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Diciembre de 2009

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Eternamente Ronda (por Humberto Parra)

ronda_humberto

Siempre eternamente Ronda.

Y siempre eternamente el arte.
Mucho arte se recoge en esta lámina. Todo el arte del pintor Humberto Parra, excelente pintor y gran amigo, ser con espíritu bohemio y alma torera, que posee el talento necesario para realizar tan bella composición. Y todo el arte de Antonio Ordóñez, tan bien plasmado en este lienzo, todo su empaque, todo su aroma, toda su clase…
Antonio Ordóñez en estado natural…

HERMOSO TEXTO DE MI AMIGO JAVIER GARCÍA-BAQUERO

Todo empezó cuando mi tío abuelo Ricardo Salvado, que estaba en barrera, se lanzó al ruedo y pegó tres muletazos sin enmendarse, la historiografía familiar hace tiempo que olvidó si esto sucedió en Brozas, pueblo natal de mi yeya María Jesús o en Cáceres. En lo que coinciden todas la fuentes es en que a la bisabuela Manuela Muro le dio una aferesía cuando se enteró y en que los aficionados y conocidos le aclamaban al grito de ¡eres un hacha Salvado eres un petit Belmonte! que le sabría a cuerno quemado al bueno de tío Ricardo, por que además de partidario era amigo personal de Joselito.
Las imágenes se confunden en mi memoria, si la infancia de un hombre es su patria, mi patria son estancias en Los Romeros, una yegua Mimosa, un mastín Sultán y mi idolatrado tío José María siempre yéndose o viniendo. Las mañanas, en la amplia cama de matrimonio partida por la muerte del abuelo Vicente, con la Yeya y su recitar del que sólo recuerdos estrofas sueltas.
Y, en Talavera
A Joselito
Un toro infame
Muerte le dio
Pecado de impúber, no presté la atención necesaria y nunca trascribí las lecciones de historia familiar que cada mañana se dictaban entre las cálidas sabanas de la cama de la yeya, desayunando pringadas, churros o migas. Creo tener el derecho a ser heredero y hacer mías las vivencias y recuerdos de mis muertos. La leyenda familiar habla de comidas todos los jueves en casa de tío Manolo en Madrid, calle Menéndez Pelayo, tío Ricardo fijo y como invitado habitual, José María de Cossío. La leyenda cuenta como tío Ricardo le rebatía datos, opiniones, y era indefectible la llamada del escritor los viernes a las dos menos cinco, para no entorpecer el rito gastronómico, donde reconocía la absoluta razón de mi pariente extremeño.
La afición la mama mi padrino, Conde de Sorróndegui, piloto de helicópteros, buena gente hasta el dolor, caballista y taurino, años sesenta, ordoñesista de pro capaz de seguirlo a Madrid, Bilbao, Pamplona, Vitoria. Miles de anécdotas sobre el maestro de Ronda, la tarde de la Virgen Blanca, donde, bajo un aguacero y sin zapatillas, hizo que nadie se moviera de la grada y cortó un rabo. La noche después de una corrida en Bilbao, sala de fiestas Rumaniesca, hasta el nombre del chiringo tiene sabores añejos, ya saben sitios donde se reunían niñas bien de familias mal con niños mal de familia bien, y altercado de orden público por una falta al maestro, con Ordóñez presente y sin intervenir.
