame al suelo y fóllame por detrás.<br />
Méate en mi cara hambrienta de tus jugos.<br />
Muérdeme el coño con tus dientes de acero.<br />
Arráncame un orgasmo tras otro y no me dejes parar.<br />
Susurra palabras obscenas en mi oído deseoso de escucharlas…<br />
Sé tú, poséeme, fóllame, dame sexo diferente, no pongas barreras, lo quiero todo, y lo quiero ya… </span></p>
<p><span style="color: #000000;"> FAMILIA. </span></p>
<p><span style="color: #000000;"> Los gemidos me sobresaltaron nada más abrir la puerta, esperaba encontrarme la casa vacía. Subí la escalera, sin saber por qué de forma sigilosa, con el corazón latiéndome desbocado, sintiéndome casi culpable por estar allí… Realmente tenía que haber ido a la autoescuela… Los jadeos, entrecortados y salvajes, procedían del dormitorio de mis padres.<br />
Acelerada, gozando yo también de aquella respiración tan agitada, me quité los zapatos y caminé despacio por el pasillo. Recuerdo que aquel día llevaba una falda muy cortita, y me agradaba sentir el contacto de mis nalgas con la tela. El tanga, que era de color rosa chicle y de textura aterciopelada, se me había humedecido un poquito. Desde siempre me han gustado los susurros y los gemidos.<br />
La puerta, entreabierta, me permitió contemplar toda la escena…<br />
Quizá cualquier otra niña de dieciocho años se habría sentido asqueada, o escandalizada, al presenciar aquel espectáculo. Yo me excité. Ella, Bárbara, a cuatro patas, lucía perfecta sobre la cama de matrimonio que se suponía sólo debía acoger, como figura femenina, la de mi madre. Morena, con los rizos oscuros de su agitanada melena deslizándose sobre su piel, prieta y escultural. Sus tetas, bastante grandes, se balanceaban, aquí y allí, derecha e izquierda, y aquel rítmico vaivén consiguió que mi clítoris palpitara, dentro de mí.<br />
Por supuesto yo sabía quién era Bárbara Domínguez…<br />
La cantante de moda en aquel momento, la mujer más deseada de los últimos años, el rostro más bello de España, y el cuerpo con el que miles de personas daban rienda suelta a sus pasiones más ocultas. Mi hermano, un año mayor que yo, me había confesado que se había masturbado contemplando una foto de la diva, tan guapa ella y tan morena, y que su leche había salido disparada tras un orgasmo bestial, y se había estrellado contra la cara de niña buena con la que la voz más aclamada de la década había posado para aquella fotografía.<br />
Claro que mi hermano me había confesado esa paja tan disfrutada antes de que nos empezaran a agobiar los rumores de una posible relación entre Bárbara y mi padre…<br />
Él, mi padre, bailarín y gran conquistador, la penetraba por el culo. Mi posición, acuclillada en el pasillo, agazapada tras un recodo entre la pared y la puerta, me permitía disfrutar de una amplia visión de lo que ocurría en el cuarto. El culito de Bárbara perforado por la verga hinchada de mi padre, hombre apuesto y elegante, muy bien conservado para sus cincuenta años largos. Bárbara, unos veinte o veintitantos más joven, se contraía con cada embestida, los sonidos guturales que emitía revelaban que la penetración le estaba haciendo daño… y a la vez que le estaba encantando. Él, en cambio, mi progenitor, el dador de mis días, empujaba encantado, suspiraba de placer, y de vez en cuando soltaba expresiones que delataban lo mucho que estaba gozando.<br />
Con mi recién estrenada mayoría de edad, yo permanecía con mi orificio anal virgen. Cierto que no lo tenía completamente intacto, alguno de mis ligues de los últimos meses habían investigado con sus dedos juguetones esa parte de mi geografía tan inexplorada aún, y también, ahora casi me avergüenza recordarlo, también yo misma había jugado a introducir un pequeño plátano por ahí cuando andaba por los catorce o los quince… pero a eso se reducía toda mi experiencia trasera.<br />
Me apetecía ser follada por el culo, la verdad es que me apetecía mucho, pero siempre que se me presentaba la ocasión me acojonaba, pensaba que, al tener el senderito tan estrecho, el dolor sería muy intenso, y no me decidía a probarlo…<br />
Aquella tarde, contemplando a mi padre como un animal salvaje, entrando en Bárbara y saliendo de Bárbara con su erecta polla, tan grande y dura que hasta me podía imaginar a mí misma comiéndosela, deseé más que nunca que me profanaran esa cavidad que yo todavía conservaba pura.<br />
Mi padre alcanzó el orgasmo, su cuerpo esbelto se contrajo, sus jadeos se tornaron casi aullidos, y su leche, que supuse cálida y amarga, se derramó sobre la espalda arqueada de la bella mujer que yacía en la cama de mi madre. Segundos después, como ella aún no estaba satisfecha, él hizo que su preciosa silueta se girara, y la colocó de tal forma que ambos me ofrecían una panorámica ideal de lo que estaba sucediendo. Empezó a comerle el coño, que rezumaba humedades, y yo me sentí de repente infantil, y absurda, observando cómo la lengua de mi padre acariciaba los pliegues deliciosamente depilados del chochito de Bárbara. Yo, que me creía tan mayor y tan moderna, que encadenaba la noche del viernes con la del sábado y que me había acostado con más de treinta chicos, yo, la que pensaba que se lo sabía todo, nunca me había depilado el coño.<br />
En aquel momento hubiera deseado que todo aquel vello que me poblaba los bajos desapareciera en un momento…<br />
Mi tanga, muy húmedo, seguía atento los avatares de la escena. La boca de mi padre era golosa, y avarienta, y se lo comía todo. Chupó y lamió hasta que ella le apartó la cabeza con la mano, en un movimiento muy fino, y se convulsionó delante de mí, bebiéndose toda la intensidad de su clímax.<br />
Fue entonces cuando Bárbara me descubrió. Me regaló una hermosa sonrisa, introdujo uno de sus largos dedos en su agujero vaginal, lo movió en diminutos círculos, y se lo llevó a la boca. Me guiñó un ojo, uno de sus negros y achinados ojos, y comentó algo con mi padre.<br />
Él miró hacia el lugar en el que yo me encontraba, su pecho sudoroso me atraía irremediablemente, y jugué a lolita traviesa y le envié un beso, un besito que construí contorneando los labios, esa boca ávida de sexo que, en aquellos instantes, deseaba mucho perderse en la carne experta de mi padre…<br />
Mi madre, que regresaba a casa del gimnasio, saludó desde abajo… y a mí la situación me puso muy caliente. Estoy aquí, mamá, le grité, voy a ducharme. Ella ignoraba que mi padre se encontraba en casa, lo habitual eran sus ausencias, nos habíamos acostumbrado a ellas desde pequeños, igual que asumíamos que él era, por naturaleza, infiel. A veces yo sentía lástima por mi madre, tan dulce y tan guapa, a la que él engañaba una y otra vez con mujeres de toda clase y condición, también con hombres, mi padre es un tipo al que le fascina el sexo, y lo disfruta de todos los modos posibles.<br />
Aquella tarde no. Aquella tarde no pensé en la mujer apacible y serena, muy bonita para sus casi cincuenta años, de cuerpo esbelto y bien conservado, que permanecía abajo, tranquila, ajena a lo que arriba acababa de ocurrir y seguía ocurriendo. Aquella tarde no fui su cómplice, no pensé en ella como la niña ingenua que fue cuando a los dieciséis se enamoró de mi padre, ella absolutamente virgen y casi infantil, él ya un conquistador empedernido, hombre curtido en batallas y doctorado en experiencias. No tuve en cuenta a la mujer que no follaba, que hacía el amor, que jamás permitiría que se la metieran por el culo, que ni siquiera entendería que alguien gozara sintiendo su meada sobre la piel… aquella tarde-noche me sentí guarra, y zorrita, y entré en el cuarto de baño con mi padre y Bárbara, y acaricié con mi dedo trémulo uno de sus pezones arrugaditos…<br />
Y casi grité de placer cuando ella me acarició las nalgas, y vencí la timidez y tomé una de sus elegantes manos y la conduje hasta mi coñito, ya libre del tanga, velludo y húmedo, y allí ya supo ella que puntos tenía qué tocar, dónde debía presionar y qué parte requería un contacto más suave… Y, mientras los dedos de la bella Bárbara viajaban a través de mis senderos vaginales, mis movimientos acompasados se reflejaban en el espejo… yo soy muy guapa, delgadita y rubia, con un cuerpo de adolescente escuálida con curvas sugerentes donde tiene que haberlas, y mi padre se deleitaba, tal vez algo cortado, con el baile rítmico de mi cadera y de mis senos breves, y Bárbara me obsequiaba con caricias que hacían que mi coño vibrara de gozo.<br />
Y, abajo, mi madre empezaba a preparar una ensalada. Después, cuando entre los tres nos encargamos de hacer salir a Bárbara de casa sin que mamá se diera cuenta, llegó mi hermano, regresaba de un partido de baloncesto, y, mientras se conectaba al messenger, fiel a su costumbre, y se preparaba para una sesión de sexo virtual a través de su webcam, le hice partícipe de mis aventuras, nos lo contamos todo.<br />
Somos como gemelos, él es diez meses mayor que yo…<br />
Y nos excitamos los dos, y nos masturbamos juntos, su mano en su polla, la mía en mi coño, y nos corrimos casi al mismo tiempo, yo un poco antes, y nos sorprendimos felices, riéndonos, comentando la hermosura de las piernas de Bárbara, imaginando otras situaciones que a los dos nos apetecía compartir.<br />
Después, tras nuestra corrida, mamá nos llamó para que bajáramos a cenar… Mi padre, nuestro padre, cenó poco, y rápido, y salió a tomarse una copa. Él dijo que iba a tomarse una copa, más adelante supimos que se había citado con Noelia, otra de sus amigas, pelirroja ella, y muy alta.<br />
Pero, esa, es ya otra historia… </span></p>
<p><span style="color: #000000;"> CASI GEMELOS. </span></p>
