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‘Fotos curiosas’

Qué aromas

Foto de mi hermana y texto mío…

Antonio Ordoñez en la plaza

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Fotografía-regalo de Julián Contreras Ordóñez.

El Maestro Ordóñez vive, en esta ocasión, los toros desde el otro lado. Le vemos relajado, comentando las faenas con las personas que le acompañan… Se le aprecia entusiasmado, no en vano él decía, y ahora dicen de él, que era torero de la mañana a la noche…
Sin duda el rondeño estaba disfrutando de lo que estuviera sucediendo en aquel momento en el ruedo. Antonio Ordóñez respetaba enormemente a todos sus compañeros de profesión, y jamás se le escuchó la más mínima crítica hacia la labor de ninguno.
Es una hermosa estampa esta… un Ordóñez maduro, reflexivo, satisfecho con la vida, buen escuchador, excelente conversador…
Y muchas gracias a Julián Contreras por su generosa cesión de estas fotografías, al menor de los nietos del diestro, no torero en las plazas y sí torero en la vida: con arte y con valor.

Qué belleza

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Regalo de mi gran amigo Humberto Parra, al que envidio, siempre sanamente, por su talento artístico…

¿Antonio Ordoñez?

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Fotografía cedida por Julián Contreras Ordóñez.

Frente al espejo, un jovencísimo Antonio Ordóñez se ocupa de su aseo personal. Se puede apreciar que ese muchacho que se afeita apenas llega a los diecisiete años. Ya se observan en él su gallardía, sus ganas de comerse el mundo, su sed de triunfo…
Es evidente que a ese espejo se asoma ya el que más tarde llevará el bello espectáculo de su toreo a las plazas…
El diestro rondeño siempre destacó, además de por sus excelentes cualidades para la torería, por su gran belleza. La sangre gitana que su abuela Coral donó a sus venas le convirtió en un hombre alto, apuesto, de envidiable tez morena y hermosos ojos negros. Muchos de los miembros del clan Ordóñez sobresalen por su extraordinaria hermosura, no hay más que recordar a la tristemente fallecida Carmen…
Conocí a Antonio Ordóñez a través del marido de mi tata. Él, Paco Parra, le había tratado en Pamplona, en San Fermín, y nos contaba a mi hermana y a mí de sus faenas, de sus andares, de su temple… Así empecé a admirar el difícil arte de ser torero. Después, durante mi estancia en Salamanca, el Maestro acudió a dar unas charlas a mi Universidad, y tuve ocasión de saludarle, y de escuchar sus interesantes palabras. Allí pude disfrutar de su exquisita educación, de sus perfectos modales, de su elevada cultura.
El año pasado viajamos mi hermana y yo por toda España y parte de Francia para investigar sobre la figura del diestro de Ronda. Nos atendieron personas muy diversas, todas encantadoras y amables. Y así fue tomando forma el puzle y así nació ANTONIO ORDÓÑEZ, NATURAL (MENTE), el libro del que tan orgullosa estoy, el libro que siempre quiso ser, y ahora es, un homenaje a mi torero admirado.
Y así supimos todavía más sobre Antonio Ordóñez, supimos de su raza, de su clase, de su empaque, de su aroma, torería y arte, valor y sentimiento…
Así supimos que el matador de Ronda fue, realmente, número 1 en muchos sentidos… y en muchas parcelas de la vida…
Conocí a Julián Contreras Ordóñez con motivo de la preparación de mi libro. Y, comprobé, pasados los años, que la educación, las buenas maneras y la elegancia de Antonio Ordóñez viven ahora en su nieto. Los que conocieron al rondeño afirman que es el menor de sus nietos el que mayor parecido físico guarda con él. Resulta obvio en esta imagen, no?.
Julián me ofreció estas fotografías y yo las incluí en el album fotográfico, con motivo de la segunda edición de la obra. Él cuenta que pertenecían a su tata Elena, ya fallecida. La tata Elena permaneció al lado de los Ordóñez hasta su muerte. Gracias a ella hoy podemos comprobar cómo era el diestro rondeño en sus años de adolescente. La imagen es muy sugerente, nos muestra a un joven seguro de sí mismo, de carácter, decidido… Al futuro torero de leyenda, el grandioso matador que después habría de ser…
Esta, realmente, es una fotografía única. Antonio Ordóñez contemplando a Antonio Ordóñez. Y Antonio Ordóñez contemplado por Antonio Ordóñez. Ideal para un carácter tan perfeccionista como el suyo…
Y, bellísima, la imagen…

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