Yo aparezco después en esta historia, tengo ocho años, criado entre viejos, el Kiosco de Brozas o la Concordia. El Lido, el Montero.. en Cáceres, una infancia con mi querido padrino, vida social de barra, de charlas y amistades infinitas de una convidada, de porfías y mandados. De vivir en la palabra de otros, los niños, ver, oír y callar.
Una mañana estamos en Sevilla, la Pañoleta, parada y camino necesario entre Extremadura y Huelva, dos de mis mil tierras, copas, conversación taurina, hablan los sabios, viejos banderilleros, novilleros que no llegaron, veedores de aquellos tiempos, el Potra, el Tito. Más copas y ya no es por la mañana, el espacioso patio se hace estrecho, se levanta uno y con los brazos en las sienes imita los leños de un burel que alguno de ellos banderilleó en la Maestranza, otro se indigna y bajando la mano hasta la rodilla muestra por donde iba el toro, como la muleta salía una cuarta por debajo y ¡sin que se la tocase! Más copas, ya tampoco es por la tarde, un viejo gitano rico y extremeño se arrebuja la chaqueta y simula un paseillo al grito de ¡es un toreru dentru y fuera, huele a toreru anda en toreru y es toreru dende que lo parieron, chiquinu (y me mira), dende antis que el niñu la Palma lu concibiese¡ Aquella tarde quedo demostrado empíricamente que Ordóñez es un Dios, Curro una posibilidad a media altura, Paula un capote y Cortés un sueño, nadie después de aquello se atreverá a rebatirlo, al menos en mi presencia. Los piropos, los halagos de aquel día dejaban en pañales a los gitanos de Benlliure de Zabala. Welles o Heningway eran estudiantes de bachillerato al lado de aquellos viejos filólogos y sus pleonasmos y retruécanos. Goya era un aprendiz frente a la iconografía de ese día de cátedra de tauromaquia.
Al montarnos en el coche mi pregunta era obvia. Si Antonio Ordóñez es Dios, ¿por que no está en cielo? Mi padrino es de pocas palabras y guarda silencio, el gitano se echa a reír y me revuelve el pelo, sólo cuando años después veo un atardecer en el Tajo al lado de mi amor, entiendo que ese era el cielo del maestro.
En la imaginación de un niño este tipo de viajes toman el cariz de iniciático. El posterior viaje a Ronda es ineludible, y recuerdo al maestro viejo, fuerte, grande, con aura de torero, con caminar imponente, las palmas de las manos vueltas hacia atrás y ¡lo juro! andaba como el gitano de la Pañoleta, media sonrisa, mirada penetrante, me dio la mano de forma extraña, no como al niño que era, ni como a un hombre, yo le tendí la diestra, y el la apretó con la izquierda, me gusta decir que de esta forma dan las manos los dioses.
Lo vi torear tres veces, recuerdos vagos pero impresiones fuertes que se mezclan con mis recuerdos tribales, y todo es uno. No me atrevo a decir que he visto a los diez años, que he soñado, que he leído, que me han contado y que me han dejado en herencia.. Pero ese sabor a torero, esa impresión de lo distinto, ese coger al toro alante y dejarlo largo con una leve curvatura y sin enmendar las plantas, esa es mi imagen de Antonio Ordóñez.