<p><span style="color: #000000;"> La deseaba más que nunca. Era tan zorrita&#8230; Allí tumbada, al borde de la piscina, con su bikini rosa. Creo que empezó a gustarme desde que era muy pequeño, quizá con once o doce años ya me sentía atraído por su precioso cuerpo.<br />
Belén, mi hermana del alma, casi mi gemela, es nueve meses mayor que yo. Yo acabo de cumplir dieciocho. Los dos somos altos, y morenos. Ella es una diosa, una muñeca de líneas sugerentes y curvas deliciosas. Con la belleza de mi madre y la elegancia de mi padre. Tan guapa&#8230; caderas pronunciadas, cintura grácil, boca carnosa y senos firmes. Culito terso, y redondo, piernas más largas que un día de verano&#8230; Belén es preciosa.<br />
El calor, tormentoso, se me adhiere a la piel, estoy sudando. Cae la tarde, y mi hermanita se acaricia con un dedo la cara interna de sus muslos perfectos, es tan guarra&#8230; me mira&#8230; juega a calentarme&#8230; sabe que se me pone dura sólo con notar su presencia a mi lado. Antes, las noches de lluvia, me iba a su cama&#8230; Este año se fue a estudiar a Madrid, y la he echado muchísimo de menos&#8230;<br />
Me gustaría tanto besarla, comerle la boca, navegar por su coño&#8230; </span></p>
<p><span style="color: #000000;"> Jose, mi hermano del alma, casi mi gemelo, está buenísimo. Siempre que enseño fotos de él a alguna amiga observo las mismas caras de admiración. Mis amigas se lo meriendan con la mirada. Esos ojos marrones, esos brazos robustos, sus divinas abdominales muy bien trabajadas en el gimnasio, esas piernas, un culo que quita el sentido, esa boca tímida y, a la vez, tan morbosa&#8230; Y su voz, Jose logra derretirme con su voz&#8230;<br />
Nada, en la piscina, mientras, lejos, retumba el trueno, y yo le contemplo. Su bello cuerpo se desliza por el agua con la soberbia de los que se saben deseados y deseables. Cómo me pone&#8230; Intuyo su pene, bajo el bañador, ese bulto atrapado por esas telas veraniegas&#8230; y deseo más que nunca comérselo&#8230;<br />
Es mi hermano, casi mi gemelo, nos lo contamos todo y somos grandes amigos desde la infancia&#8230;y, sin embargo, es mi hermano, y no me puedo creer que esté aquí, tumbada al sol, ansiosa por meterme en la boca su polla enhiesta y erecta&#8230;<br />
Sale del agua y me salpica&#8230; a veces es aún muy niño&#8230; y esas gotitas que caen sobre mi piel morena me las imagino como si fueran gotitas de su semen&#8230; y siento que mi coño se humedece, me pongo a cien, deseo que mi hermanito se corra sobre mí, y me regale un baño de su leche mágica&#8230; </span></p>
<p><span style="color: #000000;"> Ahí está, jugando con el móvil, como siempre. Qué putita es&#8230; El diminuto tanga que cubre sus partes bajas se le ha movido, ¿involuntariamente?, y me permite su postura atisbar un trocito de ese coño que ella lleva siempre depilado. Mmmmm, me he empalmado. Belén permanece tumbada en su hamaca, aparentemente ajena a mis miradas, ahora se quita la parte de arriba del bikini, y sus tetas, morenitas aunque no tanto como el resto de su cuerpo, me muestran su belleza. Para su casi extrema delgadez, mi hermana tiene unos pechos grandes. Muy pero muy generosos, y turgentes, con unos pezoncitos chiquitines que apuntan al cielo. Qué buena está&#8230;<br />
Sueño con colocarla en la hierba a cuatro patas y ordeñarla&#8230;<br />
Respira, despacito, y su respiración hace que se eleve su vientre liso&#8230; y yo me muero por clavarle mi verga hasta el fondo, por perderme en esos humedales que debe haber en su vagina, por embestirla una y otra vez hasta arrancarle un orgasmo bestial&#8230;<br />
Dentro de casa, al fresquito, mi padre se echa la siesta&#8230; </span></p>
<p><span style="color: #000000;"> Y ahora me ignora, el muy&#8230; Después de excitarme con sus movimientos, de pavonear su escultural cuerpo por delante de mis ojos hambrientos de él, después de ponerme como una perra&#8230; ahora se acuesta y pasa de mí. Qué fuerte, qué hermanito tengo&#8230; Con las ganas que tengo de meterle la lengua en el culo y correrme oyéndolo gritar de placer&#8230; Necesito beberme su esperma, comerme su lengua, cabalgar sobre él&#8230;<br />
Y de nuevo a la piscinita&#8230; Jose tiene calor&#8230; yo también, estoy empapada&#8230; además, esta tarde de tormenta aumenta mis deseos, creo que nunca he estado tan cachonda&#8230; uff, me apetece tocarme&#8230; o mejor&#8230; ¿por qué no?, qué me toque él&#8230;<br />
Me levanto y me tiro al agua de cabeza. En todos los sentidos. A mí también me apetece refrescarme&#8230; </span></p>
<p><span style="color: #000000;"> Mmmmmm, la diosa dentro de la piscina, mi hermanita del alma nadando sin sujetador, esas tetas que anhelo azotándome la cara, bamboleándose sobre mis labios, ahí, sueltas, en la misma agua que me acoge a mí&#8230; </span></p>
<p><span style="color: #000000;"> &#8211; Te gusta así?- le pregunto. Y mi mano se abre paso a través de su bañador, y alcanza esa pieza codiciada, su pene ya duro&#8230;<br />
- Mmmmmmm- ni entiendo lo que dice. Su lengua se acerca a mi cuello, empieza a lamerme, su saliva recorre el lóbulo de mi oreja&#8230;<br />
Estamos apoyados a la barandilla. Qué grande está su polla, la siento en la mano&#8230; y me mojo al pensar cómo voy a disfrutar comiéndosela&#8230; De repente, uno de sus dedos se sitúa en el borde de mi tanga, vamos, adelante, no te quedes parado ahí!, mi coño rezumante está ya más que preparado para recibirlo&#8230;<br />
Un relámpago cruza el cielo. Jose me toca las tetas, al principio con timidez, después empieza a soltarse. Mi otra mano busca su culo, qué trasero tan bien puesto&#8230; mis pezones se levantan&#8230; creo que está lloviendo&#8230; dentro de la casa, mi padre, que se ha despertado de su siesta, le dice algo a David, el pequeño, que tiene cuatro añitos&#8230; </span></p>
<p><span style="color: #000000;"> Continúo tocando a mi hermano, no sé dónde, pero sé que vamos a follar. Jose tiene una cara&#8230; parece estar en éxtasis&#8230; ¿qué pensaría él si supiera que también deseo a nuestro padre?&#8230;<br />
Es una de las pocas cosas que no le he confesado a mi hermano del alma, casi mi gemelo&#8230; </span></p>
<p><span style="color: #000000;">CONTINUARÁ. </span></p>
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		<title>No muy caro</title>
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		<pubDate>Sat, 12 Dec 2009 09:23:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Los íssimos de Cristina]]></category>

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		<description><![CDATA[Otra. Igual que las demás, igual que cualquiera. Todas me miran del mismo modo. Siento cómo sus ojos golosos se nutren de la perfección de mi cuerpo. Me comen con la mirada, se alimentan de mis músculos, sueñan con mis abrazos. Esa, por ejemplo, es rubia y rellenita, nada fea, bien conservada para los casi [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="color: #000000;">Otra. Igual que las demás, igual que cualquiera. Todas me miran del mismo modo. Siento cómo sus ojos golosos se nutren de la perfección de mi cuerpo. Me comen con la mirada, se alimentan de mis músculos, sueñan con mis abrazos. Esa, por ejemplo, es rubia y rellenita, nada fea, bien conservada para los casi cincuenta que tendrá. Seguro que tiene hijos de mi edad, un chico de veinte años, probablemente estudiante de Ingeniería, o una niña mona, que andará por Derecho o Económicas.<br />
Lo típico, todas son iguales…<br />
Sonrío, mi sonrisa puede ser un mes de alquiler.<br />
Ella sonríe también, y se embadurna la piel con una de esas cremas caras. Alguien le dice algo, y es así como sé que se llama Coral. Pestañea, puedo notar la humedad de su vagina, intuyo su deseo de mis dedos en lo más hondo de su cavidad. ¿Será volcánica, salvaje como un potrillo desbocado?.<br />
¿O, tal vez, pasiva y sumisa, abandonada a mi buen hacer sexual?. El enigma me excita a mí también.<br />
Aunque siempre es la misma rutina, y me quejo, en el fondo me gusta…<br />
Disfruto del poder que mis ojos y mi cuerpo cien por cien DANONE me otorgan…<br />
Se levanta y se acerca a mí… Contonea las caderas, se cimbrea, observo cómo se aproxima, gozo con las señales que su tez dorada me envía. Como me he puesto las gafas de sol, finjo no reparar en su deliciosa caminata. Contemplo sus muslos, se mantienen firmes (esta mujer frecuenta el gimnasio, quizá con sus amiguitas, todas juntas en la bicicleta compartiendo secretitos y aventuras), recorro con la vista su cintura, todavía agradable. Me pone, esta zorrita me pone…<br />
Vamos…- dice con voz melosa- Podemos subir a mi apartamento.<br />
La piscina empieza a llenarse de gente, es mediodía, el sol calienta ya bastante. La mujer tiene los pezones tiesos, se le marcan bajo su bañador negro. Su dentadura perfecta, de esas que cuestan miles de euros, me lanza destellos risueños. Se sabe segura de sí misma, va directa al grano, no pierde el tiempo.<br />
Son quinientos euros.- repuse. No quería que después hubiera  malos entendidos.<br />
Aquella guarrita viciosa soltó una carcajada. Muy sonora, muy femenina.<br />
¿Tanto?.<br />
Ya verás cómo no te arrepientes.<br />
Masculló algo, un &#8220;más te vale&#8221; o algo similar, y nos dirigimos, ansiosos, a su piso. Mi pene se iba endureciendo, ante la perspectiva de meterla en caliente. Ella, acalorada, sin duda pensaba en lo mucho que iba a fardar con sus amigas. </span></p>
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		<title>En el campo (entre pajas y pajitas)</title>
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		<pubDate>Sat, 12 Dec 2009 09:23:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Los íssimos de Cristina]]></category>