Dominguín

LUIS MIGUEL DOMINGUÍN. De nombre de nacimiento Luis Miguel González Lucas. Un personaje singular y un gran torero. Pertenece a la “ Dinastía Dominguín”. Es el cuarto hijo, tercero de los varones, de Domingo González Mateos y Gracia Lucas Lorente. Hermano de la que, en su momento, será esposa de Antonio Ordóñez, y hará posible el entroncamiento entre las dos familias más taurinas de este país. Luis Miguel nace el 9 de diciembre de 1962 en Madrid. En su hogar de la calle San Bernardo.
Sus dos hermanos mayores, Domingo y Pepe, ansían ser toreros desde bien pequeños, y son quienes contagian a Luis Miguel su tremenda afición por el toro.El niño Dominguín se pone por primera vez delante de un becerro a la edad de diez años. En San Martín de Valdeiglesias, un pueblo de Madrid. Se enfrenta a tan trascendental hecho cargado de responsabilidad, desde la más temprana infancia destaca por su tesón, y sus ganas de hacerlo todo bien.Con traje de luces debuta en 1939, en Linares, y pronto se marcha con su familia a América, donde los “dominguines” van a probar fortuna.
Será en tierras americanas donde Luis Miguel reciba su primera alternativa, el 23 de noviembre de 1941, como padrino Domingo Ortega. La confirmación tiene lugar en Madrid, junio de 1945, Manolete de padrino y Pepe Luis Vázquez de testigo. Lidia y da muerte al toro Secretario. Resulta una buena tarde. A partir de ese día, Dominguín comienza a convertirse en la gran figura de la tauromaquia que va a llegar a ser. Es un torero largo, dotado de mucha inteligencia natural, muy poderoso. Luis Miguel llega a decir de sí mismo que él es el número 1. Es un torero que jamás se arrugó, que en la plaza se entregaba, lo daba absolutamente todo. Dominguín conocía muy bien al toro, entendía mucho su psicología, gustaba de analizar cada uno de sus movimientos. Bueno con la muleta, elegante con el capote, al diestro madrileño alguna vez la crítica le acusó de ser un regular matador.Lo cierto y verdad es que Dominguín ha pasado a la historia como un grandísimo torero…Triunfos cosechó muchísimos. En Salamanca, en 1950, tras una tarde gloriosa es llevado a hombros hasta el mismo hotel.
El verano de 1959, verano en el que se establece la dura y ventajosa competencia con Antonio Ordóñez, tanto Dominguín como el rondeño alcanzan éxitos rotundos. Y visitan en varias ocasiones las enfermerías. Luis Miguel Dominguín, mujeriego, conquistador empedernido, amante de la “caza”, contrajo matrimonio en dos ocasiones. Con su primera esposa, la actriz italiana Lucia Bosé, tiene tres hijos: Lucía, Miguel y Paola. Con Rosario Primo de Rivera y Urquijo se casa tras haber amado y haber sido amado por mujeres de la talla de Ava Gardner o Lauren Bacall, y permanece a su lado hasta su muerte.
Dominguín, torero de enorme inteligencia y quizá algo frío, ambicioso, personaje carismático, soberbio, buen conversador, amante de la buena vida y la diversión, cuñado de Ordóñez, padre de Miguel Bosé, tio-abuelo de Cayetano, fallece en mayo de 1966, y está enterrado en Sotogrande (Cádiz).De él se ha dicho que “andaba por el ruedo como por su casa”, “ que afortunadamente no tenía arte, que si llega a tenerla…” Tanta personalidad y carisma tuvo, que lo que en principio era un mote, Dominguín, logró convertirse en un apellido.

Hemingway

Ernest Miller Hemingway nació en julio de 1899 en Illinois (Estados Unidos). Segundo de seis hermanos, su padre era un médico que se suicidaría, su madre una mujer extraña que le llenó de complejos y traumas. Ernest siempre destacó por sus extravagancias. De adolescente fue amante del boxeo, la caza y la pesca. Comenzó pronto a trabajar como periodista en el periódico “Kansas City Star”, y lo dejó después para tomar parte en la Primera Guerra Mundial. La contienda le dejó graves secuelas psíquicas.
Hemingway se casó con Hadley Richardson, su matrimonio fracasará debido a su carácter infiel. Pauline Pfeiffer se convirtió en su segunda esposa en 1927, pero esta unión también se rompió, en este caso cuando entró en escena Martha Gelhorn, con la que contrajo matrimonio en 1940. Nueva ruptura, el novelista se enamora, o encapricha, de Mary Welsh, a la que también convertirá en su mujer. No se acabaron ahí las infidelidades… Viajero infatigable, Ernest viaja a Europa…
En Francia se inicia como escritor con la publicación de libros de cuentos TRES RELATOS Y DIEZ POEMAS. Es el inicio de una carrera intensa y productiva. En 1929 el novelista llega a España por vez primera, y ahí se iniciará una interesante relación con nuestro país, productiva para las dos partes. Junto a Faulkner , se considera a Hemingway como uno de los novelistas y narradores de primer nivel de la Norteamérica del siglo XX.
CONTINUARÁ…

Niño de la Palma

Cayetano Ordóñez Aguilera nace en Ronda el 4 de enero de 1904. Es en esa ciudad malagueña donde pasa los trece primeros años de su vida. Su familia regentaba allí una zapatería, situada en la calle de La Palma. Al comenzar a funcionar mal el negocio, la familia se traslada a La Línea de la Concepción, en Cádiz, y el joven Cayetano, que desde siempre ha sentido la llamada del toro, empieza a ir de maletilla por las ganaderías de la zona. Es un joven valiente, de carácter. En una ocasión, en una novillada que se celebra en Ceuta, se lanza al ruedo como espontáneo, acto que le reporta dos consecuencias: una visita al hospital para curar alguna herida sufrida y una alusión a su proeza en los periódicos de la época.
Cayetano Ordóñez se viste de luces por vez primera en 1918, sin demasiada fortuna. Sus temporadas como novillero, en cambio, resultan asombrosas. Ya entonces sobresale su garra, su buena forma de entender el toreo.La alternativa la toma el 11 de junio de 1925 en Sevilla. Su padrino es Juan Belmonte, como el Niño de la Palma había pronosticado, y su testigo el Algabeño. La tarde es soberbia, y la prensa encumbra al joven doctor. Se comienza a hablar, con el debut del Niño de la Palma, de una nueva manera de torear.Cayetano veroniquea maravillosamente, banderillea, da pases naturales con su prodigiosa muleta… su arte y su temple cautivan al espectador, los medios de comunicación le suben a los altares. Corrochano escribe sobre él la famosa frase “Es de Ronda y se llama Cayetano.”
Este matador, sin embargo, no siempre ofrece tardes espectaculares. Tras años de faenas impresionantes- Madrid 1926; México 1926; Pamplona 1926…- Ordóñez también conoce la caída. Atraviesa malas rachas, no parece ser capaz de salir del bache, y quienes en su momento le suben no dudan ni un instante en bajarle. Incluso Hemingway le castiga cruelmente en Muerte en la tarde.Cayetano Ordóñez es un personaje peculiar. Valiente, buen conversador, amante del flamenco… un ser que encandila al escritor Ernest Hemingway. Muy pronto ambos inician una buena amistad, el norteamericano lo convierte en protagonista de una de sus novelas.
El Niño de la Palma contrae matrimonio con Consuelo Araujo de los Reyes, actriz con sangre gitana en las venas, y de ese matrimonio nacen seis hijos. Cinco de ellos varones, cinco de ellos dedicados al mundo del toro. Uno, el tercero, el mítico e irrepetible Antonio Ordóñez. Cayetano Ordóñez es una figura compleja, llena de atractivo, misteriosa, en exceso generosa. Es rondeño y orgulloso de ser rondeño, llega a comprar la casa del Pedro Romero, el gran torero del siglo XVIII. Un matador con duende, que “embrujó” a poetas, pintores, y todo tipo de artistas que tuvieron ocasión de conocerle.
Falleció en Madrid el 30 de octubre de 1961. Desde 1996, su Ronda natal le rinde homenaje con una figura de bronce que se yergue, majestuosa, junto a la de su hijo Antonio, frente a la Plaza de Toros. Cayetano Ordóñez, Niño de la Palma, eterno para siempre en el tiempo detenido de la ciudad soñada.

Cuentos raros

Estaba allí. Era azul. Era un cuadrado. Sólo recuerdo eso. Yo permanecía tumbada en la camilla, ignoro cómo había llegado hasta allí. Estaba desnuda, tapada por una manta, y temblaba. Hacía mucho frío… El cuadrado se acercaba cada vez más. Estaba allí, y era azul, y me daba miedo.

El empresario carecía de encantos. Su único atractivo era su bello rostro moreno. Yo le veía cada tarde, cuando pasaba por delante de mi despacho para convidar a Juan a tomarse un café. Aquel día de noviembre eché en falta su angustiosa presencia, una presencia que me resultaba muy desagradable. Jamás volvimos a saber de él.

Se llamaba Manuela, y falleció sola en su cama de cartón. En sus cincuenta y tres años de vida había acumulado una fortuna de arrugas y sinsabores. Dicen que el frío la mató. Vivía en la indigencia, y se dedicaba a mendigar cuando la locura le permitía regresar a un mundo de leyes y normas. Yo creo que la mató la tristeza.