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		<description><![CDATA[Me aburría. En el campo, a una hora de Sevilla, con faldita blanca muy corta y camiseta morada de tirante fino. Tanga diminuto y breve sujetador, ambos negros. Un amigo me había pedido que le acompañara a esa finca, quería cerrar unos tratos. El viaje en coche había sido divertido. Él había deslizado uno de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="color: #000000;">Me aburría. En el campo, a una hora de Sevilla, con faldita blanca muy corta y camiseta morada de tirante fino. Tanga diminuto y breve sujetador, ambos negros. Un amigo me había pedido que le acompañara a esa finca, quería cerrar unos tratos. El viaje en coche había sido divertido. Él había deslizado uno de sus largos dedos por la suave curvatura de mis muslos, y me había mantenido excitada acercándolo y alejándolo de mi zona íntima. No llegó a penetrarme con él, pero mi imaginación hizo lo que no hizo su mano, con aquella tenue caricia de su índice logré unas humedades muy sabrosas. Yo, por mi parte, le había hecho una mamada mientras su Mercedes SL 200 se desplazaba a casi doscientos por hora.<br />
Y ahora el campo. Mientras Jose cerraba sus tratos para mí se abría un mundo lleno de posibilidades. Daba un paseo?. Iba a ver los animales?. Me lo montaba con el chavalín adolescente que se había quedado extasiado admirando mis piernas?. Me ponía a leer?. Me masturbaba en un rincón?&#8230; Opté por la siempre socorrida idea de dar una vuelta. Empecé a caminar sin rumbo, disfrutando del calor del sol sobre mi piel ya morena. Unos gemidos captaron mi atención&#8230; Parecía no ser la única que estaba excitada en aquella parte perdida del mundo. Me dirigí al lugar del que se escapaban los grititos de placer.<br />
Se trataba de una especie de granero. Anduve, sigilosa, hasta que presencié la escena, entonces me acurruqué en una esquina, y me dispuse a contemplar. Soy morbosa, y me agrada utilizar todos mis sentidos. Eran dos chicas. Una yacía sobre la otra. La que estaba tumbada sobre las pajas, tan delgada como un junco, aprisionaba a la otra rodeándole el cuello con sus infinitas piernas. Las dos eran rubias, la que cabalgaba más que la otra. Jadeaban, exhaustas, y sus tersos cuerpos subían y bajaban al compás. Era una escena bella, rítmica. Sus dos coñitos se frotaban, las dos se movían en un baile circular que, a juzgar por sus respiraciones, debía estar satisfaciéndolas mucho, a mí aquel espectáculo me resultaba divino. Allí, agachada, yo misma procedí a calmar mi desazón, y dos de mis dedos se perdieron en el interior de mi gruta, ya mojada y palpitante. Creo que alcancé el orgasmo al mismo tiempo que las chicas, qué curioso, algo más propio de las películas que de la vida real. Ellas me descubrieron entonces, una se incorporó buscando algo para limpiarse y me vio, la otra sonrió con dulzura y me hizo un gesto para que me acercara. Lo hice, contoneándome, algo tímida, y la más alta me cogió de la mano y me besó con furia en la boca. La otra, con rostro de niña, se puso de rodillas y se perdió dentro de mi tanga. Mmmmmmmmmm&#8230; qué delicia, aquella chiquilla era una experta en las artes lametorias. Quise hacer algo, traté de acariciar a una, de tocar a la otra, pero las dos me lo impidieron. Se mantuvieron así durante unos diez minutos, una comiéndose mi boca, succionando mi lengua, destrozando mis labios de tanto morderlos&#8230; la otra alimentándose de todo lo que mis partes bajas le ofrecían. Fue estupendo, experimenté varias sacudidas de placer, sentí cómo mi cuerpo se contraía en un escalofrío orgiástico, y ellas no se detuvieron hasta que mi respiración dejó de agitarse. Me dijeron que se llamaban Blanca y Ana, me ayudaron a recomponerme las ropas y me pidieron que me fuera. Así lo hice, con el coño henchido de gozo.<br />
Continué mi paseo, esa ración inesperada de sexo me había agotado, notaba las piernas temblorosas, quería sentarme un rato, y necesitaba beber algo. Me crucé, al poco rato, con un joven. Alto, atractivo, fuerte, con unos impresionantes ojos negros. Nos miramos. Me ofreció una sonrisa y yo le pregunté dónde podría beber agua.<br />
- Tiene que ser agua?.<br />
- No. No necesariamente. Lo que pasa es que me muero de sed.<br />
- Ven. Creo que puedo ayudarte.<br />
Le seguí. Mi yo lascivo y mi mente viciosa no pudieron evitar fijarse en su culo. Bajo sus vaqueros, su trasero se revelaba redondo, firme, apetecible. El chico estaba realmente bien. Le imaginé desnudo, decidí ir más lejos y le imaginé entrando en mí con un pene que, no sé por qué, supuse grande y juguetón.<br />
- Aquí.-dijo.<br />
Señalaba una especie de casucha abandonada. Allí iba a encontrar agua o algo que calmara mi sed?. De repente, cuando sentí su bravura empujándome, con elegancia, lo entendí. Ja ja, vaya día, qué completito. El joven me indicó que me arrodillara, sin hablar y por medio de gestos fue diciéndome lo que deseaba. En un minuto me encontré con su polla en mi boca, y sí, era grande. Unos veinte centímetros de lustrosa y joven carne dentro de mi boquita, casi me ahogaba, a él le gustaba empujar, me empujaba la cabeza, y aquella verga llegaba a mi garganta. La rodeé con la lengua, la chupé,la exprimí&#8230; es algo que me fascina&#8230; minutos de jadeos entrecortados y hierbas clavándose en mis rodillas, hasta que el joven de nombre desconocido se corrió dentro de mí. Me lo tragué todo, toda su leche calentita me inundó, salía a borbotones, y yo me la bebía. Toda.<br />
- Ya no tendrás sed.- comentó antes de irse.<br />
Pero, lo cierto, es que sí la tenía. Me encontraba mucho más sedienta que antes. Me dolían las rodillas, estaba excitada, me apetecía echar un polvo, tenía el tanga tan húmedo que chorreaba, y me encontraba perdida en mitad de la nada. Mi faldita se levantaba, con un vientecillo suave que se había despertado de pronto&#8230; A lo lejos vi a unos caballos. Me encaminé allí, seguro que había alguien. Dónde andaría mi amigo?. Mientras andaba, como en un sueño, y contemplaba a los caballos, ya cercanos, una idea perversa se apoderó de mí&#8230; Empecé a darle forma, mientras me fijaba en el único caballo negro del grupo, tan brillante, tan bonito&#8230;<br />
CONTINUARÁ. </span></p>
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		<title>Tríos</title>
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		<pubDate>Sat, 12 Dec 2009 09:22:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Eran tres, y las tres estaban buenas. Regresé al gimnasio porque creí haber olvidado las llaves, y me acerqué a los aseos de las chicas atraído por aquellos gemidos. Una gemía muy quedo, suave, en voz baja. Otra emitía sonidos salvajes, casi animales, atronaban. Y la tercera jadeaba, sin más, una respiración fuerte producto de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="color: #000000;">Eran tres, y las tres estaban buenas. Regresé al gimnasio porque creí haber olvidado las llaves, y me acerqué a los aseos de las chicas atraído por aquellos gemidos. Una gemía muy quedo, suave, en voz baja. Otra emitía sonidos salvajes, casi animales, atronaban. Y la tercera jadeaba, sin más, una respiración fuerte producto de la excitación.<br />
Estaban de pie, dos desnudas; la otra con un tanguita rosa que le sentaba estupendamente. Y se tocaban. No hablaban, sólo producían gemidos enloquecedores, y no paraban ni un segundo de tocarse. Sé que una tenía el pelo muy largo, rubio, y que otra me ofrecía la visión de un culo perfecto, respingón, de nalgas prietas y redondas, tan bonito que lamenté no tener el valor suficiente para entrar allí y meterle la polla hasta el fondo.<br />
Me agazapé como pude en un recoveco, dispuesto a disfrutar de aquel espectáculo inesperado. Tampoco veía muy bien. El vapor me atontaba, y, si buscaba una posición mejor, ellas se darían cuenta de mi presencia. Intuía muchas cosas, otras ocurrían de verdad, mi mente calenturienta y los deseos de mi polla se atragantaban con aquella explosión de sensaciones. Un dedo entraba en un coñito húmedo, una uña resbalaba por una pierna interminable, dos bocas se buscaban con pasión, y se fundían en un beso eterno. Una mano manoseaba unos pechos pequeños, con pezones oscuros que otros dedos retorcían, unas caderas se mecían al ritmo que marcaba el deseo, y una lengua recorría un pedazo de piel sudorosa que podía ser un abdomen.<br />
Y de repente el mundo entero se convirtió en una sucesión de deditos con anillos entrando en agujeros de culitos nunca profanados, aullidos de excitación, clítoris vibrantes que pedían a gritos una buena ración de caricias, tetas que se acercaban a bocas ansiosas por comerlas, labios carnosos que lamían cuellos tensos por el deseo.<br />
Y todo se desvaneció. Me hice una paja. Bestial, rápida, desasosegaga.<br />
Y mi esperma se estrelló contra el mismo suelo en el que ellas daban y recibían. </span></p>
<p><span style="color: #000000;"> Desde aquella tarde, las busco a diario en el gimnasio. Aunque nunca me atrevo a decirle nada a la única a la que soy capaz de reconocer.<br />
Creo que ella sabe que yo sé. </span></p>
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		<title>Platanito</title>
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		<pubDate>Sat, 12 Dec 2009 09:22:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Qué erótico (+18)]]></category>

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		<description><![CDATA[De repente&#8230; perdí la noción del tiempo&#8230;
Todo eran sensaciones, escalofríos de placer, corrientes de pasión, sofocos, jadeos y gemidos&#8230; una confusión enorme de olores y sabores, sexo en estado animal&#8230;
Me encantaba así&#8230; sin normas, sin reglas, sin control&#8230;
Muy primario.
Vi el plátano, pero pronto me olvidé de él. Braulio me besó, con furia, y mi boca [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="color: #000000;">De repente&#8230; perdí la noción del tiempo&#8230;<br />
Todo eran sensaciones, escalofríos de placer, corrientes de pasión, sofocos, jadeos y gemidos&#8230; una confusión enorme de olores y sabores, sexo en estado animal&#8230;<br />
Me encantaba así&#8230; sin normas, sin reglas, sin control&#8230;<br />
Muy primario.<br />
Vi el plátano, pero pronto me olvidé de él. Braulio me besó, con furia, y mi boca se dejó dominar por la suya, me quedé atrapada, por unos instantes, en una maraña de besos profundos que apenas me permitía respirar.<br />
La cama era un amasijo de sábanas, fluidos y partes del cuerpo desparramadas de cualquier forma&#8230;<br />
Él estaba tumbado sobre mí, pero no completamente, y nuestras piernas se enroscaban a veces para ejecutar un baile atrevido. Mi piel ardía&#8230;<br />
Fue entonces cuando me penetró&#8230;<br />
El plátano&#8230;<br />
Era extraño, duro, gelatinoso&#8230; Entró en mi coño guiado por la mano de Braulio, y avanzó por mis estrechos corredores resbaladizos. A veces se encontraba con alguna dificultad, le costaba adentrarse en mi concha, pero pronto reanudaba la marcha. Lo sentía frío, en ocasiones algo aspero, y me excitaba su tacto diferente.<br />
Una polla muy frugal&#8230;<br />
Disfruté mucho aquella penetración. Braulio resultó un experto maestro para el platanito, lo condujo con energía hacia el lugar que yo esperaba, muy dentro, y me embistió con él. Lo mantuvo dentro de mí unos diez minutos, mientras mis caderas marcaban un ritmo cadencioso que a él le hacía suspirar&#8230;<br />
Después, Braulio extrajo el plátano de mi coño, montó a horcajadas sobre mí, y me clavó su erecto y largo pene hasta el fondo, fue como un relámpago la brutal descarga de deseo que experimenté, y siguió follándome salvajemente mientras se comía la banana, enterita, rebosante de todos mis jugos internos&#8230;<br />
Llegamos casi juntos al orgasmo&#8230; y yo corrí a la cocina a buscar zanahorias y pepinos, empezaba un juego nuevo&#8230;</span></p>
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		<title>Un bulto dentro de los vaqueros</title>
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		<pubDate>Sat, 12 Dec 2009 09:21:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Qué erótico (+18)]]></category>

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		<description><![CDATA[( Para ti, que envías mensajes cálidos y tienes los ojos oscurísimos&#8230;) 
“ … porque estoy en vaqueros haciendo la compra y mi bulto ya no pasa por el teléfono móvil…”. Ese es tu último mensaje. Por qué me haces esto?. De repente imagino tu cuerpo bajo una camiseta blanca- me encanta así- y bajo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="color: #000000;">( Para ti, que envías mensajes cálidos y tienes los ojos oscurísimos&#8230;) </span></p>
<p><span style="color: #000000;">“ … porque estoy en vaqueros haciendo la compra y mi bulto ya no pasa por el teléfono móvil…”. Ese es tu último mensaje. Por qué me haces esto?. De repente imagino tu cuerpo bajo una camiseta blanca- me encanta así- y bajo unos tejanos descoloridos, no sé, te visualizo así. Ese mensaje tan ¿caliente?, ¿intenso?, ¿erótico? se supone que es tu respuesta a uno en el que yo te escribo que estoy sentada en mi despacho, aparentemente seria delante del ordenador, con un tanga diminuto que se humedece más y más a cada rato. </span></p>
<p><span style="color: #000000;"><br />
<span id="more-84"></span> Y así es. El tanga es rosa, hace juego con el sujetador, es un conjunto de Tommy Hilfiger, me gusta mucho. Es muy pequeñito, cubre únicamente el triángulo obligado, por detrás es un hilo delgado que roza con delicadeza la raja de mi culo. Mmmmm… me siento bien con esos roces. Después llevo camiseta negra con generoso escote y falda vaquera muy corta. Y medias de esas que se ciñen al muslo con unos brocados llenos de encajes.<br />
Por qué me hablas de esa protuberancia tan grande que sin duda suscita envidias y me dejas con las ganas de saborearla?. Deberías apiadarte de mí y aparecer en la pantalla de mi portátil, entonces podría comerme todo ese paquete que, según dices, amenaza con romper tus pantalones, y podría refrescar el calor que me provocan tus palabras bebiéndome toda esa leche que tú siempre prometes.<br />
Pero no, tú no estás aquí, haces la compra en algún lugar que intuyo lleno de amas de casa que te miran con deseo, y te imagino eligiendo yogures naturales azucarados- mmm, estaría bien untar tu espalda con ellos y luego lamerla-, arroz basmati- que podrías cocinar para mí ( yo no sé hacerlo, recuerdas? ) y nos lo comeríamos servido sobre mi monte de Venus, te gustaría?- y algunas otras cosas, como piña- me encanta-, y cereales, y ¿chocolate?. No sé, la de los bombones soy yo. Algún día podemos hacer un juego de bombones y sexo. Tengo algunas ideas…<br />
Aquí pasa la tarde, y tengo un proyecto en marcha muy importante, y necesito concentración, pero mi tanga empapado de jugos que me recuerdan lo mucho que anhela mi coño un buen toqueteo me impiden alcanzarla. Estoy perdida. Sueño con raciones de corridas tuyas, te veo desnudo sobre una cama, muy empalmado claro, y veo que me preguntas dónde quiero que te corras. Aquí, digo, en mi pelo, y todo ese chorro de esperma blanquecino sale de ti, con furia, y mancha toda mi melena negra.<br />
Qué larguísimo tienes el pelo, dice entonces mi secretaria, qué?, pregunto, no puede ser, sólo estoy soñando, tú estás en el súper y yo aquí, rodeada de teléfonos que suenan sin parar, de páginas garabateadas a las que debo dar forma y de proyectos maravillosos que permitirán días de sol y exotismo en un futuro no lejano. Que tienes el pelo muy largo, repite, ah, sí, es verdad, le respondo, claro, me gusta que sea así, y que todo tu semen resbale por él, gotitas cálidas descienden por… Y siempre lo has llevado así de lisito?, pregunta alguien que viene a traer un fax, déjame, a ti qué más te da?, quiero seguir con tu imagen tras la corrida, tú sudoroso y yo bañada de leche de tu marca personal.<br />
Y, de repente, incorporo un nuevo elemento. Me levanto para ir a hacer una fotocopia y…horror!, me he puesto a cien, más, supongo que perdería puntos si alguien midiera la velocidad de mi calentura, y la silla se ha mojado, una mancha redondita es el testimonio de todos esos acelerones internos que has provocado en mí. Ven, y te follo, vale?, te tiro sobre mi mesa y cabalgo sobre ti y… ah, no, en realidad ahora quería recrearme con otro sueño distinto, estás tú, desnudo, y yo, claro, y tenemos un vibrador muy grande, y de color rosa, el mío, y estamos decidiendo cómo utilizarlo, yo tengo clarísimo qué es lo que quiero hacer con él, pero tú dudas, o dices que prefieres otra opción, no sé. Pero yo insisto, seguro que es divertido…Te apetece probar mi sugerencia?&#8230;<br />
Cris, vas tú a la exposición de esta noche, no?, pregunta una voz, ni presto atención, claro que voy yo, me apasionan las exposiciones, y esta más todavía, es en un faro, y es flamenca, y… y he pensado que sería gozoso que me fueras exponiendo tu cuerpo parte a parte, ok?, lo harás?, envíame fotos de tus manos huesudas de dedos largos, para que me excite sólo suponiendo cómo puedes introducirlos en mi hendidura húmeda y ansiosa de ti, y de tus abdominales perfectas- tan lamibles y tan anheladas por mi lengua carnívora- y de tus piernas fuertes, para que pueda darme cuenta de que puedes izarme sin problemas y de que podemos follar como locos de pie apoyados a cualquier pared. Y de tu… mmmmm, un mensaje nuevo, a ver qué me cuentas ahora, a ver si me sorprendes con algo original, o grande, o divertido… pero no, no eres tú, es un alemán que conocí en una gala de homenaje a un torero, o algo semejante, no sé, y me pregunta si quiero cenar con él. Pues no, no quiero, no quiero porque ya he quedado para cenar, con mi hermana y mis amigas, cena tailandesa de mujeres para cotillear de los temas típicos, y tópicos, y no quiero porque ahora mismo no quiero nada, nada de nada, sólo tu piel, tus palabras guarras, tus jadeos y todo tu cuerpo, tu polla de veinte centímetros y tu torso perfecto.<br />