Cosas que deberíamos hacer al menos una vez en la vida…

- Hacer el amor en una playa solitaria, en primavera, por la noche…
- Comer una caja de bombones enterita.
- Pasear por las calles de Ronda y empaparnos de su duende.
- Tomar el sol sin nada de ropa.
- Contemplar los atardeceres de Marrakech tomando el té en La Mamounia.
- Quemar la tarjeta comprando ropita, zapatos, complementos…
- LLorar al terminar un libro bonito.
- Besar a alguien del mismo sexo.
- Callejear por Nueva York.
- Aprender, al menos, un idioma.
- Vivir una pasión ardiente e inexplicable.
- Sexo vía webcam.
- Acariciar a un delfín.
- Beber vino en buena compañía.
- Nadar en el mar frío de invierno.
- Regalar artículos eróticos.
- Dormir bajo las estrellas.
- Conducir un coche a bastante velocidad.
- Bondage.
- Vivir una locura.
- Hacer un crucero.
- Aprender a cocinar.
- Y más, y mucho más…

La luna y los sueños

La Luna estaba muy triste. Su carita de plata reflejaba tristeza, y sus ojos azules habían perdido su brillo. El Río la miró, preocupado. Y el Grillo la observó, triste. Y el Pino la contempló, atento.

La noche era tranquila y serena, no hacía frío, y apenas se escuchaban ruidos.

- Qué te pasa, Luna?.- preguntó la Roca, tan sensata como siempre, con su voz dulce y suave.

- Nada.- dijo la Luna, y sus mejillas preciosas se pusieron coloradas.

Qué vergüenza que le preguntaran eso… la Luna era muy tímida. No le gustaba nada llamar la atención.

- Sí que te pasa algo, guapa…- comentó una Hoja de Roble, escandalosa y feliz.- No es normal verte así, tan apagada, tan tristona…

- Bueno, es verdad. Estoy un poquito disgustada.

Un reloj lejano lanzó al aire cinco campanadas. La madrugada empezaba a acercarse al amanecer, detrás de las colinas ya se adivinaba un pequeño rastro de claridad.

Volvía, otra vez, la luz.

- Por qué, muchacha?.- quiso saber la Nube.- Qué motivos tienes, tan bonita cómo eres, para estar así?.

- Los niños no juegan conmigo.- repuso la Luna, en voz baja.

Ya sabéis que era muy vergonzosa…

Por un minuto nadie dijo nada. Se hizo un silencio absoluto. Una lágrima rodó por la fría cara de la Luna, que ya se arrepentía de haber contado su secreto.

Después… habló la Piedra, con alegría.

- Pero… Luna, estás triste por eso?, eso no es así. Estás confundida.

- No lo estoy.- protestó la Luna, haciendo un puchero.- Es la verdad. A todos los niños les gusta el Sol, siempre lo pintan en sus dibujos infantiles, muy grande, muy bonito, todo amarillo y naranja, con muchos rayos.

Nadie dijo nada. La Luna tenía razón.

- Cualquier niño y cualquier niña- continuó ella, a punto de llorar- está contento con el Sol. Puede jugar al aire libre, comer helados, no necesita abrigo ni guantes…

- Tampoco les molestan tantos los guantes a los niños.- dijo el Viento, que se acababa de levantar.- A veces juegan fuera muy abrigados y lo pasan muy bien.

- Claro que sí.- admitió la Luna, llorosa.- Porque se divierten con los soplidos tuyos, Viento, que eres muy divertido. Y con las Hojas que vuelan. Y con la Nieve, y con los Charcos. Sin embargo, ninguno juega conmigo. A los niños no les gusto.

- Venga, Luna…- añadió el Grillo, sin saber qué más decir.

El Cielo empezaba a clarear. Llegaba el Día…

- No seas tonta.- dijo el Río.- Ven, acércate a mí.