Porque tú tienes un pene de veinte centímetros, a qué sí?.<br />
Eso me dijiste un día, yo te contaba que me gustan los plátanos, y los platanitos, y tú me preguntaste cuál más, y así, con todas esas bromas, fue como llegué a saber que tu fruta es una gran banana, sabrosita, y apetecible… pero lo de los veinte es lo clásico de los tíos, todos decís que la tenéis de veinte, aunque después sea como el dedo meñique, y yo te piqué un poco con eso, y me mandaste una foto, y sí, sí que es grande, me sorprendió muy gratamente contemplar aquella pieza de tu anatomía, tan erguida, y tan bonita, y… por qué no vienes y me la metes?. Toda, y hasta el fondo, y rápido, después más lento, así, con roces, porque mi coño es muy estrechito, y fuerza toda esa verga que se abre paso a través de túneles mojados y palpitantes, y…<br />
No sé qué hacer, te lo juro. Mi tanga enano se ha empapado, no sé, es todo humedades y zumos, y me temo que todas esas aguas que salen de mis intimidades van a empezar a resbalar por mis muslos, y bajarán sinuosas en reguerillos hasta alcanzar mis rodillas y… uff… no, no, no, no puedo permitir que eso ocurra… de pronto tengo una idea, parece buena, voy al baño y me desprendo de ese pedazo de tela pegajoso y mojado en el que se ha convertido mi ropa interior. Te lo regalaría, quieres mi tanguita rosa?, seguro que se te ocurriría alguna actividad divertida qué hacer con él, me limpio, y pienso en tus mensajes llenos de promesas que prometen subidas álgidas de temperatura, mmmm, y visualizo revolcones contigo en playas de arena muy blanca, todo sensual, y salvaje… me limpio otra vez y… tiempo para una masturbación?, no, creo que no, ni siquiera para una rapidita, y decido que lo mejor es que pase el resto del día sin ropa íntima. Guardo mi tanga, inservible, en uno de los bolsillos de mi bolso, y regreso a mi mesa. La falda es muy corta, pero de esas que acaban abullonadas, así que no puede levantarse, y nadie va a notar nada. Así mucho mejor, mi coño respira, la verdad es que es un placer caminar sabiendo que no hay nada ahí abajo, que todo va al natural, un triangulito depilado y rezumante de líquidos que de nuevo empiezan a aflorar, es que he vuelto a acordarme de tu bulto desafiante atrapado bajo tus vaqueros. Voy a comprar tabaco, digo, necesito más frescor, quiero salir a la calle y notar que la brisa fría de hoy me penetra, ya que no estás tú para penetrarme me apetece que lo haga el viento, que una corriente de ese frío invernal que aún no se va suba y suba a través de mí hasta alcanzar la cima, que entre, que entre más, y que toda esa ventisca se abra paso por mis vericuetos vibrantes y viscosos. Si tú no fumas, dice mi secretaria, y me mira, me parece que estoy despeinada, y también bastante sudorosa, hace mucho calor aquí, y evocar tu falo enhiesto y embravecido hace que se cubra todo de calor, todo es caliente, estoy empezando a marearme, no, pero tú sí, ya te subo yo el tabaco, respondo antes de que mi temblorosa voz me delate, lo cierto es que me encuentro muy excitada, demasiado, y con muchas ganas de abrazarte, morderte y perderme en tus besos. He pensado que ahí detrás de tu mesa te debe molestar el perchero, continúa ella, uff, qué mujer tan eficiente, y tan pesada… no, no es pesada, es maja, pero me habla y evita que siga perdida en tus besos. El perchero no me molesta en absoluto, déjalo ahí, guapa, y dedico un segundo… dos…a observarlo, miro ese perchero tan enorme y se me ocurre alguna travesura para realizar con él, seguro que alguna utilidad lasciva tiene, mmmmm, sigamos con los besitos, me chiflan los besos…<br />
Y tú cómo besas?, me pregunto, me lo pregunto a mí misma mientras bajo en el ascensor, por fortuna bajo sola, y puedo rozar con un dedo mi rajita ya humedecida otra vez, es una caricia muy tímida, casi ni la percibo, pero me encanta, está chulísima, entonces imagino un beso tuyo en mi chochito, y como soy muy imaginativa y lo vivo todo muy apasionadamente, llego a sentirte, estás dentro de mí, mmmmmmmmmmmm, muy dentro, me besas, tus labios están helados, por qué?, has comido hielo?, has bebido algo frío?, dímelo, o no me lo digas, me da igual, lo que quiero es que no te pares, sigue ahí, vale?, sigue besándome así, tu lengua traviesa me recorre entera, mmmmmmmm, sabes lo que vas a provocar?, no lo quiero ya, quiero aguantar más, pero tú no te paras, sigues regalándome tus besitos, lames todo mi coño mientras yo abro las piernas más, y es entonces cuando tu boca decide comerse de un solo bocado toda mi concha y…<br />
Hola, vas a tomar algo?, dice el tío con el que me cruzo cuando el ascensor se para, qué, no, yo no quiero tomar nada, quiero que tú me sigas tomando a mí, enterita, y también a sorbos, pero no, no puedo decir eso, qué, no te he entendido, el hombre me contempla, cara, escote, piernas, el repaso habitual, y sonríe, digo que si vas a tomar un café, si quieres te acompaño, ja ja, pues no, nene, la verdad es que voy por cigarrillos, ah, tú fumas?, pensaba que no, y yo ni siquiera sabía que existías, pienso, pero no se lo digo, claro, no fumo pero… no sé, necesito meterme algo en la boca. Salgo a la calle y no me puedo creer que haya dicho eso, lo he dicho?, no sé, tal vez sí, y no he mentido, lo que más falta me haría ahora sería tragarme toda tu polla, entera, me encantaría atragantarme con todo ese bulto que, según dices, se aprieta contra tus vaqueros, y ya es demasiado grande para confundirse con un móvil. Bueno, hay teléfonos muy grandes, también, dime cómo es de grande, dime cómo se levanta, dime cómo te haces tú una paja, mmmmmmm, quiero ver eso, quiero verte meneándotela, o no, mejor, quiero hacerlo yo, quiero coger tu rabo y menearlo tanto que sientas que todo da vueltas a tu alrededor y, entonces, ni se te ocurra correrte, eh?, entonces cuando ya estés agotado, porque tú también te cansarás alguna vez, no?, pues entonces…<br />
Coño, qué frío…y nunca mejor dicho, mi coño se rebela ante tan baja temperatura, qué espanto, ahora me gustaría llevar braguitas, o no… qué lío, estoy aturdida, ni sé lo que quiero, tiemblo, pero también me pone cachonda ir desnuda por dentro, sentir cómo todos mis pliegues se contraen en escalofríos involuntarios provocados por los cinco grados que marca un aparato del que no me fío demasiado. Tienes frío?, has acabado de comprar?, has comprado fresitas?, podemos jugar con ellas, yo me las meto en el coño y tú las buscas, vale?, con la boca, y después las comemos, desde tu boca las llevas a la mía, y las compartimos, y los zumos de color rosa escurren por nuestras mandíbulas, unas gotitas con sabor a fresón dulce, mmmmmm, y a todos los jugos con los que mis partes calenturientas las empaparon, te gusta así?.<br />
Compro tabaco, cualquier marca, la primera que se me ocurre, y doy una vuelta alrededor de la manzana, me gusta saber que no llevo tanga, todavía no me he cansado de que los fríos de un invierno que ya es primavera me invadan. Pero yo quiero que tú me invadas, vuelvo a dejarme llevar por la imaginación y te tengo dentro de mí, no sé cómo, he hecho magia, y de repente tu polla se apodera de mis territorios, estás conmigo en la calle, ahora soy tu esclava, mi única ley tu polla, que manda, es la dueña, invade mi terreno, entra y toma posesión. Entra, vence las estrecheces y entra, yo gimo y me quejo, me entusiasma y me duele un poquito, y tu grandiosa polla morena entra en mí, más, y también más, y llega hasta no sé muy bien dónde, hasta el fondo, me gusta, no te pares, eh?, sigue avanzando…<br />
Otro mensaje. Te has decidido a enviarme la foto que te pedí?, la del bulto atrapado por tus vaqueros perversos?, me dejas perderme en tus vaqueros?, puedo bucear en ellos, y explorar la flora y fauna que vaya encontrando y… no… el mensaje no es tuyo, tú eres malo, y te mereces un castigo por no mandarme lo que te pido, podría castigarte, no sé, qué se te ocurre?, quizá un buen castigo serían media docena de mamadas seguidas, ok?, yo me arrodillo y te como todo el pene, me lo meto entero, me duele la boca de tanto abrirla y, como tú sigues empujando, yo sigo comiendo, mmmm, me ahogo, y así una y dos y hasta seis veces. Pero, ahora pienso que no, que ese castigo no me convence, y lo cambio un poquito, trabajarás tú, que eres el castigado, tú te arrodillas, mmmmmmmmmm, qué morbo, estoy empapada otra vez, se me escurren todas esas aguas turbulentas, todas esas corrientes marinas que mi coño expulsa cuando piensa en ti, y me lames, con esa lengua tan rica que debes tener viajas a través de mis paraísos escondidos, visitas mi gruta del placer, mi culito, mis nalgas heladas, esos pedazos de piel suave que hay en la zona de la ingle, haces un largo recorrido, con tu boquita malvada que promete fotografías que después no envía.<br />
Qué haces, escucho de pronto, y entonces veo a un joven con el que alguna vez me he acostado, ahora somos buenos amigos, disfruto, le digo, qué, nada, voy ahí, es muy largo de explicar todo este proceso que te estoy explicando a ti, así que opto por una respuesta socorrida, y él me acompaña, he señalado una tienda, una de lencería, así que el hombre de la sonrisa pícara decide que me hará compañía, y abre la puerta para que yo entre. Qué desea, pregunta una señorita, una que es muy rubia y muy guapa, y yo no me atrevo a decírselo, cómo voy a confesarle que deseo tu culo, tu cuerpo perfecto encima del mío, tus labios juveniles profanando mi cuello, tus brazos poderosos aferrados a mi cintura, es que es eso lo que deseo, deseo que me folles, veinte veces si puede ser, que me escueza todo de tanto follar, que entres en mí con furia, que me penetres con pasión salvaje, una vez, después quiero otro polvo, este suave, notar tus embestidas lentas, saborear el ritmo de tus caderas, es que eso es lo que deseo, deseo que me muerdas la boca, que me la comas… Quería comprar un par de tangas, o tres. Y ella me muestra varios modelos, solícita. Alguna marca en especial?. Calvin Klein, La Perla, Andrés Sardá… cualquiera de esas, cómo te gustan a ti?, te fijas mucho en la ropa íntima?, en una ocasión me enviaste un mensaje que hablaba de tus dientes en mi tanga, en el borde de mi tanga, yo iba a una cena, fui a una cena, y me divertí mucho, no recuerdo muy bien las conversaciones, pero sí sé que mi coño no se aburrió. Al final compro tres, blanquito de Calvin Klein, muy sencillo. Negro con muchos encajes de La Perla, muy transparente, con mucho juego que ofrecer. Y rosita, parecido al que llevaba, de Chantelle, muy pequeño, con unos lacitos a la altura de las caderas. Me pongo ese, y me acuerdo de que debo subir a mi despacho y concretar un par de cosas, pero antes convenzo a mi amigo para que entre conmigo al probador y me haga una foto con el móvil. La hace, y creo que está bien, se ve una parte de mi muslo, y la telita rosa, la he separado un poco con el dedo, y se intuye un terreno más blanco que el resto de la piel, que conduce directamente a esa zona en la que yo quiero que tú entierres tu cabeza. Te envío la foto, y espero otro mensaje dándome noticias de ese bulto bajo esos vaqueros que me muero por arrancarte, ya ves, tus mensajes me hacen enloquecer…<br />
Ya has vuelto?, me preguntan, sí, toma tu tabaco, guapa, ella me mira asombrada, sin saber qué decir, estás bien, verdad?, dice finalmente, yo?, de puta madre, como no voy a estar bien, he tenido tus lametones en cada rincón de mi cuerpo, has acariciado mi vulva, mi melena, has retorcido con tus dedos largos mis pezones. Te he imaginado haciendo todas esas cositas que yo quiero que me hagas, házmelas, vale?, y sigo deleitándome con mis juegos rebosantes de sexo pasional. Y ahora voy a enviar un par de e-mails, una tarea rutinaria y mecánica, y mientras lo hago me congratulo de lo bien que me sienta el tanga nuevo, me encuentro muy a gusto dentro de él, tan rosa y tan mono, y te visualizo a cuatro patas, haciendo no sé qué, y todo cambia muy rápido, creo que quieres que sea yo la que adopte esa postura, genial!, me encanta, puedo balancear las tetas delante de tu boca, muerde, y ahora muerde más. Y, repentinamente, todo es como un relámpago, sólo veo culos, el tuyo, tan firme, y mis nalgas prietas, sólo veo eso, carne redondeada que se roza, y agujeritos, agujeros trémulos que… a ver… sí, ahora ya lo veo bien… agujeros penetrados por dedos. Mi dedo índice con la uña pintada de rojo, previamente ensalivado, perfora ese círculo que tú tienes, que poco a poco se ensancha, y mi ojito trasero también disfruta de idéntica atención, es tu pulgar el que…<br />
Vas a ir al gimnasio?, sí, casi grito, y me doy cuenta de que he hablado demasiado alto, sí, perdona, estaba distraída, me pasaré un rato, tengo tiempo antes de la exposición, y haré una hora de bicicleta. Y después me pondré un vestido negro muy bonito, quieres verlo?, me gustaría que lo vieras, pero no sobre mí, sobre la moqueta, el vestido estaría allí tirado, tú me lo habrías arrancado, y yo me habría deshecho con los dientes de tu camiseta, y muy pronto desaparecerían tus pantalones, y mi tanga, y esto y aquello, sólo ropa amontonada en el suelo, y una mujer morena y un hombre joven preparados para un asalto bestial, un combate sin fin, otra sesión de sexo desenfrenado. Vale, entonces voy saliendo y te veo en el gim, dice él… bien, pienso, pero hazlo, no lo digas, no me interrumpas, déjame aquí, pensando en la ropa arrugada sobre la alfombra, en tus gemidos, en tu torso desnudo cabalgando sobre mí, en mi abdomen pegajoso tras haber recibido una grata aportación de tu semen. Es que a mí me encantan tus corridas, me gusta mucho que tu polla sea tan agradecida y se deshaga de toda esa abundante cantidad de leche que… mmmmmm….ofrece miles de posibilidades. Puedes correrte en un vasito, uno pequeño y de diseño moderno, un vasito de leche a la carta, quieres que me lo beba?, es la única leche que estoy dispuesta a beberme sin echarle café o ColaCao, y tú no te la bebes nunca?, bébetela, ok?, una vez, quiero verte, quiero ver tus labios manchados. Y puedes correrte en mis pechos, de hecho me encantaría que te lo hicieras allí, que entres en el canalillo, que salgas, una y otra y otra vez más, y después explotar en mis pezones. Y, por qué no, puedes desparramar todo tu líquido espléndido a la manera tradicional, dentro de mí, todo ese semen chocando contra mis paredes, un baño interno de productos lácteos. Y en mis rodillas, que son muy huesudas, y sobre mis nalgas, ah, córrete en mi carita, creo que a ti te mola eso, y yo quiero sentirlo, quiero que todo ese chorro procedente de tus parajes recónditos salga disparado hacia mi cara, venga, hazlo, esperaré ese regalo con los ojos muy abiertos, y la boca muy dispuesta, mmmmmmmmmmmmmmmmm, he podido notar todo el calor de tus flujos empapando mis mejillas, aterrizando en mis pestañas, resbalando por mi nariz, escurriendo por mi barbilla, precipitándose desde mis labios sedientos hasta mi escote. Te gustará así?. Y, córrete más, no sé dónde más, dónde quieras, intenta comerte la polla, lamer la puntita, al menos…vale?, seguro que con tu lengua divertida alcanzas la punta de ese………..mmmmmmmmmm…………..¿paquete?, no sé si es correcto llamar paquete a ese juguete tan divino que tú tienes.<br />
Y, ahora, he salido a la calle, la tarde está fresca, y voy a ir al gimnasio, me toca bici, y ya sabes lo que me pasa con la bici, antes no me pasaba, pero ahora sí, nada más sentarme me acuerdo de lo que me dijiste, entonces el sillín se convierte en mi amiguito, mi compañero de fechorías, y me froto contra él, mucho, muy fuerte, aprieto mi coño contra ese pedazo de ¿objeto? inerme, y lo domino, hago lo que me da la gana con él. El sillín nunca se cansa, es incombustible, siempre me canso yo mucho antes. Y ahora recibo un mensaje tuyo, yo te he pedido una fotito o algo chulo que me erice la piel, y tú me has enviado una palabra. Una palabra y un signo de interrogación. Qué malo eres… y las imágenes visuales qué?. Ocupada?, has escrito, suena bien, abre la puerta a mil y una posibilidades, no, no ocupada, tengo tiempo libre para jugar a lo que me propongas, voy a estar en el gim, y allí hay muchos instrumentos que pueden dar pie a las más inverosímiles situaciones, mmmmmmmmmmmmmm, hay elementos que entran, salen, suben, bajan, penetran… cómo me encanta todo eso, entra en mi coño, sal de mi boca para enredarte en mi pelo, sube conmigo a un orgasmo increíble, baja hasta que te apetezca subir de nuevo, penétrame, penétrame más, más y muy fuerte… Mmmmmmmmmmmm, me encanta el sexo!, y me encanta que a ti también te encante, lo cierto es que estoy tan ocupada que hacía mucho tiempo que sólo tenía encuentros sexuales conmigo misma, que está muy bien, los trabajos solitarios siempre reportan grandes satisfacciones, a qué sí?, pero el sábado estuve en Sevilla y sí, je je… allí sí hubo un momento para la alimentación carnal… y mientras pienso en lo mucho que me gustó follarme a aquel hombre en mi habitación del hotel, antes de los toros, una corrida antes de otra, je je… pienso también en todas las ganas que tengo de follarte, de que me folles y de que follemos.<br />