La Luna se acercó, nerviosa, y su bella imagen plateada se reflejó en las aguas cristalinas del Río. Todo era muy bonito…

- Tú, Luna, – continuó hablando el Río- eres la más afortunada de todos. Tú tienes la suerte, junto a las Estrellas, de estar en los sueños de los niños. Cuando se van a dormir, para no tener miedo, quieren que estés tú, y que les sonrías desde el Cielo. Te consideran especial. Tú les proteges en la oscuridad de la Noche, por eso te buscan, Luna.

De repente todos aplaudieron. El Río tenía razón. Y la Luna sonrió, contenta, y se prometió a sí misma hacer felices a todos los niños de la Tierra.

Y es, por eso, que la Luna siempre vigila los sueños de los niños…

A, B, C, D

A PALO SECO. Expresión que se refiere al cante que se hace sólo con la voz, sin acompañamiento.
BULERÍAS. Tres o cuatro versos octosílabos que suelen figurar como estribillo en otros palos.
CAPIROTE. Golpe de rasgueo que se da con el dedo índice en la tapa de la guitarra y en las cuerdas graves.
DUENDE. “Ángel”, forma de expresar el flamenco.

Mónica

monica

Mónica Iglesias es una joven de diecinueve años de edad. Joven, guapa, culta y preparada. Es mi amiga y, además, es una estupenda bailarina. Una futura promesa del baile, todavía está completando su formación, para después poder triunfar en esta difícil, y bella, arte.
Mónica y yo quedamos con frecuencia. Solemos reunirnos para desayunar, comer, cenar, tomar una copa o ver tiendas, siempre disfrutamos de buenos momentos, siempre conversamos con franqueza, siempre compartimos secretos e ilusiones…
Sin embargo, aunque nuestra relación es muy fluída, esta entrevista se la realizo a Mónica por teléfono, y luego la completamos a través del messenger, yo me encuentro en el campo en plan rural, y ella está en Madrid.
- Defíneme el flamenco.
- El flamenco para mí es una forma de vida. Es expresión, sentimiento, algo que llevas dentro, el flamenco lo sientes durante todo el día, es una manera de vivir. Es una sensación, a veces muy redonda, a menudo es una grata sensación, como esa que sientes cuando estás a gusto en la cama. Es un escalofrío, un gusanillo, algo que te recorre el cuerpo. Puede ser como el buen jamón de Jabugo, alegre y salado. Para mí, es la mejor manera de disfrutar. Son sabores… Es chulería, también, es feminidad ( en mi caso ) que explota… es sangre hirviéndote en las venas, y explotando con remate en una soleá. Es, también, algo que te vuelve la mente más selecta, más exquisita… No sé, podría estar días y noches definiendo el flamenco…
- Háblame de tus inicios en el baile.
- Bueno… empecé bailando ballet clásico. A los tres años. En una academia de barrio. Que, muchas veces lo pienso, me vino muy bien… Después, como mi padre tiene mucho ritmo, es muy musical, me empezó a aficionar a otra clase de música, como blus, flamenco, música muy racial… y me gustó. También escuchaba mucho a Lole y Manuel… Y así fue como decidí empezar con la danza española, las castañuelas… Mi profesora, que es una buenísima bailarina…
- Sí… eso te quería preguntar, explícame la diferencia entre bailarín y bailaor. – El bailaor sólo se dedica al flamenco. El bailarín está formado en otras disciplinas, como lo son la esencia bolera, el folclore español, la estilización del flamenco… – Ah, entiendo. – Bien, entonces, mi profesora, que para mí ha sido siempre una flamenca… se llama Elena Cabezas, ha bailado con Gades, con Luis Ortega, con José Huertas… con mucha gente… pues me animó, me animó a que intentara entrar en el Conservatorio. Y así fue como entré… a veces pienso que debiera haber estado aquí desde pequeña, pero jamás me arrepiento de mis inicios, pienso que aprendí mucho. Y le estoy muy agradecida a mi profesora por haber empujado… CONTINUARÁ…

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