Cómo están tus vaqueros?, tus vaqueros, ese bulto tuyo que amenzaba con perforarlos, tu mensaje y tu teléfono móvil han provocado todas estas reacciones. MMMMMMMMMM, por qué no otro mensaje chulo?. Te envío el que desencadenó todo esto, yo estaba sentada delante de mi ordenador, aparentemente seria, y mi tanga rosa se humedecía más y más… sigue, por favor… </span></p>
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		<title>Bar</title>
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		<pubDate>Sat, 12 Dec 2009 09:20:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Qué erótico (+18)]]></category>

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		<description><![CDATA[ Nos vimos en un bar y nos deseamos. Él había estado tomando un café con otro chico y, cuando el chico se marchó, permaneció allí, en su mesa, cómodamente sentado, mirándome con la arrogancia del que se sabe atractivo. Yo había quedado con una amiga, que, fiel a su eterna costumbre, llegaba tarde. Clavé [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="color: #000000;"> Nos vimos en un bar y nos deseamos. Él había estado tomando un café con otro chico y, cuando el chico se marchó, permaneció allí, en su mesa, cómodamente sentado, mirándome con la arrogancia del que se sabe atractivo. Yo había quedado con una amiga, que, fiel a su eterna costumbre, llegaba tarde. Clavé mis ojos oscuros en los suyos negros, y de aquella miradas saltaron lenguas de deseo. La tensión sexual se palpaba en el ambiente. Olía a sexo, nuestros cuerpos despedían el aroma de la pasión bestial que nos hace animales.<br />
Deseé reptar, deslizarme por el suelo como una serpiente, llegar hasta él arrastrándome, abrir la cremallera de sus vaqueros desteñidos, y meterme toda su polla en la boca. La imaginaba dura, enorme, tan erecta que pareciera a punto de estallar. También me gustaría que él viniera hacía mí, que introdujera sus dedos en mi escote sin previo aviso, que regalara a mis pezones chiquititos alguna caricia, y que pudiera adivinar que, bajo mi faldita mínima, había un tanga diminuto que se humedecía más y más. </span></p>
<p><span style="color: #000000;"><br />
<span id="more-82"></span> Describir a aquel joven resulta sencillo. Perfecto. Justo como deben ser los hombres que a mí me ponen. Moreno, con rasgos agitanados, piel tostada por el sol, alto, con un cuerpo definido y producto de un buen trabajo en el gimnasio. Yo ignoraba si mi perfil se correspondería con el de las mujeres que a él le hicieran vibrar. Supuse que más o menos. Morenita y delgada, con piernas largas, ojos oblicuos y cintura estrecha, suelo tener éxito entre el público masculino. Así que, como no pasaba nada, y mi deseo crecía, le escribí un mensaje en una servilleta, la levanté y se la mostré.<br />
FÓLLAME, ponía.<br />
Se levantó y se acercó a mi mesa. No, dijo, no voy a follarte, me apetece mucho más lamerte. Si te apetece, levántate y vete al baño, yo te sigo. Te aseguro que no te vas a arrepentir, te gustará mucho más que si te follara.<br />
Me apetecía. Mucho. De modo que casi corrí a los aseos, mi coño estaba absolutamente mojado, notaba como mis jugos íntimos se deslizaban por mi entrepierna, la piel se me erizaba de deseo, sólo podía pensar en la lengua de aquel joven escultural ensalivando mi cuerpo hambriento de él. Derrochaba sed de sus labios, de su lengua, de su boca generosa regalándome lamidas y lametones.<br />
Tardó un minuto en aparecer. No dijo nada. En un segundo se deshizo de mi breve camiseta blanca, y de un sujetador del mismo tono, lleno de encajes y puntillas. Cogió con sus manos grandes cada una de mis tetas, las observó un instante, besó cada pezón tres veces, con lujuria, y comenzó a obsequiarme con la frialdad cálida de su lengua.<br />
Sabía lamer. Serpenteaba por mi canalillo, subía mis pequeñas colinas, se detenía en la cima, lamía, descendía otra vez, y con su boca atrevida lamía los recovecos de mi axila, besaba mi cuello, regalaba lengüetazos a mi abdomen firme, y de nuevo se encaminaba hacia mis pechos, que aguardaban ansiosos las ternuras de sus labios.<br />
Creo, muy a mi pesar, que no me comió mi concha húmeda y palpitante. Antes de desmayarme, extasiada de placer, él se entretenía lamiendo el hueso de mi cadera. Cuando desperté de mi desvanecimiento, él ya no estaba allí. Unas señoras muy estiradas me miraban con gesto de reprobación. Alguien, nunca supe quién, me había puesto la camiseta. Del sujetador, ni rastro. </span></p>
<p><span style="color: #000000;"> CONCIERTO. </span></p>
<p><span style="color: #000000;">Fue durante un concierto. Lo curioso es que la cantante era yo. Por aquel entonces nos llamábamos Agua de Luna y pensábamos que nos comeríamos el mundo. Juan y Clara tocaban la guitarra. Yo cantaba, lo nuestro era pop comercial con aires de flamenco. No llegamos a ninguna parte pero nos divertimos mucho ese verano.<br />
Ocurrió en un pueblo del Sur. Uno de esos perdidos por ahí, con playa, y gente ávida de diversión. Él estaba entre el público, tendría dieciocho años, lucía una melena castaña que le rozaba los hombros. De repente me lo imaginé desnudo, en mi cama, con una de sus manos acariciando mi culo, la otra entretenida en retorcer mis pezones.<br />
Él se fijó en mí, también. Comentó algo con sus amigos, y me obsequió con un gran repaso. No recuerdo cómo iba vestida, en aquella época llevaba el pelo cortito, teñido de color arándano, y probablemente me habría puesto unos vaqueros y una camiseta, antes me encantaba vestir así. Yo creo que era bastante guapita, no muy alta, con un cuerpo lleno de curvas sugerentes, un trasero respingón y unas tetas bastante generosas.<br />
Al terminar una canción le sonreí. Se encontraba en segunda fila, más o menos, y me fijé en sus ojos azules. No estaba nada mal, el chico… Me miró, y su mirada era penetrante, casi sentí cómo mi vulva se abría para cederle el paso a su verga erecta. Me excité, lo reconozco. Me excité bastante, y mi tanga se humedeció, y ahí dentro algo palpitó y deseó ser lamido. ¿Cómo sería su lengua?. ¿La movería bien?. La quería en mí, y la quería ya, dentro de mi coño, llenando los pliegues de mi geografía sexual de saliva y placer.<br />
Alguien me entregó un trozo de papel, mientras Juan decía no sé qué de algo, y la gente se reía, divertida. Juan se encargaba de amenizar las veladas, era el simpático del trío, el que tenía más tablas. El único chico, nada feo además, así que casi siempre conseguía enloquecer a buena parte de los asistentes a nuestras actuaciones. Me preparé para meterme con una nueva canción, ¿la novena de la noche?, ¿la décima?, y eché un vistazo al papelito que acababan de darme. Lo que suponía. Un número de móvil.<br />
Álvaro. Y un 6 seguido de varios números…<br />
Una promesa…<br />
Mientras nos aplaudían, tras una más que decente interpretación de nuestro tema estrella, me las ingenié para enviarle un mensaje a aquel Álvaro tan mono, que tanto me observaba, al que tan bien sentaban sus vaqueros anchos. Disponía de poco tiempo, así que fui directa al grano. “Me apeteces. Me gustaría comerte la polla y escucharte jadear”, escribí, y pulsé enviar.<br />
Ya estaba cantando, otra vez, acomodando mis caderas al ritmo que marcaba la nueva canción, cuando él recibió mi recado. Hizo una mueca, complacida, y creí ver que se calentaba un poco, que ya le molestaba el pantalón. Yo, por mi parte, estaba mojada, henchida de deseo, como loca por bajar del escenario, acercarme a él y degustar todo su cuerpo, morderle el cuello, amasar su culo, sentir la dureza de su anatomía.<br />
Hacía calor, y la ropa se pegaba a mi piel, me encontraba sudorosa, ardiente.<br />
Más aplausos. Silbidos y piropitos, que me permitieron leer su sms. “Te espero al acabar”.<br />
Chico escueto. Directo al objetivo.<br />
Como pude, mientras Juan aludía a la belleza de las jovencitas del lugar, y Clara ofrecía sonrisas, escribí un segundo mensaje. En esta ocasión más explícito. “Te la voy a mamar como nunca te lo han hecho. Me la voy a comer enterita. Toda. Hasta que me atragante. Tú sólo empuja y gime…”<br />
Bueno, fueron dos sms los que le mandé.<br />
Tema tras tema, la rutina de cada noche, hoy aquí y mañana allí…Normalmente me encantaba mi vida, aquel día sólo podía soñar con acabar de una vez, con perderme en cualquier zona oscura en compañía de Álvaro, con sentir en mi boca un pene que intuía arrogante, poderoso, lleno de venas, duro como nunca, dejándose hacer entre mi lengua, estallando después en una tremenda sacudida que culminaría con un baño de leche que yo quería beber. </span></p>
<p><span style="color: #000000;"> Al fin libre, pensé, y le seguí, se diluía en la oscuridad, había gente, me rodeaban chicos, pero yo no veía nada. Sólo él, nada más existía él, le perseguía como si fuera su esclava sumisa, no era capaz de apartar los ojos del camino que él marcaba, había perdido toda mi voluntad, me comportaba como un objeto a merced de sus caprichos.<br />
Llegamos a una especie de descampado, escasísimo en luz, maloliente, él se bajó la cremallera, aquel ruidito hizo que me excitara más, notaba la humedad en mi entrepierna, y esa humedad se volvió más espesa y caliente cuando él se sacó la polla. Allí estaba, ni grande ni pequeña, juguetona, erecta, dispuesta a todo lo que yo quisiera hacer con ella.<br />
Me puse de rodillas, se me clavaban guijarros en las piernas, a pesar de llevar vaqueros, y me metí aquel trozo de carne palpitante en la boca. Engullí, tragué cada centímetro de aquella picha que se me ofrecía en todo su esplendor, y le di todo mi cariño. Lamí, recorrí con la lengua impaciente cada poro de piel, enloquecí cada vez que el tamaño aumentaba y aquella polla perfecta se endurecía más y más, chupé extasiada aquel juguete que tanto había deseado, y disfruté como nunca de los jadeos salvajes que emitía Álvaro.<br />
Cuando se corrió, los escalofríos de su cuerpo se confundieron con los míos. Temblamos juntos, y él me tiró suavemente del pelo, y me llenó de semen. Vació toda su leche en mí, su leche amarga y caliente, y yo bebí, me la bebí toda, bajó con fuerza a través de mi garganta, y dejó en mi boca el sabor del sexo fuerte. Álvaro suspiró, y yo sonreí. </span></p>
<p><span style="color: #000000;"> Nunca volví a verle. Me mensajeó al día siguiente, decía sentirse en deuda conmigo, me invitaba a cenar, y quería regalarme una noche entera llena de placer sólo para mí, me felicitaba por ser una mamadora estupenda.<br />
No le contesté. Iba ya camino de Málaga. Además… estaba bien así. </span></p>
<p><span style="color: #000000;"> GUITARRA. </span></p>
<p><span style="color: #000000;">Las guitarras siempre me han parecido muy eróticas&#8230; </span></p>
<p><span style="color: #000000;"> Me gustaba su forma de tocar la guitarra. Sugerente, sensual, llena de vida. Se sentaba en el banco que estaba frente a mi terraza, todo rubio y escuálido, y las notas cálidas no tardaban en dejarse oír. Más allá, el mar se deshacía contra las rocas, y a la playa acudían los primeros bañistas.<br />
Yo, que sufría una lesión en un pie a consecuencia de un accidente, me recuperaba sin prisas, y pasaba largas horas en la galería. Sandra, mi novia, se entretenía tomando el sol, y yo agradecía infinitamente ese tiempo lejos de ella, de sus previsibles conversaciones, de su rostro malhumorado.<br />
Una tarde, tormentosa, subió a visitarme su amiga Rebeca. Desde el balcón yo veía a Sandra, su delgada silueta tumbada sobre su toalla roja, su coleta cobriza mecida por el viento. Podría escucharme si la llamara en un tono de voz algo más alto del normal, y, sin embargo, no la sentía en absoluto cercana.<br />
Rebeca, rubia, no demasiado alta y con algún que otro quilo sobrante, me parecía una mujer explosiva. Tal vez no fuera la suya una belleza de escándalo, pero era una chica dotada de mucho magnetismo, inspiraba pensamientos pecaminosos, sugería todo tipo de aventuras. Una noche había soñado con ella. Soñé que hacíamos el amor, ella cabalgaba sobre mí, y sus tetas me regalaban un baile perturbador. Soñé que la penetraba hasta el fondo, muy dentro, y pude notar la sensación de perder mi pene en las profundidades de un coño que intuía generoso, y seguí soñando sus jadeos, su rítmico movimiento de caderas, y sus labios de fresa madura.<br />
Me despertó el sonido de la guitarra de aquel joven, y comprobé que estaba bañado en sudor. Sandra, enfadada, me propinó un codazo, y comentó que me movía tanto que le impedía quedarse dormida. Desde entonces, asocio a ese nórdico que compone temas a cambio de la voluntad con el sexo bueno y vicioso. Él, en ocasiones, levanta la mirada y me ve, y los dos nos sonreímos en un gesto cómplice. Él es prisionero de sus estrecheces económicas, yo de mi rotura de tobillo.<br />
Rebeca se sentó conmigo en la terraza, y abrió una CocaCola. Contemplar cómo la lata se acercaba a su boca, como el líquido entraba en ella, cómo tragaba… todo eso tan natural… me puso a cien, y a ella no le pasó inadvertido el bulto que creció bajo mis pantalones cortos. Me guiñó un ojo, uno de sus preciosos ojos verdes, y yo pensé en arrancarle un beso, tocarle con disimulo el culo, quizá rozarle los muslos con un dedo.<br />
Ella tomó la delantera. Tomó asiento en el suelo y, en menos de diez segundos, ya se había metido mi polla en la boca. Me encantó, claro, me pierden las mujeres que saben lo que desean. Van, y lo cogen, no se andan con rodeos. Mi pene tampoco es que sea precisamente enorme, así que Rebeca se lo tragó entero sin ninguna dificultad. Durante unos minutos creí que la vida no podía irme mejor: el sol me calentaba la cara, una mujer bonita me la estaba mamando, el guitarrista amenizaba la tarde con unos acordes divinos… y mi novia caminaba erguida hacia la orilla.<br />
Mientras Sandra se iba metiendo poco a poco en el mar, el agua debía estar fría y ella se resistía a sumergir sus partes bajas, Rebeca me chupaba con placer. Su boquita era cálida, y acogedora, y me gustaba como me lo hacía su dueña. Lamía, despacio, y chupaba con ganas, ni con mucha dulzura ni con mucha agresividad, chupaba bien, y yo le susurraba guarradas que dudo que oyera, pues el joven de la guitarra había empezado con una canción bastante escandalosa.<br />
Al fin Sandra se decidió, ya mi verga estaba muy crecida y juguetona, y se deslizó en el mar, Rebeca me obsequiaba con mágicas caricias de lengua, Sandra es una pesada pero tiene un cuerpo muy bonito, y se la intuía hermosa braceando contra las olas, mi polla quería más, yo estaba sudando, y la amiga de mi novia empezó a acariciarme la cara interna de los muslos…<br />
Cuando me corrí, Rebeca se bebió toda mi leche. Le acaricié la cabeza mientras le ofrecía un kleenex para limpiarse, y ella me comentó que debía irse, que había quedado con su novio para ir a comprar unas cosas. Se despidió de mí con un beso en los labios, y pude degustar el amargo sabor de mi semen.<br />
Me quedé sólo en la terraza. Sandra continuaba nadando. La guitarra sonaba, melodiosa, y yo me deshacía en deseos de follar… El joven extranjero me miró, y con un dedo me indicó ok. Le contemplé… Estaba delgado, pero parecía fibroso… Su cara era simpática, tenía algo… Nunca, ni en la más temprana adolescencia cuando todo es experimentar, me había sentido atraído por los hombres.<br />
Y, sin embargo, aquel rubio…</span></p>
<p><span style="color: #000000;"> CONTINUARÁ. </span></p>
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		<title>Intriga y pasión</title>
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		<pubDate>Sat, 12 Dec 2009 09:19:37 +0000</pubDate>
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